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miércoles, 24 de octubre de 2012

Los Pilares de la Pansofía (PHILEAS DE MONTEXESTO) 6


Las cosas que no te atañen
Epicteto


El progreso espiritual nos exige hacer hincapié en lo esencial y hacer caso omiso de todo lo demás, ya que sólo se trata de trivialidades que no merecen nuestra atención. Además, en verdad es bueno que nos consideren estúpidos e ingenuos en relación con los asuntos que no nos atañen. No te preocupes por la impresión que causes en los demás. Están deslumbrados y engañados por las apariencias. Sé fiel a tu objetivo. Sólo así reforzarás tu voluntad y darás coherencia a tu vida.

Abstente de intentar granjearte la aprobación y la admiración de los demás. Tu camino va más arriba. No anheles que te consideren sofisticado, único o sabio. De hecho, debes recelar cuando los demás te vean como alguien especial. Ponte en guardia contra la presunción y la vanidad.


Mantener la voluntad en armonía con la verdad y preocuparse de lo que escapa al propio control son acciones que se excluyen mutuamente. Cuando estés absorto en una, descuidarás la otra. (8) 


Cuento: ¿Hasta cuándo dormido?


Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros. Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.

Pero, ¿a qué se debe este fenómeno? –se preguntaban los visitantes. En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos.

El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho. Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de consciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo. Con voz pausada, explicó:

-Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar. (9)

En el Sendero Iniciático el discípulo tendrá que enfrentarse a cuatro dragones: el basilisco (Tierra), la serpiente escamosa (Agua), el dragón alado (Aire) y la bestia de fuego (Fuego). Simbólicamente debe matarlos y –como Sigfrido– bañarse con su sangre para adquirir el dominio de cada elemento, convirtiéndose finalmente en Maestro de los Cuatro Elementos.

En la tradición oriental del Mahabharata, la guerra interior se representa con el campo de batalla de Kurukshetra, donde Krishna instruye a su discípulo Arjuna.



La Sala de Oriente y Occidente
(Tercera estancia)


“En el mundo abundan las distintas religiones, cada una dirigida a diferentes personas y épocas. La palabra “religión” deriva de un término latín cuyo significado raíz es “re-unir”. De este modo, las diferentes religiones re-unen, de diversas formas, a sus seguidores con la fuente última de vida, como quiera que la llamemos: lo Absoluto, Dios, la Realidad divina, o nombres similares”. (John Algeo)

“Reunir lo disperso”

Al ingresar en la siguiente estancia del santuario pansófico encontrarás una nueva placa de piedra donde se halla inscrito el antiguo axioma “Ad dissipata coligenda”, esto es: “reunir lo disperso”. Un águila bicéfala preside la escena, mientras que el dios romano Jano muestra sus dos rostros, dos aspectos de una misma realidad.

En las culturas primordiales, reunidas en torno a un centro sagrado, toda disciplina, todo oficio, toda actividad humana, se manifestaba como una imitación de las conductas divinas. Dicho de otro modo, en las sociedades míticas de tiempos pretéritos, todos los hombres desempeñaban roles sociales complementarios de acuerdo a sus aptitudes, sintiéndose parte de un todo integral armónico, el cual brindaba un sentido trascendente a sus vidas. El ser humano, al alejarse progresivamente de ese “centro primordial” fue olvidando su origen sagrado y se fue enterrando cada vez más en el materialismo, dispersándose y estableciendo barreras que lo fueron alejando de ese núcleo espiritual.

Mientras la humanidad protagonizaba este alejamiento –que en lenguaje judeocristiano suele denominarse “la caída”– un conjunto de hombres sabios trató de mantener viva la llama de la sabiduría tradicional, un conocimiento ancestral y profundo, una Filosofía Perenne y atemporal: una Pansofía.

Según la tradición esotérica, existe una Doctrina-Madre, una ciencia sagrada primordial, conocida también como Brahma Vidya, Gnosis, Filosofía Perenne o Teosofía, que remonta sus orígenes a estos tiempos inmemoriales en los que el hombre y la mujer estaban en comunión con los dioses. Esta ciencia tradicional iniciática, que se ha presentado de diferentes maneras a los seres humanos dependiendo del momento histórico y cultural, posee las claves necesarias para que el hombre despierte de su letargo, tome conciencia de su exilio y decida, de una vez por todas, regresar al punto de origen y “re-integrarse”.

La Doctrina-Madre reconcilia todas las diferencias aparentes entre las diversas religiones y filosofías, encontrando “Unidad en la Diversidad”. Siendo así, y entendiendo que existe una ciencia arcana y primordial, podemos comprender también que los grandes Maestros de la humanidad, desde Buddha a Cristo, pasando por Krishna, Mahoma, Quetzalcóatl, Zoroastro, Orfeo, Sánkara, Gurú Nanak, Baha’u’lláh o Lao-tsé, han sido los mensajeros de las enseñanzas tradicionales de la Sabiduría Antigua, adecuándolas a las diferentes culturas y períodos históricos.

Al enfrentarse a una doctrina espiritual tradicional, el estudiante debe considerar que la misma siempre posee dos aspectos que son inseparables y que aparecen como opuestos y a la vez complementarios. Estos dos aspectos reciben el nombre de “exotérico” y “esotérico”.

Lo esotérico es interno, invisible y esencial, mientras que lo exotérico es externo, visible y superficial, por eso se dice que el verdadero filósofo sabe ver “más allá de lo evidente”, traspasando la barrera ilusoria de la corteza. Si logramos educar y perfeccionar esta “visión profunda” de los símbolos, las ceremonias y las enseñanzas, estaremos bebiendo directamente de la fuente y comprenderemos la esencia y el cometido profundo de las mismas.

Lo esotérico le da validez y sentido a lo exterior y visible. Una ceremonia religiosa donde el oficiante y los feligreses desconocen el valor interno de la misma podrá ser estéticamente muy vistosa e incluso emocionante, pero en el fondo no dejará de ser una parodia intrascendente, un espectáculo hueco para hombres dormidos.

“Si quieres el hueso, debes romper la corteza” (Eckhart)

Mientras que lo exotérico puede cambiar dependiendo del lugar y del momento, lo esotérico permanece inmutable. Mientras que la enseñanza primordial de la Filosofía Perenne es muy antigua y se mantiene sin cambios, la presentación de la misma se adapta de variadas formas a las diversas culturas y períodos de tiempo. Por esta razón, aunque los símbolos tengan muchísimas formas de presentación, el contenido tiene el mismo sustento y siempre nos lleva a la unidad.

Federico González alega que “mientras lo exotérico nos muestra lo múltiple y cambiante, lo esotérico nos lleva hacia lo único e inmutable” (10), mientras que Fritjof Schuon señala que “el esoterismo no ve las cosas tal y como aparecen según una cierta perspectiva, sino tal y como son: él da cuenta de lo que es esencial y por tanto invariable bajo el velo de las diversas formulaciones religiosas, a la vez que toma necesariamente su punto de partida en una determinada formulación”. (11)

Entonces, debemos considerar al esoterismo como la “piedra de toque” que reconcilia a los opuestos supuestamente incompatibles, al igual que la vara que regaló Apolo al dios Mercurio (el caduceo), que tenía el maravilloso poder de poner fin a todas las disputas.

En nuestros días podemos acceder con cierta facilidad a miles de documentos “esotéricos” y “seudo-esotéricos”, sin embargo –aun en la sobredosis informativa moderna– la Sabiduría Arcaica permanece oculta a aquellos que no saben ver más allá de lo evidente y que no son dignos de hollar el Sendero, ya que un estilo de vida incompatible con el Sendero Iniciático les imposibilita cualquier avance.

En el pasado, y desde una perspectiva eurocentrista, el mundo se solía dividir en dos mitades: Oriente y Occidente. Mientras que los romanos saludaban al sol con la clásica expresión “Ex Oriente Lux”, iniciando la tradición por la cual “la luz viene de Oriente”, los cristianos primitivos interpretaron esta misma idea focalizándose en el origen oriental de Cristo, orientándose hacia Jerusalén para rezar. (12)

Este es el origen conceptual de dos vertientes del esoterismo: uno occidental y otro oriental, representados por el Cristo (el “ungido”), que representa el arquetipo espiritual de Occidente y por el Buddha (el “iluminado”), que simboliza el arquetipo espiritual oriental. Ambos maestros son la aspiración máxima, el modelo a seguir y –desde una perspectiva interna– representan lo mismo.

La unión de los Misterios Menores (Arte Real) con los Misterios Mayores (Arte Sacerdotal) se representa tradicionalmente con la figura de un Rey-Sacerdote, siendo Melquisedec uno de los referentes históricos más antiguos. En Camelot, esta función es compartida por Arturo como Rey y Merlín como Sacerdote.

El Cristo como el arquetipo espiritual de Occidente. (Fuente: “The Peace is Coming”, Jon Mc Naughton)

El Buddha como el arquetipo espiritual de Oriente. (página opuesta) -

El mismo concepto es transmitido a través del simbolismo, donde se establece una correspondencia de la rosa y el loto con el sendero crístico y búddhico respectivamente:

El loto oriental es una planta que hunde sus raíces en el fango, en la oscuridad del estanque, pero que se abre paso y se desarrolla hacia la luz, ascendiendo a la superficie del agua y abriendo sus hermosos pétalos al sol.

Este proceso representa el sendero espiritual, es decir la pureza que surge de entre la inmundicia, desde la materia más grosera a la luz más excelsa.



Del mismo modo, el hombre con una existencia material y corruptible, puede imitar al loto y elevarse hacia la trascendencia. En las antiguas escrituras de la India se expresaba esta idea con la petición: “De la oscuridad, conducidme a la luz. De la muerte, llevadme a la inmortalidad”. (13)

La rosa occidental también se presenta como una alegoría del camino espiritual, con un tallo largo cubierto de espinas (símbolo de las dificultades del sendero) hasta lograr una magnífica flor roja que abre sus pétalos a la luz. Tanto las espinas como el color rojo aluden al sacrificio y la sangre, relacionados con el Cristo.

Los aspirantes y discípulos que siguen las sendas de Cristo o de Buddha son conscientes de que la única forma de alcanzar la trascendencia es “sintonizándose” con el arquetipo divino, haciéndose uno con él, esto es: haciendo nacer al Maestro en su propio corazón. Esta sintonía se logra a través del trabajo interior, construyendo un puente simbólico con dos vías complementarias de conexión: la Meditación y la Oración.

Mientras que, a través de la Meditación nosotros callamos y Dios nos habla, en la Oración, por el contrario, Dios calla y nosotros hablamos.

Ciertamente, utilizando estas vías podemos entrar en comunicación directa con nuestro Maestro, y las dos son efectivas si se realizan de forma consciente y en silencio. En este sentido vale la pena aclarar que “orar” no significa “pedir” y que “meditar” no significa “evadirnos de la realidad”.
 
Estas dos vías (la oración y la meditación) son medulares en todas las tradiciones espirituales y se complementan con una tercera: el estudio de los textos sagrados. En este sentido, tenemos que:
Dios nos habla mediante la MEDITACIÓN
Dios nos escucha mediante la ORACIÓN
Dios nos escribe mediante sus TEXTOS SAGRADOS
 
“Si Jesús naciera mil veces en Belén, pero no nace en tu corazón, de nada te serviría” (Angelus Silesius)
 

Resumen de la Sala de Oriente y Occidente

 
* Existe una Doctrina-Madre que reconcilia todas las diferencias aparentes entre las diversas religiones y filosofías, transmitida de generación en generación por maestros e instructores.
* Toda doctrina espiritual tradicional posee dos aspectos que son inseparables y que aparecen como opuestos y a la vez complementarios: lo “exotérico” y lo “esotérico”.
* Lo esotérico es interno, invisible y esencial, mientras que lo exotérico es externo, visible y superficial. Lo esotérico le da validez y sentido a lo exterior y visible.
* La comunicación con nuestro Maestro Interior se logra a través de dos vías complementarias: la meditación y la oración.

lunes, 8 de octubre de 2012

Los Pilares de la Pansofía (PHILEAS DE MONTEXESTO) 5


Empieza a vivir tus ideales
 
Epicteto

 
 
Ha llegado el momento de que te tomes en serio vivir tus ideales. Una vez que hayas determinado los principios espirituales que quieres seguir, acata esas reglas como si fueran leyes, como si en efecto fuera pecaminoso incumplirlas.

No debe importarte que los demás no compartan tus convicciones. ¿Cuánto más tiempo vas a ser capaz de postergar lo que realmente quieres ser? Tu yo más noble no puede seguir esperando.
 

Pon en práctica tus principios, ahora. Basta de excusas y dilaciones. ¡Esta es tu vida! Ya no eres un niño. Cuanto antes emprendas tu programa espiritual, más feliz serás. Cuanto más esperes, más vulnerable serás ante la mediocridad y te sentirás lleno de vergüenza y arrepentimiento, porque sabes que eres capaz de más.

A partir de ahora, promete que dejarás de defraudarte a ti mismo. Sepárate de la multitud. Decide ser extraordinario y haz lo que tengas que hacer. Ahora. (4)





Cuento: Los pocitos y el pozo

 
Hay muchas clases de promiscuidad y una de ellas es la espiritual. Era un discípulo que siempre estaba experimentando con unas y otras vías de liberación, con unas y otras técnicas de evolución espiritual. Así llevaba años: tanteando y tanteando. El maestro ya le había dicho:


- Necesitarías cien vidas para probar todas las vías, métodos y técnicas. Selecciona un poco más y profundiza.


Pero cedía a su tendencia promiscua de cambiar de sistema espiritual, de doctrina y de método. Quizá nadie conocía tantos métodos como él, pero su mente apenas se había modificado. Un día, él mismo se dio cuenta de que no había evolucionado prácticamente nada. Se lamentó ante el maestro:
 

- Estoy apenado. ¡Qué poco he avanzado!

Entonces el maestro sintió que por primera vez podría remover sus fosilizados parámetros mentales y le dijo:


- Amigo mío, has sido un necio. Ahora te lo puedo decir, porque parece ser que empiezas a entender por qué no comprendías. ¿Sabes cómo has procedido? Como la persona que quiere encontrar agua y comienza a hacer pocitos y más pocitos, pero de tan escasa profundidad que no puede encontrar agua. En cambio, si ese esfuerzo lo hubiera invertido en hacer un solo pozo, habría hallado mucha agua. A ver ahora si rectificas y haces un pozo que merezca la pena. (5)




La Sala del Sueño
 
(Segunda estancia)


“Nuestro grado ordinario de conciencia es algo comparable a un estado de sueño, y toda nuestra vida, toda nuestra carrera, profesión, todas nuestras acciones, pensamientos, etc., son como sueños. Vivimos en una especie de sueño del cual no es posible despertar. Y, es preciso que advirtamos nuevamente este punto, el despertar de este sueño está conectado a otro sentido del tiempo”. 


(Maurice Nicoll)

“La vida es sueño”
 

Tras abandonar la sala preliminar, encontrarás un largo pasillo que te conducirá hasta una puerta de madera rústica. Al abrirla, aparecerá ante tus ojos la Sala del Sueño, iluminada tenuemente por nueve candiles distribuidos en tres candelabros de tres brazos. En el centro del cuarto se destaca un camastro que invita al descanso y junto a él, un gran espejo que muestra nuestra imagen deformada. En una de las paredes, una losa simbólica enmarca la máxima latina: “Vitae Somno Est” (“La vida es sueño”).

¡La vida es sueño! Bajo la sugestiva placa donde está dibujado un gallo y una escalera de cinco peldaños, encontrarás un viejo pergamino donde se han reproducido los versos inmortales de Calderón de la Barca:



Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

La Filosofía Perenne recalca una y otra vez que los hombres están dormidos o –mejor dicho– que su conciencia está profundamente dormida y por eso no puede descubrir la realidad. El primer punto a tener en cuenta sobre esta “realidad” es conocer la forma que tenemos los seres humanos para conocerla e interpretarla.


El proceso de recepción de impresiones externas se llama “sensación”, y consiste en detectar estímulos del medio ambiente para codificarlos en señales de tipo nervioso que llegan al cerebro, el cual actúa como puente entre el cuerpo físico y los vehículos sutiles.


La sensación procede de los órganos de nuestros cinco sentidos, los cuales detectan diferentes tipos de estímulos. La selección, organización e interpretación de esas sensaciones en base a la experiencia y los recuerdos previos se llama “percepción”.


Sin embargo, los sentidos no son una fuente totalmente fiable de conocimiento, ya que éstos son limitados y no captan una enorme gama de colores, sabores y sonidos que sí pueden captar otros seres vivos. La serpiente cascabel –por ejemplo– puede “ver el calor” del infrarrojo en la oscuridad y también es conocida la capacidad de los perros para escuchar sonidos inaudibles para nuestros oídos.


¿Qué quiere decir esto? Que la percepción no es la realidad sino una conclusión a la que llegamos atendiendo a nuestros órganos sensoriales. De este modo, una mente “ingenua” puede llegar a creer que las sensaciones que recibe a través de sus órganos son la única realidad, lo cual es una ilusión y una falacia que los materialistas se empeñan en perpetuar. A esto se refiere la Sabiduría Arcaica cuando habla del “mundo de la ilusión”.


En palabras de Plutarco: “Nuestros sentidos, que ignoran la Realidad, nos dicen falsamente que lo que parece ser, es”. (6)


Como advertimos, la principal función de la mente es interpretar las sensaciones provenientes del medio circundante y convertirlas en percepciones, las cuales son combinadas y almacenadas en nuestra memoria. De este modo, la memoria nos ayuda a identificar objetos y circunstancias, las cuales teñidas por el deseo se convierten en “deseables” (atracción), “indeseables” (repulsión) o “neutras”.


La confusión entre la realidad y la ilusión fue relatada por Platón hace miles de años en su importante obra “La República” donde nos presenta la alegoría de la caverna:


“Imagínate a unas personas que habitan una caverna subterránea. Están sentadas de espaldas a la entrada, atadas de pies y manos, de modo que sólo pueden mirar hacia la pared de la caverna. Detrás de ellas, hay un muro alto, y por detrás del muro caminan unos seres que se asemejan a las personas.


Levantan diversas figuras por encima del borde del muro. Detrás de estas figuras, arde una hoguera, por lo que se dibujan sombras flameantes contra la pared de la caverna. Lo único que pueden ver esos moradores de la caverna es, por tanto, ese «teatro de sombras».

Han estado sentados en la misma postura desde que nacieron, y creen por ello, que las sombras son lo único que existe.


Imagínate ahora que uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse de dónde vienen todas esas sombras de la pared de la caverna y, al final, consigue soltarse. ¿Qué crees que sucede cuando se vuelve hacia las figuras que son sostenidas por detrás del muro?


Evidentemente, lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz le cegará. También le cegarán las figuras nítidas, ya que, hasta ese momento, sólo había visto las sombras de las mismas. Si consiguiera atravesar el muro y el fuego, y salir a la naturaleza, fuera de la caverna, la luz le cegaría aún más. Pero después de haberse restregado los ojos, se habría dado cuenta de la belleza de todo. Por primera vez, vería colores y siluetas nítidas. Vería verdaderos animales y flores, de los que las figuras de la caverna sólo eran malas copias. Pero, también entonces se preguntaría a sí mismo de dónde vienen todos los animales y las flores.


Entonces vería el sol en el cielo, y comprendería que es el sol el que da vida a todas las flores y animales de la naturaleza, de la misma manera que podía ver las sombras en la caverna gracias a la hoguera.


Ahora, el feliz morador de la caverna podría haberse ido corriendo a la naturaleza, celebrando su libertad recién conquistada. Pero se acuerda de los que quedan abajo en la caverna. Por eso vuelve a bajar. De nuevo abajo, intenta convencer a los demás moradores de la caverna de que las imágenes de la pared son sólo copias centelleantes de las cosas reales. Pero nadie le cree. Señalan a la pared de la caverna diciendo que lo que allí ven es todo lo que hay. ” (7)


Esta historia (que tiene su equivalente cinematográfico en “Matrix”) es afín a la afirmación de los Maestros de Sabiduría que aseguran que la mayoría de los seres humanos –aun creyendo que están despiertos– viven su vida en un estado de conciencia que se asemeja mucho al sueño. Pero, ¿qué es lo que está dormido? La conciencia. Y para despertar de ese letargo cavernícola es necesario –en primer lugar– ser conscientes de nuestra somnolencia. No obstante, el “despertar” de la conciencia suele tener varias etapas, que tienen su correspondencia en los diferentes grados o etapas del Sendero Iniciático.


En el peldaño más bajo podemos ubicar al vulgo profano, es decir aquellas personas que están dormidas y que no les interesa que las despierten de su sueño, descartando de plano cualquier pensamiento elevado que implique cierta trascendencia. Los individuos que integran el vulgo profano normalmente no son malas personas sino que viven en la ignorancia y la inconsciencia del sueño. Incluso pueden alcanzar cierto grado de felicidad al observar las sombras en las paredes de la caverna, pero esta felicidad es ilusoria, fruto de la ignorancia. Estas personas suelen mantenerse al margen de cualquier conocimiento espiritual porque su interés se centra en comer, entretenerse, reproducirse, trabajar y descansar. Y en nuestra sociedad moderna, consumir, consumir, consumir.


Cuando un ser humano no se contenta con la superficialidad reinante en el mundo y comienza a “buscar” respuestas a sus preguntas existenciales, se convierte en un “buscador”. Aunque la mayoría de las veces no sabe exactamente qué es lo que busca, el buscador siente un llamado interno que lo impulsa a la acción y a emanciparse del vulgo profano. Estos individuos, aunque siguen siendo profanos, alcanzan a sentir una inquietud que, bien canalizada, los puede llevar directamente a una vida superior.


Cuando los buscadores encuentran “algo” que los satisface y que responde a algunas de sus interrogantes, dejan de buscar y se adhieren a un ideal que llena (al menos momentáneamente) su vacío. Muchas veces, estas personas pasan a formar parte de una organización, fraternidad o sociedad, convirtiéndose en “idealistas”. Estos ideales no necesariamente son de naturaleza espiritual pero de todos modos implican un avance con respecto a la indiferencia de la mayoría. Algunos idealistas llegan a percibir que –si bien la actividad que desarrollan es altamente beneficiosa para ellos y para otras personas– tiene que existir “algo más” que aun no han encontrado y –tarde o temprano– vuelven a sentir una necesidad de seguir buscando para llenar esa necesidad interna. Como norma general, la mayor parte de actividades de los idealistas están volcadas “hacia afuera”, pero cuando éstos descubren que el sendero a la verdadera felicidad es “hacia adentro” pasan a convertirse en verdaderos aspirantes o neófitos a través de una escuela, orden o simplemente en comunión con su Yo interno.


Los aspirantes son aquellas personas que se hallan al inicio del camino, en el pronaos del Templo, y que reciben las primeras impresiones sobre la senda espiritual. Aunque son conscientes de que el camino les traerá muchas satisfacciones, también saben que deberán renunciar a muchas cosas efímeras que le brindan una ilusoria satisfacción en su cotidianidad mundana.


Cuando los aspirantes se deciden finalmente a dar el primer paso y avanzar con seguridad en el Sendero deben pasar un período de prueba llamado generalmente “probacionismo”. Los probacionistas se hallan a medio camino entre el aspirantazgo y el discipulado. Están comprometidos con el Sendero y han iniciado tareas de purificación personal mediante una “ascesis” que ya los diferencia de los profanos.


La “ascesis” (en Oriente “sadhana”) es un método progresivo de perfeccionamiento interno que consta de diversos ejercicios introspectivos, así como pruebas y desafíos personales que se deben superar antes de alcanzar la iluminación.


Aunque los probacionistas aún no son estrictamente “discípulos aceptados” o “iniciados”, de todos modos deberán pasar ciertas pruebas “iniciáticas” (físicas, vitales, emocionales, mentales y espirituales) relacionadas simbólicamente con los cinco elementos a fin de prepararse para el camino discipular que se transitará más adelante.


Tras pasar las cinco simbólicas iniciaciones (Tierra-Agua-Aire-Fuego-Éter), que son cinco escalones de purificación interna y que aparecen de una u otra forma en todas las escuelas esotéricas, los probacionistas trascienden finalmente su condición y se convierten en “discípulos aceptados”, encontrándose en condiciones óptimas para alcanzar las cinco iniciaciones mayores. Es importante diferenciar las iniciaciones menores (simbólicas y que están presentes en diversas órdenes y fraternidades tradicionales) de las Iniciaciones Mayores (internas, del Alma). Las primeras corresponden al “arte real” (Misterios Menores) y las segundas al “arte sacerdotal” (Misterios Mayores), como estudiaremos en otros volúmenes de esta colección.


El camino iniciático culmina en el Adeptado, cuando el peregrino espiritual ha logrado despertar, alcanzando la Maestría, simbolizada en el Tarot con el arcano del Ermitaño, el anciano sabio que guía con su farol a los intrépidos caminantes que se aventuran a ascender las montañas.


Las religiones y los cultos exotéricos generalmente capacitan a sus miembros para el aspirantazgo y en contadas ocasiones para el probacionismo. Las escuelas filosóficas y sociedades espiritualistas, por su parte, intentan guiar al aspirante hacia el probacionismo, mientras que las Escuelas de Misterios Menores proponen un sistema de trabajo iniciático basado en la purificación interna a fin de guiar a los probacionistas hasta la puerta del discipulado. Por último, las Escuelas de Misterios Mayores se encargan de brindar a los discípulos las herramientas necesarias para alcanzar el Adeptado.

 Resumen de la Sala del Sueño
 
* La sensación consiste en detectar estímulos del medio ambiente para codificarlos en señales que llegan al cerebro. La selección, organización e interpretación de esas sensaciones se llama percepción.
* Los sentidos tienen límites y no son una fuente fiable de conocimiento.
* El camino iniciático tiene varias etapas relacionadas con diferentes estados de conciencia que van desde el vulgo profano al Adeptado.
* La ascesis es un método progresivo de perfeccionamiento interno que consta de diversos ejercicios, pruebas y desafíos personales.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Los Pilares de la Pansofía (PHILEAS DE MONTESEXTO) 4




La Sala Preliminar


(Primera estancia)

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto” (Juan 12:24)
 


“La suerte está echada”




Al subir el último peldaño de la escalera del vestíbulo deberás tener en cuenta que estás a punto de dar el primer paso, tal vez el más importante, el primero de muchos en esta senda fascinante de la Sabiduría Primordial, repleta de desafíos y aventuras. Al abrir la pesada puerta de goznes chirriantes, entrarás en una estancia oscura y húmeda, iluminada débilmente por un único candil, donde podrás observar una impactante losa grisácea con la inscripción grabada: “Alea Iacta Est” (“La suerte está echada”), una invitación a que reflexiones sobre el importante paso que te has atrevido a dar. En la placa también aparece dibujado un cuervo negro y una calavera, que ciertamente no desentonan con el ambiente lúgubre de este lugar. En él, todo nos recuerda que una parte de nosotros tiene que sacrificarse y morir para que en nuestro interior nazca algo mejor. Para que la planta nazca y crezca, debe morir la semilla.

Si has dado el primer paso motivado por simple curiosidad o morbo por conocimientos exóticos, tal vez sea mejor que vuelvas atrás, porque el camino iniciático no es para los tibios ni para aquellos que buscan incorporar elementos fantasiosos a una vida aburrida y sin desafíos. Esta senda de perfeccionamiento tampoco es un pasatiempo ni una moda, pues implica un cambio radical de tu vida, la aniquilación del viejo “yo” para que nazca un nuevo ser. Resumiendo: para avanzar debes estar seriamente dispuesto a cambiar tu existencia, tener pureza de intenciones y comprometerte seriamente contigo mismo.


El primer paso para comenzar a transitar el sendero de la Pansofía consiste en tomar conciencia de nuestra situación actual, de nuestro alejamiento de la esencia divina y de nuestra necesidad de encontrar un conocimiento filosófico vivencial que brinde respuestas a nuestras preguntas, suministrándonos herramientas poderosas para trabajar interiormente. Esto significa que –en esta primera instancia– debemos darnos cuenta que la sociedad desacralizada suele arrastrarnos a una situación insostenible, haciéndonos olvidar nuestra verdadera naturaleza, por lo cual se hace imperiosamente necesario encontrar un método de entrenamiento interior confiable que nos libere de esta ilusión y que revolucione nuestra conciencia.


Los hombres que llegan hasta este punto crucial del sendero y desean cambiar, generalmente adoptan una de estas tres posturas:


a) El valiente: Es aquel individuo que decide –sin vacilar– dar un cambio radical de su existencia, analizando y modificando sus comportamientos viciosos para poder transitar hacia la autorrealización.
 

Esta opción implica mucho sacrificio, dedicación y trabajo, pero con un método gradual y ordenado, inspirado en las enseñanzas primordiales, el éxito está asegurado.

b) El cobarde: Es aquel individuo que –aun sabiendo que debe cambiar– no mueve un dedo para salir de su triste situación. Los cobardes y timoratos que anhelan “cambiar sin cambiar”, quieren obtener resultados diferentes haciendo lo mismo de siempre, y van pasando de organización en organización, de iglesia en iglesia, de secta en secta, sin practicar ni interiorizar ninguna de las enseñanzas que se les brinda.


Muchas veces, estas personas –convencidas de la validez del Sendero Iniciático pero sin fuerza de voluntad para caminarlo– bajan los brazos y se resignan a continuar viviendo de la misma manera que siempre, aunque adoptando una “postura espiritualista”, llenando su casa de objetos “místicos”, practicando algunos ejercicios aislados sin una metodología apropiada e incluso usando palabras exóticas, conformando de este modo una especie de “máscara espiritual” que –al carecer de una base sólida– se descascara con mucha facilidad. El cobarde tiene un gran problema: no tiene la constancia necesaria para pasar de la teoría a la práctica.


c) El indiferente: Es aquel individuo que sabe que debe modificar profundamente su vida pero que –ante las dificultades del sendero– prefiere optar por la comodidad burguesa que le ofrece la sociedad de consumo. Entre la aventura y el sofá, el indiferente elige el confort del sofá.


En ocasiones, estas personas acuden a conferencias, cursos y charlas sobre temas espirituales, pero cuando llega el momento de comprometerse, vuelven a sus casas, toman el control remoto de la tele y se olvidan del tema.


El indiferente no solamente no tiene constancia y la voluntad para pasar de la teoría a la práctica sino que se auto-engaña creyendo que la sola lectura de libros esotéricos y espirituales lo puede ayudar mágicamente a avanzar en el sendero. De este modo, el indiferente puede saber muchísimo sobre filosofía esotérica y convertirse en un “erudito”, pero su vida no tiene diferencias significativas con el hombre profano que lo ignora todo.


El futuro tiene muchos nombres:
Para el débil es lo inalcanzable,
Para el miedoso, lo desconocido.
Para el valiente, la oportunidad.


(Víctor Hugo)

Digámoslo claramente: el cambio de vida que propone la Filosofía Perenne es “radical” (del latín “radix”, “ir a la raíz”) y por eso los Maestros siempre han insistido en que el camino no es para los tibios. “Abandona tu vida si quieres vivir”, decían los antiguos tibetanos y eso es justamente lo que significa este primer paso: Morir.


Así pues, modificar desde la raíz nuestra existencia implica matar al “viejo hombre” (“palaios anthropos”) para que nazca el “hombre nuevo” (“neos anthropos”) en consonancia con el antiguo llamado bíblico: “Despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos (...) y vestíos del nuevo hombre”. (Efesios 4:22-24)


Esta muerte mística está enmarcada en una “conversión” o “ruptura de nivel” (tal como la llama Mircea Eliade), un quiebre con la vida ordinaria y profana para ingresar en una nueva existencia regida por principios trascendentes y por una comunión íntima con la divinidad. Esta ruptura a veces es llamada “metanoia” (“meta”, más allá y “noia” pensamiento) y alude a un salto cualitativo en nuestra forma de ser. La metanoia es un “hito” en nuestra vida, por eso debe ser radical, un punto de inflexión pues a partir de ese momento nuestra forma de observar e interpretar el mundo no seguirá siendo la de antes.


Esta ruptura necesariamente tiene también como consecuencia una modificación de nuestros hábitos y una transformación de nuestra conducta, lo cual significa que ante los mismos estímulos externos nuestra reacción deberá ser diferente. Obviamente, esta “metanoia” o ruptura es simplemente un primer paso ya que para poder actuar con total coherencia con estos ideales elevados deberemos realizar un arduo trabajo de purificación interna, como veremos más adelante.


“Metanoia” no significa reformar o hacer pequeños ajustes ni tampoco arrepentirnos (3), sino revolucionar nuestra existencia y volvernos más conscientes.


Este abandono de lo mundano no implica, necesariamente, aislarse de la sociedad sino adoptar una nueva perspectiva, lo cual se traduce en uno de los primeros desafíos del neófito: IMITAR A LAS SALAMANDRAS, esos seres elementales legendarios que lograban vivir en el fuego sin ser afectados por las llamas.


Es muy posible que los aspirantes sean arrastrados varias veces por sus viejas amistades a sus viejos vicios, pero si esto sigue ocurriendo durante muchos años en forma reiterada, sería bueno preguntarse seriamente si hay una disposición real a cambiar o si –por el contrario– se ha elegido inconscientemente la postura cómoda y sin compromisos del cobarde, aquel que carece de la constancia y voluntad necesarias para avanzar a paso firme por el gran sendero.


Resumen de la Sala Preliminar:


* Un cambio auténtico y consciente implica sacrificio. Para que la planta nazca y crezca, debe morir la semilla.
* Para que nazca el “hombre nuevo” (“neos anthropos”) debe morir el “hombre viejo” (“palaios anthropos”).
* El cambio de vida que propone la Filosofía Perenne es “radical”, una revolución de nuestra existencia y una ruptura con nuestro estilo de vida anterior.
* El Sendero Iniciático no implica aislamiento ni abandono de la sociedad. Por eso se pide al neófito que sea “como las salamandras”, es decir que viva en el fuego sin quemarse.


Para saber más 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Los Pilares de la Pansofía (PHILEAS DE MONTEXESTO) 3




Los tres picapedreros

En una ocasión, un caminante se encontró un grupo de picapedreros, ocupados en la construcción de un edificio y quiso saber en qué obra estaban trabajando.
Preguntó al primer obrero y este le respondió: “¿No ves? Pico piedra”.

No conforme con la respuesta, interrogó al segundo albañil y este dijo con sinceridad: “Me gano el pan”.

Por último, decidió preguntar al tercer trabajador y este dijo con orgullo: “Construyo una catedral”.
Como podemos apreciar en esta reveladora historia, el primer picapedrero no tenía idea de qué estaba haciendo pero lo hacía porque así se lo habían ordenado, aun sin saber cuál sería el resultado final de su trabajo. El segundo mantenía una postura egoísta y pensaba en su propio provecho: ganar dinero a través de su trabajo. El tercero era un obrero consciente de su labor, pues sabía que con su granito de arena estaba colaborando en la construcción de algo monumental. Esto es importante destacarlo: el obrero

consciente sabe que transformando su vida puede transformar al mundo, pues con un aporte mínimo puede cambiarlo todo.

Nuestro Programa de estudios ha sido diseñado para que el estudiante obtenga los conocimientos necesarios a fin de despertar su conciencia y convertirse en obrero en la construcción de algo más grande. Por esta razón nuestra asociación ha sido llamada “Opus Philosophicae Initiationis”, pues implica la consolidación de una “Gran Obra” (Opus) que no es otra cosa que la formación de mejores seres humanos que encuentren el sentido de la vida y que colaboren en la construcción de una sociedad mejor.

No hay nada novedoso en lo que enseñamos. Nuestro intento se limita a presentar “vino viejo en botellas nuevas”, tratando de hacerlo de la mejor manera y siendo fieles a las enseñanzas sagradas que los Maestros de Sabiduría transmitieron a la humanidad. En palabras de Erich Fromm: “La revolución de nuestros corazones no exige una sabiduría nueva, sino una seriedad y una dedicación nuevas”.

El umbral del Templo

Al traspasar el umbral del Templo de la Pansofía, un verdadero oasis en el desierto de una sociedad hostil a cualquier pensamiento elevado, estás ingresando verdaderamente a otra dimensión, dejando atrás las prisas y las ilusiones del mundo profano. En el vestíbulo de este recinto luminoso, se puede observar la majestuosidad de la construcción, y se nota que cada detalle arquitectónico no está colocado al azar sino que responde a patrones geométricos sagrados. Todas las decoraciones, estatuas y fuentes simbólicas tienen un propósito bien claro: enviar señales a tu conciencia para que despierte de su letargo.

Esta transmisión premeditada de conocimientos mediante símbolos y signos esotéricos, queda evidenciada ya en el umbral del Templo, donde podrás observar cuatro columnatas corintias que flanquean la entrada, dos a cada lado, y en cada una de ellas una inscripción latina, a saber: Scientia (Ciencia), Ars (Arte), Civilitas (Política) y Religio (Religión).

En su capitel, las columnas han sido decoradas con hojas de acanto, una característica usual en este orden arquitectónico clásico. Dichas hojas representan las dificultades y los obstáculos del Sendero Iniciático y son una alusión al triunfo de los discípulos, aun advirtiendo que éste solamente se concretará mediante el esfuerzo constante y la dedicación. Dicho de otro modo: el discípulo tiene el éxito asegurado, pero este éxito depende únicamente de su disciplina y constancia.

Las inscripciones de los cuatro pilares hacen referencia a la característica “omniabarcante” de la Sabiduría Antigua, pues su objeto de estudio no se limita a un conocimiento especulativo sino que es parte esencial de la vida misma y, por ende, ninguna disciplina, oficio, profesión o aspecto vinculado con el ser humano le es ajeno. De acuerdo con las enseñanzas clásicas, todo Templo dedicado al conocimiento trascendente del ser humano debe estar sostenido por estos pilares fundamentales: la Ciencia, el Arte, la Política y la Religión, destacando estos cuatro aspectos como los cimientos de la Filosofía Perenne. En algunas ocasiones, se remplaza la “Política” por la “Filosofía”, aunque debemos suponer que esta sustitución es ocasionada por la incapacidad de encontrar en la política algo trascendente (lo cual es cierto si atendemos a la corrompida política contemporánea).

Por otro lado, la separación de la “Filosofía” como una disciplina separada e independiente también creemos que es una equivocación, ya que ninguna actividad humana puede estar divorciada de la Filosofía, pues todo quehacer humano puede y debe estar impregnado por ésta, entendiéndola en su acepción arcaica de “amor a la sabiduría” y no como un entretenimiento especulativo para distraer la mente.

Estas cuatro vías, que intentan ser un resumen de las múltiples vías del desarrollo humano, en ocasiones son representadas mediante una matriz piramidal, en la cual se identifican con las cuatro caras de la pirámide, las cuales se muestran bien separadas en la base, pero a medida que

ascendemos hacia el vértice las mismas se van acercando hasta alcanzar la unión en la cúspide. De este modo queda explicado, con un ejemplo sencillo, que la Verdad suprema se puede alcanzar por diferentes senderos, cada uno de ellos adecuado a diferentes tipos de hombres.

La columna “Religio”, esto es: re-ligión, implica volver a unir algo que primordialmente fue una misma cosa. Desde esta perspectiva, la Filosofía Perenne habla de un cosmos en miniatura o microcosmos (el ser humano) que es reflejo de un Macrocosmos (la divinidad) al cual estaba unido originalmente, estableciendo una serie de instrucciones, rituales y técnicas para re-integrar a ese ser finito con el Absoluto. En todos los casos, el principal objetivo de la Religión es descubrir nuestra verdadera naturaleza que los orientales resumen en la consigna: “Hazte lo que eres”.

Desde una perspectiva iniciática, “Religión” significa REINTEGRAR.

La columna “Civilitas” no se refiere a la política inconsciente y corrupta a la que estamos tristemente acostumbrados, sino a una nueva política que debe surgir de la conciencia. Así como el ser humano posee una naturaleza y propósito trascendente, del mismo modo la sociedad (que es una reunión de hombres) también debe ser considerada desde una óptica superior.

Los antiguos hacían alusión a una mítica sociedad primordial (Atlántida, Hiperbórea, etc.) donde cada oficio y profesión era parte de un complejo mosaico que daba forma a una civilización integrada y armónica. En nuestros días, mientras el ser humano es espectador de la paulatina desintegración social y corrupción moral del mundo contemporáneo en torno a una globalización avasalladora, las organizaciones políticas no tienen idea de cómo resolver los males del mundo sin renunciar a sus privilegios y al supuesto “progreso” que ha alcanzado la sociedad de consumo.

Es necesaria la irrupción en este mundo caótico de una nueva política que parta de la conciencia, que sea autéticamente “revolucionaria” (no reformista) y que erradique los intereses egoístas (económicos, nacionales, etc.), teniendo como objetivo final la reconstrucción de un modelo clásico de sociedad donde reinen la justicia, el orden y la paz entre los hombres.

Desde una perspectiva iniciática, “Política” significa RESTAURAR.

La columna “Scientia” se basa en el conocimiento científico de las leyes universales (no solamente físicas, sino también metafísicas) y tiene como punto de partida una nueva ciencia verdaderamente útil al desarrollo de la conciencia y absolutamente compatible con la vida espiritual. El físico Albert Einstein lo declaraba abiertamente: “la ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia, ciega”.

Aunque nuestra ciencia contaminada de positivismo sea hostil a cualquier intento de demostrar las leyes y principios espirituales, paulatinamente han ido apareciendo científicos pioneros que han reaccionado ante las posturas ateas de los últimos siglos, proponiendo atrevidas teorías que sirven de puente entre la ciencia y la espiritualidad. Siendo así, creemos que en el siglo XXI se avanzará en el redescubrimiento de los principios trascendentes que conocían los científicos de la antigüedad y que hoy son ignorados de plano por los científicos materialistas.

Desde una perspectiva iniciática, “Ciencia” significa REDESCUBRIR.

La columna “Ars” alude a un conocimiento superior a través de la belleza, la plasmación creativa de los arquetipos y de la naturaleza del Alma, que se manifiesta en oposición al arte profano fundamentado en las bajas emociones y en el caos de la mente de deseos. El divino Platón manifestaba que la contemplación de lo bello nos pone en contacto con nuestra belleza interior, la cual está ligada a nuestra chispa divina, es decir nuestra naturaleza trascendente. Por esta razón el arte sacro (2) se fundamenta en la representación física de conceptos metafísicos vinculados a lo bueno, lo

veraz, lo justo, instándonos a ser mejores y ayudándonos a despertar la conciencia.

Desde una perspectiva iniciática, “Arte” significa CONTEMPLAR (“mirar lejos” o “ver más allá”).

El problema principal de la Ciencia, el Arte, la Religión y la Política en su presentación moderna radica en su profundo desconocimiento de la naturaleza humana. Mientras que el científico materialista pretende convencernos que somos una especie de máquina orgánica que se mueve por impulsos electroquímicos, el religioso suele perderse en teorías, argumentaciones incoherentes y discusiones teológicas estériles que nada aportan al desarrollo interno y al trabajo cotidiano en el “aquí y ahora”. Por otro lado, mientras el artista ignore su rol de “pontífice de la belleza”, es decir un “puente” entre la armonía universal y la conciencia humana, su arte seguirá siendo insignificante. Del mismo modo, el político que no tenga en mente la construcción de una sociedad nueva y arquetípica basada en los valores éticos atemporales y en las enseñanzas tradicionales en torno a la Justicia, se tendrá que contentar con seguir emparchando un sistema cada vez más insostenible.

De este modo, antes de entrar al Templo de la Pansofía, debes entender que se puede alcanzar la trascendencia a través múltiples vías, siempre y cuando podamos conectarnos conscientemente con la esencia de cada una de ellas, atendiendo a las concepciones tradicionales de la Ciencia, el Arte, la Religión y la Política, y no a las versiones deterioradas que conocemos y a las que –lamentablemente– nos hemos acostumbrado.

En cierta forma, la Ciencia, el Arte, la Religión y la Política son una síntesis de las muchas otras disciplinas que conciernen al ser humano y, entonces, desde una perspectiva tradicional cualquiera de ellas puede ser vehículo de conciencia, lo cual también puede aplicarse al más humilde de los oficios. Un mundo nuevo y mejor necesita de seres humanos nuevos y mejores en todos los ámbitos que practiquen –desde la conciencia– oficios y profesiones acordes a esa nueva sociedad.

Teniendo en cuenta estas ideas preliminares, que forman parte de las enseñanzas capitales de la Filosofía Perenne, puedes echar un último vistazo al vestíbulo de este Templo sagrado y, cuando estés listo, ascender los nueve escalones que te separan de la sala preliminar.

Resumen del umbral

* La Verdad y la autorrealización individual se pueden alcanzar por diferentes caminos, cada uno de ellos adecuado a diferentes tipos de hombres.
* La Ciencia, el Arte, la Política y la Religión son un resumen de las múltiples vías del desarrollo humano.
* Debemos interpretar la Ciencia, el Arte, la Religión y la Política de acuerdo a las pautas tradicionales y con un objetivo común, dejando de lado las versiones deterioradas contemporáneas.

jueves, 24 de mayo de 2012

Los Pilares de la Pansofía (PHILEAS DEL MONTESEXTO) 2







El Templo de la Pansofía









Caminante: ¡Sé bienvenido a este paraje sagrado! Tu incesante búsqueda de respuestas y tu denodada peregrinación por diferentes caminos finalmente te ha traído hasta esta fabulosa construcción de mármol que se halla delante de ti, el santuario más importante de la Tradición Primodial: el Templo de la Pansofía.






En las salas interiores de este monumental recinto, los discípulos e iniciados han conservado celosamente todas las enseñanzas trascendentes de la humanidad, legadas desde tiempos primordiales por los grandes Maestros e Instructores que tuvieron la lucidez necesaria para adaptar el mensaje universal de la Sabiduría Antigua a las mentalidades de las diferentes épocas y los diversos entornos geográficos.






Esta construcción pansófica es el refugio de los filósofos, una réplica de los edificios de las Escuelas de Misterios de la antigüedad, que eran el ámbito propicio para que los grandes sabios y legisladores se formaran integralmente y utilizaran más tarde las enseñanzas recibidas para beneficio de sus semejantes.






Si tú, caminante, estás absolutamente decidido a transformar positivamente tu vida, abandonando las ilusiones de una sociedad insana, puedes comenzar a transitar la senda de perfeccionamiento que proponemos a fin de encontrar el sentido de tu vida. No dudes más. Avanza y da el primer paso. Sé bienvenido al Templo de la Pansofía.











Una advertencia inicial






En el Templo de la Pansofía se transmiten enseñanzas filosóficas e iniciáticas. Sin embargo, estas dos palabras no deberían entenderse a la manera habitual. En nuestros días, la Filosofía es considerada un conjunto de conceptos teóricos sin ninguna aplicación vivencial, un saber abstracto y especulativo manejado por una élite intelectual con los mismos problemas, angustias y dudas existenciales que la mayoría de la humanidad.






Por otro lado, la Iniciación generalmente es entendida como un rito, una ceremonia más o menos secreta a través de la cual un individuo pasa a formar parte de una cofradía u orden con usos y costumbres que dicen remontarse a tiempos pretéritos.





Sin embargo, el significado más profundo de estos términos enseñando en este recinto pansófico es absolutamente diferente a su acepción popular.






Siendo así, la Filosofía se debe entender como "amor a la sabiduría", un conocimiento profundo que puede ser aplicado perfectamente a nuestra vida cotidiana para que ésta sea más luminosa y seamos más conscientes. El Filósofo, como "enamorado de la verdad", sigue el ejemplo de los antiguos en su búsqueda de lo veraz, lo justo, lo bueno, lo bello, y rechazando sus contrarios: lo falso, lo injusto, lo malo, lo grotesco.



Por otro lado, en este lugar la Iniciación se debe comprender, no simplemente como un rito, práctica o ceremonia, sino como un "estado de conciencia" que se alcanza luego de una esforzada peregrinación por un camino de perfeccionamiento que se denomina tradicionalmente "Sendero Iniciático".





En el frontispicio de este gran santuario pansófico se puede apreciar una placa de granito donde está inscrita prolijamente una vieja máxima latina a modo de advertencia: "Procul hinc, procul ite prophani" (¡Lejos de aquí, alejaos profanos!). Esta frase es un aviso muy claro dirigido a los curiosos y a aquellos que no tienen el mérito suficiente para ingresar al Templo, que en la jerga filosófica reciben el nombre de "profanos". El camino de la sabiduría está abierto a todos y todos son invitados a hollarlo, aunque verdaderamente no todos están dispuestos a recorrerlo. Por esta razón, algunos instructores espirituales prefirieron dedicar sus inspiradas obras "a los pocos" (1), es decir a aquellas personas valientes que ante el llamado de su Maestro Interior, acuden a él y deciden remar contra la corriente.






Pero, ¿quiénes son realmente los profanos? En una primera aproximación y siguiendo la etimología de la palabra, podemos decir que son aquellos que prefieren quedarse "afuera del Templo" y que están sujetos a la apariencia puramente exterior de las cosas. Mientras que los profanos fundamentan sus vidas en la materia, en la ilusión y la ignorancia, alejados de cualquier pensamiento trascendente (lo cual es incentivado por nuestra actual sociedad de consumo), los iniciados y los discípulos –por su parte– viven en comunión permanente con lo trascendente, convirtiendo su profesión, actividad u oficio en un "sacrificio" (oficio sagrado). El lema de la Orden Templaria "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" ("Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre") evidencia esta ofrenda desinteresada a Dios, propia de aquellos hombres despiertos que han avanzado en el Sendero.


*


Para saber más: http://iluminando.org/2012/04/16/los-pilares-de-la-pansofia/



miércoles, 9 de mayo de 2012

Los Pilares de la Pansofía (PHILEAS DEL MONTESEXTO)


PRÓLOGO DEL AUTOR






"Yo únicamente transmito; no puedo crear cosas nuevas. Creo en los antiguos, y por lo tanto, los amo"


(Confucio)


En las siguientes páginas hemos tratado de sintetizar las enseñanzas fundamentales de la Filosofía Perenne en un solo volumen, de acuerdo a la metodología que propone nuestra Asociación Internacional de la Filosofía Iniciática OPI. El lector entenderá mejor y sacará mayor provecho a estas lecciones si toma en cuenta que las mismas forman parte de un Programa de estudios mucho más amplio y que los temas presentados en esta obra son desarrollados y profundizados en otros libros.



La presentación de esta serie de libros reunidos bajo el título "Enciclopedia de la Sabiduría Antigua" está inspirada en el antiguo axioma "Ad dissipata colligenda" ("Reunir lo disperso"), pues parte de la necesidad de contrarrestar la sobredosis de información existente en nuestros días, donde el principiante no sabe por dónde empezar y –lo que es peor– carece de los elementos necesarios para diferenciar las enseñanzas auténticas de la Tradición Primordial de las ficciones comerciales de la "New Age".



Los estudios que brindamos están estructurados gradualmente y son una invitación para que el lector se familiarice con los conceptos generales de la Sabiduría Antigua, aunque a lo largo de nuestros escritos advertiremos una y otra vez que es absolutamente indispensable acompañar la lectura con la puesta en práctica de las enseñanzas.


En este primer libro proponemos un recorrido imaginario por las 12 salas del Templo de la Pansofía (*), un edificio monumental donde se han conservado las principales enseñanzas de la filosofía sapiencial de los antiguos. Caminando por sus enigmáticos salones, el lector podrá encontrar respuestas a algunas de sus preguntas existenciales e imaginar así su propia peregrinación por el Sendero Iniciático, repleto de símbolos, pruebas y desafíos, hasta llegar al recinto más sagrado de todos, el Sancta Sanctorum.




Es importante aclarar que a lo largo del relato repetiremos deliberadamente algunos conceptos una y otra vez so pena de parecer insistentes. Estas reiteraciones no responden a un lapsus nuestro sino a la utilización de un recurso muy común en la transmisión del conocimiento filosófico.



El lector sagaz podrá percatarse que con cada repetición se irán agregando nuevos elementos y correspondencias para que se puedan comprender más profundamente las enseñanzas como un todo armónico y coherente.


Phileas del Montesexto



(*) El término "Pansofía" significa


"Saber total" (Pan=Todo y Sofía=Sabiduría)



La Filosofía Perenne como alternativa



Muchos lectores seguramente se preguntarán: ¿por qué deberíamos iniciar este camino de autoconocimiento? o –dicho de otro modo– ¿en qué nos beneficia emprender estos estudios filosóficos?





El objetivo fundamental que nos hemos propuesto es brindar al estudiante las herramientas necesarias para potenciar una profunda transformación interior, que despierte sus facultades latentes y revolucione su conciencia a fin de alcanzar la autorrealización.





La sociedad moderna trata de convencernos mediante el bombardeo publicitario que la felicidad consiste en la satisfacción de los deseos, consumiendo más y teniendo más y más cosas. Sin embargo, esa supuesta felicidad no es duradera y cuando el deseo ha sido satisfecho el ser humano se siente frustrado pues la felicidad se le ha escapado de las manos, sintiendo la necesidad de satisfacer nuevos deseos que lo llevan a un carrusel que no tiene fin.
  



Según los antiguos la felicidad permanente no proviene de la satisfacción de nuestros deseos sino de vivir una vida plena y consciente, descubriendo íntimamente quiénes somos y por qué hemos nacido en este planeta. No obstante, para alcanzar esta felicidad auténtica se hace indispensable un cambio radical de nuestra forma de pensar y de sentir.


Esta transformación implica una re-educación, una nueva forma de interpretar el mundo y codificar las señales que llegan a nuestra mente a través de los sentidos.



No podemos esperar que los cambios vengan de afuera. Para cambiar el mundo, primero debemos cambiar nosotros interiormente. Si queremos un mundo más justo, más virtuoso, menos corrupto, menos violento, nosotros mismos debemos ser justos, virtuosos, erradicando de nuestra vida toda conducta corrupta y violenta.


La vida sin rumbo que nos propone la sociedad de consumo -estructurada en torno al materialismo y la ignorancia- nos ha convertido en marionetas de las circunstancias y esclavos de nuestros deseos. La filosofía perenne es una alternativa real que se contrapone a la sensibilidad predominante en el mundo moderno y nos invita a tomar el control de nuestra existencia, formándonos integralmente a fin de alcanzar una vida plena.


Vale la pena vivir de una manera más digna y consciente y atreverse a transitar la senda de los antiguos, aun cuando el mundo entero parece estar yendo en la dirección contraria.


Método de estudio




El método de estudio que presentamos en nuestros escritos se fundamenta en el esfuerzo personal y en la diferenciación entre "leer" y "estudiar", pues –si bien la lectura puede "abrirnos los ojos"– es imposible alcanzar la iluminación o iniciarse simplemente acumulando datos e información.


Los alquimistas decían: "Rumpite libros ne corda rumpantur" ("Romped los libros, no sea que rompan vuestro corazón"), que en su sentido profundo significa que los libros como un fin en sí mismo y no como un medio para algo superior pueden ser más nocivos que beneficiosos.




Quienes prefieran simplemente "leer" podrán INFORMARSE de una gran variedad de temas, pero aquellos que realmente prefieran "estudiar" tendrán la oportunidad de FORMARSE, atendiendo a nuestro método práctico y gradual, basado en la máxima de "APRENDER HACIENDO".




El método educativo al que estamos acostumbrados puede describirse de la siguiente manera:


"NOSOTROS tenemos el conocimiento y USTED no lo tiene, por eso le daremos una charla acerca de las cosas que debería conocer y al poco tiempo le preguntaremos (mediante un examen o prueba) si conserva en su memoria las cosas que le contamos".


Sin embargo, este enunciado está bastante alejado del espíritu de nuestros estudios, ya que declaramos estar en consonancia con dos ideas capitales enseñadas por los antiguos:



1) Platón dijo: "Todo conocimiento es recuerdo", por lo cual los instructores y facilitadores deben "facilitar" el camino para que el estudiante "recuerde" lo que ya sabe interiormente.


2) Aristóteles agregó: "Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo. Lo que se memoriza se olvida y sobre todo, si lo que se aprende no proviene de la experiencia propia, no se aprende y se olvida rápidamente".


Teniendo en cuenta esto, el modelo que presentamos en nuestras obras es el siguiente:


"NOSOTROS le facilitaremos el conocimiento y las técnicas para acceder a otros niveles de conciencia y recordar. USTED sea disciplinado y constante, llevando a la práctica lo aprendido y no se limite a acumular información".


Haz algo más que existir, VIVE.


Haz algo más que mirar, OBSERVA.


Haz algo más que leer, ASIMILA.


Haz algo más que oír, ESCUCHA.


Haz algo más que escuchar, COMPRENDE.


Haz algo más que hablar, DI ALGO ÚTIL.

Haz algo más que proponer, ¡ACTÚA!



Para saber más:
http://iluminando.org/2012/04/16/los-pilares-de-la-pansofia/