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domingo, 25 de noviembre de 2012

Manuel Espejo Sánchez, profeta en su propia tierra. Por José Luis Orellana Durán

Cualquiera que conozca mínimamente a Aralba conoce de su espíritu Cristiano. Un sentimiento no originado en el seno de la Iglesia Católica, como sería lo más lógico pensar dada su procedencia española, sino en el de la Iglesia Evangélica, protestante. Navegando por Internet hemos encontrado esta breve biografía de Manuel Espejo Sanchez, Pastor Evangélico, que tanta influencia tuvo sobre Aralba cuando tenía diecisiete años de edad; debido quizá, a su magnética y carismática personalidad; pero también a su constante esfuerzo y voluntad de trabajo en favor del Cristianismo más puro y popular. En la actualidad, Aralba, vendría a ser un Sacerdote apátrida en esto de la Fe Cristiana; pero nos consta, no sería la primera vez, que si le preguntáramos por su Creencia nos diría, sin dudarlo un ápice, que es Cristiano Evangélico. Un Protestante un tanto sui géneris, herético; pero no más que lo fuera en su día el Pastor Luterano Jon Valentin Andreae, quien fuese el creador de los manifiestos rosacruces. Bien, sirva lo que sigue como sincero y cariñoso homenaje en favor de la Vida y Obra de D. Manuel Espejo Sanchez, una de las personas más influyentes en la Personalidad de Aralba.

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Aquellos Ilustres Españoles...Que los Biógrafos olvidaron
 

ex_es_orellana@hotmail.com 

Ir a Expresión Espiritual:




Introducción
Quiero dedicar la primera de mis biografías, sobre grandes líderes y personajes españoles, al pastor y maestro Don Manuel Espejo Sánchez. Este formidable e incansable “pescador” ha sido, en la vida de mi familia, la causa de que nuestra fe esté puesta sin lugar a dudas en Cristo Jesús.

Pocos conocen a Manuel Espejo fuera de las fronteras del territorio andaluz, será porque él ha sumido sus fuerzas generalmente “en la tierra de sus amores”. Cuando leemos la Palabra de Dios, vemos como muchos grandes personajes, de carreras casi eternas, fuentes indiscutibles de riqueza espiritual, han sido maestros y ejemplos en el tiempo. No fueron viajantes, ni colocaron artículos en Internet, ni las grandes televisoras lo alzaron a las multitudes, pero alcanzaron, porque Dios lo quiere así, con sus esfuerzos y obediencias a la Verdad, en la memoria de todos nosotros un sitio importante. Porque no es fácil alcanzar misericordia y renombre en el sitio de donde es uno; nos es más fácil irnos a otros territorios, donde no conocen nuestro pasado ni nuestra historia. Por eso este ejemplo bíblico, indestructible porque está fundado en la verdad, es para mí el ejemplo más honorable que de nuestro personaje podemos decir, Manuel Espejo Sánchez “profeta en su propia tierra”.

Muchos de nosotros hoy, generaciones de cristianos que dan su fruto gracias a la predicación que un día escucharon otros de su boca, le agradecemos con todo nuestro corazón la gran labor realizada.
 

Biografía del personaje
 

Una vez escuché decir en una predicación en España, al periodista y escritor Juan Antonio Monroy que: “en la historia reciente del protestantismo nacional (hablando por supuesto de España) Manuel Espejo ha sido y es uno de los personajes más influyentes en la actualidad”. Con esa frase quiero comenzar esta biografía, que de importante lo tendrá indudablemente en un futuro cercano, cuando se empiecen a reconocer la trayectoria de los anunciadores de la Buena Nueva; para empezar, este es nuestro tributo y nuestro meta en esta sección, reconocerlos y que sean reconocidos por todos nosotros cada uno de ellos.

Manuel Espejo nació el 16 de julio de 1945 en Arcos de la Frontera, uno de los pueblos más hermosos e históricos de la provincia de Cádiz, Andalucía (España). Arcos se encuentra entre el río Guadalete, la sierra y los llanos de Jerez de la Frontera. Ocupa una meseta de 250 metros de altura atravesada por un profundo cañón excavado por el río Guadalete. Se cree que Arcos es la antigua Colonia Arcenenses de los romanos. Los árabes la llamaban Medina Arkosch . La ciudad está configurada en dos zonas: una de ellas es el casco antiguo, de época medieval (monumento histórico-artístico en 1962); la otra zona es la más cercana al río Guadalete, colonizado a partir del siglo XIX.


Los visitantes pueden encontrar joyas como la iglesia de San Pedro, la iglesia de la Asunción, la Plaza Mayor, el palacio de los Duques y el barrio de las cuevas; la verdad es que merece la pena visitar este pedazo de bendición en la Tierra.


Retomando de nuevo su historia, Espejo nace en una familia humilde, en unos años difíciles, pues se encontraba en plena dictadura franquista y las consecuencias que la posguerra de la segunda guerra mundial traería. Su familia la componían, además de sus padres y él mismo, siete miembros más, siendo él el mayor de ellos.


De su juventud y niñez solo podemos decir que creció y formó en su ciudad natal, realizando sus estudios en el colegio de los salesianos. Sus inquietudes y aspiraciones era todo lo que se podía denominar arte (música, teatro, pintura etc.)


Como todos los jóvenes de todas las generaciones, Espejo, aunque amaba su pueblo y tierra natal, aspiraba a tener otras oportunidades que le abrieran puertas hacia el éxito y la fama. En consecuencia, abandona Arcos y se dirige a la capital española por el año 1967.


En Madrid probó todas las oportunidades que le brindaron, hizo pruebas para el cine, teatro y la música, formando parte del conjunto musical Los Diablos. Pero como si fuera alguna broma celestial, Dios lo recogió de “los diablos” para empezar su obra en él.


A través del pastor Ramón Blanco, asturiano, quién había oído y experimentado el don musical de Espejo, el Señor lo escogió.


Don Ramón pastoreaba en el barrio de Carabanchel (Madrid) una iglesia que se llamaba “Iglesia Bíblica” en la Calle del Pelícano, 26. Después de quedar prendados de los dotes de Espejo, Don Ramón le propuso que diera clases de canto a los niños de la iglesia y le enseñara la canción Soy la triste oveja. Pero, eso sí, le dijo por anticipado que no iba a recibir ni una peseta, ya que ellos eran tan humildes como casi todos los “hijos de Dios” de aquellas tierras Ibéricas.


Ya que Espejo conocía bien lo duro y difícil de la vida, Dios no tuvo que “esforzarse” mucho para conmover su corazón y finalmente aceptó la invitación de Blanco.
 

El día esperado para el estreno de la “famosa” canción llegó. Espejo esperaba que los padres le brindaran su admiración y su felicitación por haber hecho de aquellos “angelitos” unos verdaderos “Pavarotti”, pero su decepción fue grande cuando los padres de aquellos niños felicitaron a sus hijos y dieron gracias a Dios por el grato tiempo que habían pasado.

La tarea de Don Ramón no acabó ahí, siempre que podían testificaban del Señor a Espejo. Un día, en un culto, escuchando la predicación de la Palabra se convirtió al Señor e hizo pública su fe a los hermanos allí reunidos.
 

Manuel Espejo Sánchez
 

El Señor le habló a su corazón a solas unos pocos días después, una tarde de invierno. Las lágrimas de nuestro inquietante personaje se resbalaron por sus mejillas como torrentes de agua. El Señor le propuso un lindo viaje con él para siempre, donde estaría por ver todos y cada uno de sus dones, esta vez para gloria de Cristo y de su Iglesia. Manuel Espejo inmortalizó esa experiencia en una canción titulada Como en día nublado.

A partir de entonces la labor evangelística de Manuel Espejo empieza a sentirse rápidamente entre su entorno. Empezando con su familia y su novia, después esposa en el año 1970, Espejo comienza sin darse cuenta una de las mayores obras en crecimiento de toda la nación española por aquel tiempo, lo que es hoy la denominación Asamblea Cristiana.


Tuvieron dos hijos en la capital, Jonatan y Ezequiel. Allí estuvieron juntos entregados, trabajando y colaborando en diferentes departamentos de la iglesia que pastoreaba Ramón Blanco.


Años después, dejando encauzada una obra, pionera en Móstoles (Madrid) vuelven a sus orígenes, a su tierra, donde trabajarían arduo para conseguir establecer una de las más importantes obras pioneras en toda la nación, en un tiempo confuso y lleno de limitaciones sociales.


Sobre el trabajo en Jerez de la Frontera realizado por Manuel Espejo lo veremos en cuatro etapas: Las Reuniones en las Casas, La Calle Zarza, La Calle Pajarete y La Calle Canto.


Antes hemos hablado de lo difícil del tiempo cuando Espejo empezó a realizar su obra evangelizadora. Para los que no conocen ese tiempo daremos unas resumidas reseñas.


En América Latina, casi todos los círculos protestantes creen que la España evangélica es muy reciente, no más de un siglo, pero eso no es así. Antes de que la guerra civil española estallase, allá por el año 1936, había muchas iglesias en este país; había seminarios, colegios, hospitales y demás que, tras finalizar la guerra y, por el descuido de algunos, se han ido quedando en el olvido y en la historia negra.


Terminada la guerra civil española, la dictadura planea junto con la Confesión Católica Romana el Estado franquista. Una de las consecuencias es el Artículo 1 del Concordato de 1953 y Artículo 2 de los Principios del Movimiento Nacional, donde quedan prohibido todo movimiento religioso resistente en el ordenamiento jurídico español, cualquier disidencia política y religiosa estaba condenada.


Por tanto encontramos una España en la que, después de haber terminado la guerra hasta bien entrado el año de 1966, su único portavoz religioso y la única vía espiritual era la “Santa Iglesia Madre”, la Iglesia Católica Romana. Estamos hablando de que aquellos que no respetaban esos acuerdos eran condenados, exiliados, eliminados, torturados y discriminados. Nuestro propio personaje se las vio y se las deseo muchas veces, estando incluso en la “tolerancia”, cuenta él, que fue apaleado en una plaza solamente por rezar por la bendición de la ciudad.


Desde 1966 hasta 1968 entra la “tolerancia religiosa”. Ésta consistió en permitir, muy privadamente, los cultos en locales cerrados sujetándose a tres condiciones: no tener cultos en otro lugar de la ciudad, no tener manifestaciones externas y abstenerse de toda clase de propaganda.


Cuenta Collado como se acuerda de las veces que asistía a una Iglesia Bautista allá en Jerez con la presencia de una pareja de policías armados siempre vigilando cualquier acto fuera de la legalidad.


Al fin, ya por el año 1968 comienza la libertad religiosa. Tenemos que decir que el franquismo aun no había terminado, ya que quedó eliminado con la muerte del dictador en el año 1975. Pero este tiempo de libertad religiosa dejaba mucho que desear todavía, ya que los protestantes se consideraban todavía ciudadanos de segunda clase, aunque fueron abiertos seminarios, se pudo realizar propaganda y el proselitismo ya no era un delito.


Ya bien muerto el dictador, en el año 1980, el Estado establece con la iglesia protestante española en general un acuerdo de cooperación.


El 20 de febrero de 1986 se constituye la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España. Este régimen de cooperación pactado entre FEREDE y Estado, constituye el adecuado instrumento técnico-jurídico por donde discurrirían las relaciones de cooperación entre ambos.


Por eso, ya viendo el marco histórico de nuestra historia, vamos a las etapas de evangelización por parte de Espejo en España.


Primera etapa: Reuniones en las Casas, 1977 (vean su marco histórico). Nos encontramos en la “libertad religiosa”. Espejo, después de haber dejado un empleo en Madrid en la empresa Sadam, comienza a trabajar con uno de sus tíos maternos en el reparto de la leche. Tal trabajo solamente le deja las tardes para el desarrollo del ministerio.


España se encontraba en plena Reforma Política, el general Franco había muerto dos años atrás y empezaban las primeras elecciones libres en muchísimos años.


El día 24 de julio de 1977, domingo, se reúnen legalmente por primera vez un grupo de once personas. Esta reunión se realizará en la Barriada de las Torres, Bl. 6-8-C en Jerez de la Frontera.


Nuestro prolífico personaje nos va a dejar en aquel lejano domingo un ejemplo de visión y misión.


Va a retar a los asistentes a duplicar en un año el número de asistentes. Va a asentar sus vidas, como iglesia, en el Libro de Hechos 2:42-47 y va a enfatizar en puntos estratégicos para el nacimiento y crecimiento de los mismos: La proclamación del Evangelio bajo la metodología de persona a persona, empezando por nuestros familiares; la implantación de discipulados de Estudios Bíblicos; seriedad en la asistencia, para conocernos mejor, y dar testimonio a los recién nacidos; la toma de conciencia de las reuniones dominicales, su valor espiritual, tomando conciencia de que el domingo es el día del Señor, y desechando la forma religiosa rutinaria o de cultos raquíticos; dedicar tiempo en alabar y orar a Dios en cada culto, siendo puntuales a la hora de llegada; orar por un lugar de templo y por los hombres y mujeres que quisieran dedicar sus vidas al Señor.


A partir de ahí, comienzan las reuniones de damas, jóvenes, visitas, misiones en algunas otras casas (a las afueras de la ciudad) y las excursiones. Yo aún recuerdo el sitio por excelencia y habitual donde íbamos siempre: El tiro Pichón, en el Puerto de Santa María (Cádiz). Se constituyen en ese tiempo los distintos líderes para los departamentos, además, el tesorero y secretario.


Como el número iba creciendo rápidamente, se abrieron otras casas como puntos de reunión. Cada semana se reunían tres días, martes, viernes y domingo. Se iban rotando las casas y se hacía en grupos pequeños para no trastornar a los vecinos.


Y como el Señor no abandona a su iglesia y es un Dios de Pactos, el cual cumple siempre sus promesas, antes casi el año se cumpliera, este grupo había crecido considerablemente y tenían ya su propio sitio de reunión.


Segunda etapa: La Calle Zarza. La Inauguración del primer templo fue el 11 de Junio de 1978. El nombre oficial fue “Iglesia Bíblica de Jerez de la Frontera”. El número de congregados aquel día triplicaba a los primeros congregados el 24 de julio de 1977. La Iglesia tenía un modelo muy peculiar para recibir a sus miembros, no tenía bancas como podemos ver en casi todas las iglesias, sino que tenían sillas y mesas para poder cómodamente escribir y tomar notas de las predicaciones y lecciones. Esa es una forma estratégica muy importante para las iglesias, si queremos que la gente no solamente escuche, que forme parte también de la predicación y la lección, que sean enseñados, debemos prepararles un entorno adecuado; ellos lo hicieron, compraron cuadernos y bolígrafos, biblias y todo lo referente al estudio espiritual.


Espejo formará un nuevo programa, ligado con el anterior, para esta nueva etapa: Comenzar la obra pionera por los pueblo de las provincias andaluzas; la preparación de obreros en el estudio de la Palabra de Dios y en la praxis; abrir un discipulado especial para estos hermanos, y dedicarle tiempo para su preparación; potenciar la calidad de los cultos y acogida de las personas visitantes, mostrándoles el amor de Dios y la transformación que El había hecho de sus vidas; la hospitalidad para con los hermanos que venían de fuera.


La nueva etapa crecería y se fortalecería a través de muchos jóvenes que empezaron a asistir a las reuniones y a evangelizar por ellos mismos. La sed del evangelio era notable en aquella ciudad de la provincia de Cádiz.


A partir de aquí se inicia la obra social en cárceles y en el aspecto de la drogodependencia, los cuales serían de un fuerte auge para el futuro cercano de este pequeño pueblo. Espejo sigue enfatizando en la comunión unos con otros y empiezan a surgir los primeros retiros, campamentos, bautismos, actividades deportivas y demás. Se abren muchos puntos de misión, estos son: Sevilla, Villamartín, Algodonales, Arcos de la Frontera, Nueva Jarilla, Cazalla de la Sierra, Barriada de San Enrique, El Puerto de Santa María, Ubrique etc.


En 1982 la Iglesia Bíblica pasaría a llamarse Asamblea Cristiana. Empiezan las visitas de personalidades y grupos musicales cristianos, además de proyecciones de películas y muchas, muchas conversiones.


Pero el año siguiente sería un golpe muy duro para Espejo y su familia (la iglesia en general). Su hijo pequeño, Ezequiel, pierde la vida con siete años en un fatídico accidente. Manuel Espejo, su mujer, don Ramón Blanco y señora, Jonatan y Ezequiel, venían de anunciar las Buenas Nuevas en uno de los puntos de misión cuando un conductor ebrio los embistió trágicamente.


En el culto de acción de gracias, realizado el día 1 de septiembre de 1983, hubo una asistencia de 900 personas.


Transcurrido esto, con la iglesia dolida y afectada, el Señor los empuja con su Amor y es tan admirable la obra y el crecimiento, que más tarde tienen que marcharse de ese primer templo a la Calle Pajarete.


Es de mención en esta biografía decir que, como buen siervo de Dios, Espejo perdonó y testificó al conductor y a su familia posteriormente del trágico accidente.


Esta segunda etapa concluyó con numerosos hombres dispuestos a ofrecer sus vidas en servicio a Dios y estudiar su palabra. Dicen que eran tan numerosos que tenían que sacar a la calle los altavoces, ya que la capacidad del templo se había quedado considerablemente pequeña.


Tercera etapa: La Calle Pajarete. En 1984, Manuel Espejo anuncia la compra de un local situado en la calle Pajarete número 6, en Jerez de la Frontera.


Tenía una nave de doscientos setenta y seis con cuarenta y dos metros cuadrados, soportales de ochenta y seis con ochenta metros cuadrados, patio trasero con setenta y tres con veinticinco metros cuadrados y nave de fondo de ciento diecinueve con setenta y ocho metros cuadrados, que comparados con los 70 metros de la calle Zarza, resultaba impresionante.


Las obras de adaptación eran tan impresionantes y tan duras que muchos hermanos llamaban a familiares y amigos para ayudar, y muchos de ellos se convirtieron.


En esta etapa los énfasis fueron: Abrir una Escuela Bíblica para la formación ministerial; proveer a los puntos de misión de obreros; presentar a la iglesia a candidatos para el pastoreado; estructurar la iglesia para que Espejo pudiese dedicarse a impulsar a los líderes, elaboración de Discipulados y crear nuevos puntos de misión; abrir un punto de misión en Madrid y, fraccionar la Iglesia de Jerez en secciones que no pasaran de cien miembros.


El día 8 de abril de 1984 se celebró el primer culto en este nuevo local.


Espejo empieza a estructurar la denominación de manera que estuviese satisfecha de obreros y personas dispuestas para servir. Empiezan las primeras encomendaciones pastorales, la consolidación en el trabajo de rehabilitación de toxicómanos, creación de la Escuela Bíblica y varios puntos de misión que empezaban de nuevo abrirse.


Sobre la Escuela Bíblica es de menester que nos paremos un poco. Espejo, como gran “directivo” de la inmensa obra que tenía por delante, debió tomar la decisión de formar unos cursos que sirvieran para el aprovechamiento de aquellos que querían ministrar en el Señor. Esta etapa será para promocionar nuevos ministerios y la preparación cultural e intelectual de los miembros. Los estudios se fundamentaron en la Geografía Bíblica, la Biblia y la Historia.


Con este nuevo impulso, también empiezan los reconocimientos internacionales por parte de aquellos que ya veían en Jerez una Iglesia grande y en proceso de crecimiento, comenzaron las visitas internacionales por pastores y ministros de Sudáfrica, USA, Uruguay, Finlandia, etc. Las campañas evangelísticas se hacen macro-campañas, con grupos de música, proyecciones, teatros y demás en la ciudad jerezana.
 

En este tiempo también nace el departamento de prensa.

El 22 de noviembre de 1987, con el excesivo crecimiento de la iglesia, los miembros aprueban la propuesta de Espejo de la compra de un nuevo recinto.


Cuarta etapa: La Calle Canto. Esta etapa será recordada como la etapa de establecimiento, crecimiento de ministerios, elaboración de discipulados, nombramiento de líderes y acuerdos con las diferentes competencias políticas.


En el casco antiguo de Jerez de la frontera, está ubicado el nuevo templo de Asamblea Cristiana, en la calle Canto número 7. Al principio era una bodega en ruinas que los hermanos, con arduo y constante trabajo, dejaron como uno de los inmuebles más bellos de la ciudad.


En esta nueva etapa también habrá un duro golpe para la Iglesia y para el propio Espejo. Los pastores que, salidos de la misma denominación, por manos de Manuel Espejo abandonan a éste por estar en inconformidad con los estatutos establecidos que, un día, ellos mismos también aprobaron. Cuatro fueron los hermanos que se desligaron de Asamblea Cristiana por inconformidad.


Fue un duro golpe aquel día que todos objetaron con Espejo. Además de trabajar en la construcción del templo y atender las reuniones, el rebaño se quedaba a nivel nacional sin sus pastores. Esto tendría para Espejo un doble y triple trabajo, pues tendría que volver a preparar a líderes para la congregación con rapidez y la bendición del Señor. Pero el Señor que todo lo sabe y nada se le escapa, lo ayudó, lo confortó y le dio fuerzas sobre humanas para afrontar la tarea, el 28 de julio de 1991 seis nuevos pastores fueron nombrados.


En 1988 los jóvenes crecían y crecían, evangelizando por las calles y dando testimonio público de lo que el Señor había hecho en sus vidas.


La inauguración del nuevo templo se llevó a cabo el 21 de Octubre de 1990, donde acudieron muchísimas personas, entre ellas, representantes del gobierno español y de la ciudad.


El nuevo programa sería: Terminar la rehabilitación del edificio; acondicionar departamentos para rehabilitación; pagar la deuda bancaria; fraccionar a la iglesia de Jerez en secciones locales; crear estatutos a nivel nacional para la convivencia entre las iglesias y atención a las prisiones.


Por los motivos de separación de los pastores se tuvieron que añadir algunas metas más, como la de preparar hombres para el pastoreado; restaurar la dimensión espiritual de la iglesia resentida; potenciar la consejería; involucrar a los colaboradores en la predicación; recuperar a las ovejas dañadas; presentar los posibles candidatos al pastoreado etc.


A partir de aquí se inician visitas frecuentes con los altos cargos políticos de la ciudad de Jerez para establecer acuerdos y cesiones para una mutua ayuda. Llega desde México un nuevo director de Alabanza (Tomas Spyker), se realizan cada año bautizos masivos, se crea una escuela de música y grupo de alabanza integrado por más de 20 personas, un centro de rehabilitación para mujeres, una biblioteca, se amplían las instalaciones para ocuparse de la drogodependencia y se divide a la iglesia por secciones; se nombra más pastores y llegan a Jerez los primeros colaboradores apostólicos, además, se integran en la denominación estudiantes de seminarios y, como evento histórico, se encomienda a la primera mujer al pastoreado; se pacta con IBSTE un acuerdo académico y Espejo empieza sus viajes internacionales.


El inmueble de la calle Canto, convertido en Templo Protestante, a alcanzado una entrada de casi 1000 personas en eventos especiales.
 

Conclusión y despedida
 

La vida de Espejo, como vemos en este cuarto de siglo, ha sido constante, sin descanso, gran personaje el que nos toca, gran siervo de Dios.

La Asamblea Cristiana apareció en el noticiero evangélico americano TAPAS en un reportaje que se titulaba: ¿Cómo conseguir 400 miembros? El noticiero recalca la labor de Espejo diciendo que la iglesia tiene un fuerte programa disciplinario, oportunidad de servir en grupos, gran énfasis en la alabanza durante el tiempo de servicio, evangelismo personal y duro trabajo.


Manuel Espejo Sánchez tiene el día de hoy 67 años y tiene un currículum muy extenso: Escritor de más de diez discipulados distintos, experto en crecimiento de iglesias, escritor, maestro, consejero, músico, pintor, relaciones públicas con las distintas instituciones, etc.


La Iglesia de Asamblea Cristiana, aunque no con el mismo auge, sigue creciendo el día de hoy. Espejo es reconocido en su tierra, respetado, querido y “profeta” entre los suyos.


Y por qué no, vamos a terminar con unas palabras que le dedicó Juan Antonio Monroy en el prólogo de la historia de Asamblea Cristiana:


“El éxito de Espejo está en su personalidad, en la capacidad de comunicación y seducción, en la voz que dispara cuando canta, en su proximidad a las personas, en su entrega total a Dios, en su enamoramiento de Cristo, en su dependencia del Espíritu Santo, en su trabajo incansable”.
¡Dios te bendiga querido maestro!


Porque no queremos perder detalle, esperamos que con sus opiniones y escritos, puedan ayudarnos a hacer de esta biografía una con más detalle y datos históricos, esperamos su respuesta en esta sección.


Por todo el esfuerzo, el ingenio, el Amor a Dios y la entrega a los demás queda reflejado y escrito que: D. Manuel Espejo Sánchez es uno de los españoles Ilustres que los biógrafos recuperaron.

lunes, 26 de marzo de 2012

Hablando con los Planetas (Del Soberano Gran Comendador Iluminista Nikola Tesla)



(Marzo 1901)
“Cuando yo estaba mejorando mis máquinas para la producción de intensas acciones eléctricas, también perfeccionaba los medios para observar débiles esfuerzos. Uno de los resultados más interesantes, y también uno de gran importancia práctica era el desarrollo de ciertas invenciones para indicar a distancia de muchos cientos de millas una tormenta que se acerca, su dirección, velocidad y distancia viajada.

“Fue continuando este trabajo que por primera vez descubrí aquellos misteriosos efectos que habían provocado tal interés inusual. Había perfeccionado el aparato referido hasta ahora, que desde mi laboratorio en las montañas de Colorado.

Yo pude sentir el pulso del globo, como era, notando cada cambio eléctrico que ocurría dentro de un radio de mil cien millas. Jamás podré olvidar las primeras sensaciones que experimenté cuando se me aclaró que había observado algo, posiblemente de incalculables consecuencias para la humanidad.”

“Sentí como si estuviera presenciando el nacimiento de un nuevo conocimiento, o la revelación de una gran verdad. Mis primeras observaciones me aterraron positivamente, ya que en ellas estaba presente algo misterioso, por no decir sobrenatural, y yo estaba solo en mi laboratorio por la noche; pero en ese tiempo la idea de que estos disturbios fueran señales inteligentemente controladas todavía no se me presentaba.

“Los cambios que note estaban teniendo lugar periódicamente y con tan clara sugerencia de número y orden que no eran rastreables a ninguna causa conocida para mi. Yo estaba, por supuesto, familiarizado con tales perturbaciones eléctricas como son producidas por el sol, las Auroras Boreales y las Corrientes terrestres, y estaba seguro, como podría estarlo ante cualquier hecho, que estas variaciones no se debían a ninguna de estas causas.

“La naturaleza de mis experimentos impidió la posibilidad de los cambios que estaban siendo producido por disturbios atmosféricos, como ha sido acertado a la ligera por algunos. Fue algún tiempo después, cuando el pensamiento destelló en mi mente, que los disturbios que había observado podrían ser debido a un control inteligente. Aunque no podía descifrar su significado, era imposible para mi pensar en ellos como que hubieran sido enteramente accidentales”.

“La sensación está creciendo constantemente en mi, de que yo he sido el primero en escuchar los saludos de un planeta al otro. Un propósito estaba detrás de estas señales eléctricas.”

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Nikola Tesla

miércoles, 28 de septiembre de 2011

TANTRA, de Nuestro Venerable Maestro Iluminista Silverspock

Homenaje de la Orden Iluminista, a uno de sus más venerables Fratrers.



TANTRA
 Posted: 9 octubre, 2010 by SILVERIO in 


El Tantra: Antecedentes Históricos

Según varias investigaciones tanto arqueológicas como antropológicas, el Tantra se puede rastrear incluso hasta hace 20.000 años. El Tantra se basaba antiguamente en la percepción de la vida como resultado de un acto de amor hacia el universo y todas las criaturas vivas, y se asociaba con la fertilidad. Su actitud hacia el sexo no es como la actual, donde debido a la influencia de la tradición judeocristiana, nos parece que el acto sexual es peligroso, tabú, e incluso malo o no deseable. En esta disciplina, la búsqueda es en un sentido espiritual la comunión total con el universo y una armonía con la energía de la vida, una trascendencia del espacio y del tiempo. De ahí, que de su práctica se alcancen muchas veces experiencias místicas, que superan la dualidad de la materia y la esencia y que alcanza una unidad consumada en la identidad de la diosa y el dios Shiva y Shatki. Así, el misterio del Tantra es la manifestación de lo oculto y lo conocido, es tener la capacidad de aprender la totalidad y no se basaba únicamente en las prácticas sexuales, sino que incluía también la meditación profunda y el uso de varios sacramentos.

En la India, esta concepción de mundo se convierte en religión aproximadamente en el 800 a.e.c (antes de la era común), y constituye el momento de mayor apogeo tántrico en la historia. Se construyeron templos eróticos sagrados, y había mucha literatura al respecto. Cuando India fue invadida, el Tantra fue prohibido, la mayoría de los templos fueron destruidos y sus practicantes fueron perseguidos. Sin embargo, subterráneamente se mantuvo esta práctica que ha llegado hasta nuestros días. Hoy en día, ante la carencia de una verdadera guía espiritual que sienten muchas personas, el Tantra ha resurgido como una opción. Antes que nada hay que comprender que aún cuando se plantea como una práctica sexual, el objetivo final o la meta no es el placer, sino que el sexo es sólo una herramienta para despertar la energía que se encuentra dormida en nuestro cuerpo, y así entrar en contacto con la energía misma de universo.


El Tantra en el Occidente resulta de muchas tradiciones tales como la hindú, la budista, la taoísta, la gnóstica y muchas otras formas consideradas paganas por la religión establecida. Ahora, muchas de las prácticas tántricas son independientes de la religión que se profese y no ponen en peligro nuestras creencias. Simplemente, el Tantra puede ser entendido como una sacralización del sexo. Al hablar de sacralización sexual, nos referimos a una visión de la sexualidad ritualizada que puede llevar a un sentido espiritual del mundo que nos rodea, y mediante la cual podemos llegar a alcanzar niveles superiores de compenetración con la vida misma y con nuestra pareja. De esta manera, el Tantra se presenta como una opción para liberarnos de muchos tabúes sexuales, de mitos y de prohibiciones que para el Tantra resultan antinaturales, ya que el sexo es fundamental para la creación y para nuestra existencia.

Hay que llamar la atención sobre el hecho de que muchas de los preceptos tántricos pueden sonar extraños o sorprendentes, pues provienen de otra cultura y no hay que perder esto nunca de vista. Más bien, debemos prepararnos a tener una mente abierta y respetar las costumbres que parezcan extrañas, e incluso aprender de estas costumbres, pues tal vez para tener una mayor satisfacción sexual es necesario dejar de verlo como mero placer físico, y comprender que en el momento del acoplamiento sexual podemos comunicarnos con fuerzas que normalmente rechazamos por desconocidas, y que el sexo puede ser espiritual y trascendental.
El Tantra: Un Camino Espiritual de Éxtasis
La sexualidad da origen al milagro de la vida, es mediante ella que la creación es posible, y es por eso que aunque lo negamos, la sexualidad rige gran parte de nuestro mundo. Ahora, no se sabe desde cuando, pero hubo un momento en que los seres humanos se separaron de una visión integral del sexo, y se volvió sólo una forma física de obtener placer, y el medio para tener hijos, dejando de lado todas las implicaciones espirituales. Sin embargo, en el Oriente hubo una cultura que guardó esta tradición, donde la sexualidad era todo un camino para elevarse, trascender y alcanzar un despertar total mediante el cual se relaciona con el universo entero. La disciplina que recupera y guarda con celo todo el conocimiento y las técnicas de sexualidad espiritual se ha conocido por siglos como Tantra. De esta forma, la sexualidad era todo un ritual para esta cultura, y se comprendía como una expresión de unión .
El Tantra era y es el rendimiento total y el abandono de cualquier condicionamiento cultural, mental e incluso emocional, de manera que la energía del universo regrese a nosotros y podamos verdaderamente ser libres. Cuando las culturas se fortalecieron, se asentaron y se instituyeron como patriarcales, tal conexión se fue olvidando. Llegó la cultura judía y otras religiones monoteístas que vieron en el sexo todo un sistema de prohibiciones, en tanto era animal y alejaba de Dios. En ese momento, ocurrió la separación entre cuerpo y alma, y se entendió el cuerpo como cárcel del alma, y la sexualidad (mediante la cual, el demonio tentó a Eva, y por la cual se cometió el Pecado Original), se convirtió en representación de lo maligno, de pecado y abandono de lo espiritual, se convirtió en hambre de placer animal. Y una de las consecuencias más negativas de este suceso, fue que se perdió la sexualidad espiritual, que cambiaba el miedo y el apego en amor y poder universal. Así, hoy en día, y tal vez debido a que las relaciones entre Oriente y Occidente se han afianzado, el Tantra ha vuelto a resurgir como una respuesta, como una búsqueda más de alcanzar a Dios.

Así, el sexo es para el Tantra, el camino que lleva a Dios, por eso es sagrado y no debe ser reprimido ni entendido como pecado. Según parece, existe una fuerte relación entre el Kama Sutra y el Tantra, pues el primero es el tratado de la sexualidad con una perspectiva tántrica. Además, Kama es también el nombre de la diosa del amor hindú, y el Tantra lo que busca es el amor sin represión alguna. De esta forma, la búsqueda del Tantra es la unión con el universo, el orgasmo con el universo, con la energía vital. Cuando se logra despertar la energía que tenemos dentro mediante la sexualidad, es cuando se han despertado los chakras o el kundalini, que son esa fuerza vital que vincula con todas las cosas, con todos los seres, con Dios. Es así, como quienes practican el Tantra se vuelven menos codependientes, neuróticos y celosos; pues adquieren una armonía con la totalidad de la existencia que elimina cualquier visión o sentimiento negativos y descubren su ser interior.

Apuntes tomados de una artículo que leí hace tiempo, y que le he dado forma literaria, para la curiosidad de quien quiera leerlo, y evidentemente como os digo siempre, intentar ser felices.
 

Página de Origen: El Candil de los Pensamientos:
http://elcandildelospensamientos.com/2010/10/09/tantra/

lunes, 19 de septiembre de 2011

Carta del Supremo Comendador Iluminista, Leonardo da Vinci, dirigida a Ludovico Sforza Duque de Milán.

Muchos fratres y sorores iluministas, prefieren ver a nuestro Soberano Gran Maestro Leonardo como un anciano barbudo buscador de la paz y, quizá, relacionado con los venerables albigenses: Todo ello es absolutamente cierto, más que cierto, dado que llegó a ser un Perfecto de la Fraternidad Cátara y vivió infiltrado entre las gentes nobles y caros religiosos de la época. No obstante, Leonardo también fue un hombre y además joven. El siguiente Escrito fue realizado a los 30 años de edad ofreciéndole al mecenas Ludovico sus servicios como Ingeniero Militar. Recuerden que los iniciados también debemos ser valientes guerreros dispuestos a tomar las armas por el bien común

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Ilustrísimo Señor mío, después de ver y considerar suficientemente las pruebas de todos aquellos que se llaman maestros y compositores de instrumentos bélicos, y toda vez que la invención y operación con dichos instrumentos no están fuera del uso corriente, me esforzaré , sin menoscabo de otras, en hacerme entender por su excelencia, le abriré mis secretos y me pongo a disposición de su excelencia para llevar a efecto y demostrar cuando lo estime oportuno aquellas cosas que en parte brevemente se anotan a continuación:



1. Tengo proyectos de puentes ligerísimos y fuertes, que se pueden transportar con mucha facilidad.


2. Sé cómo en el asedio a una tierral sacar el agua de los fosos y hacer un número infinito de puentes, escalas de cuerda y otros instrumentos.


3. Si. por la altura del terreno o por la fuerza del lugar y del sitio no se pudiese en un asedio usar el oficio de las bombas, conozco maneras de acabar con ciudadelas y fortalezas, aun cuando estén construidas en la roca.


4. Asimismo tengo ideas para hacer cañones comodísimos y muy fáciles de trasladar, con los que tirar piedras pequeñas como una lluvia de granizo.


5. Y si sucediera estando en el mar, tengo planos de numerosos instrumentos utilísimos para atacar y defenderse, incluyendo barcos que resistirían el fuego de los mayores cañones, y polvo y humo.


6. también conozco modos de llegar sigilosamente a un determinado lugar por cuevas y pasajes secretos, aunque fuera para ello necesario pasar bajo un río.


7. puedo hacer también carros cubiertos, seguros e inofensivos con los que entrar dentro de las líneas enemigas con artillería, y no habrá compañía de hombres de armas tan grade como para que los carros no la deshagan. Y tras ellos la infantería llegará y los encontrará prácticamente desarmados y sin apenas oposición.


8. del mismo modo, si fuera preciso, hará cañones, morteros y artillería de formas bellísimas y útiles, fuera del uso común.


9. donde no sea posible usar cañones, diseñaré diferentes tipos de catapultas y otros instrumentos de inmejorable eficacia muy diferentes de los comúnmente usados en resumen, dependiendo de lo que las variadas circunstancias dicten, diseñaré infinitos artefactos de ataque y defensa.


10. en tiempos de paz, creo que puedo darle tanta satisfacción como cualquier otro en arquitectura, en la construcción de edificios públicos y privados, así como en la conducción de agua de un sitio a otro.


11. Puedo realizar esculturas en mármol, bronce o barro, así como pinturas, y mi trabajo puede compararse al de cualquier otro, quien quiera que sea.


12. además, yo podría asumir la obra del caballo de bronce que será gloria inmortal y honor eterno de la memoria feliz del señor padre vuestro y de la ilustre casa de los Sforzas.


13. Y si en alguna de las cosas mencionadas le pareciesen a alguien imposibles o no factibles, me declaro dispuesto a hacerle una demostración en su parque o el lugar que prefiera Vuestra Excelencia, a quien me encomiendo con toda humildad.






Leonardo da Vinci


Enlace a la página Original del Escrito:
http://davidaustria.com/2011/09/05/curriculum-vitae-de-leonardo-da-vinci/

domingo, 18 de septiembre de 2011

Supremo Gran Maestre Iluminista, Carl G. Jung: El secreto de la flor de oro (1929)





INTRODUCCIÓN


1 . Por qué le es difícil al europeo comprender el Este.

En tanto soy un hombre que siente por entero a la manera occidental, no puedo sino experimentar en lo más profundo la foraneidad de este texto chino. Cierto, algunos conocimientos de las religiones y filosofías orientales ayudan a mi intelecto e intuición a comprender esas cosas de alguna forma, de modo que también logro concebir las paradojas de las concepciones religiosas primitivas "etnológicamente" o "según la historia comparativa de las religiones". Ésta es la modalidad occidental: velar el propio corazón bajo la capa de la llamada comprensión científica, por una parte porque la misèrable vanité des savants teme, y al mismo tiempo rechaza, los signos de la simpatía viviente, y por otra porque una aprehensión, que involucrara los sentimientos, del espíritu foráneo podría configurar una vivencia a ser tomada en serio. La llamada objetividad científica debía reservar este texto a la perspicacia filológica de los sinólogos, y guardarlo celosamente de toda otra interpretación. Pero Richard Wilhelm echó una ojeada más profunda en la vitalidad misteriosa y subterránea del saber chino, como para que pudiera dejar desaparecer en la gaveta de una ciencia especializada tal perla de la más alta y penetrante visión. Me es un especial honor y alegría el que su elección de un comentarista psicológico haya recaído justo en mí.


Sin embargo, este trozo escogido de conocimiento, que se halla por encima de toda especialidad, corre por cierto peligro de caer en otra gaveta especializada. Quien quisiera, empero, disminuir los méritos de la ciencia occidental, aserraría la rama sobre la que se asienta el espíritu europeo. La ciencia no es, en verdad, un instrumento perfecto, sino un instrumento inestimable y superior, que sólo produce el mal cuando pretende ser un fin en sí mismo. La ciencia debe servir, y yerra cuando usurpa un trono. Debe, incluso, servir a todas las demás ciencias, pues cada una tiene necesidad, precisamente a causa de su insuficiencia, del apoyo de las otras. La ciencia es la herramienta del espíritu occidental, y puede abrirse con ella más puertas que con las manos desnudas. Forma parte de nuestra comprensión, y oscurece la penetración sólo cuando toma la concepción que ella permite por el total de la concepción. Es, sin embargo, justamente el Este el que nos enseña una concepción distinta, más amplia, más profunda y más elevada, o sea la concepción mediante el vivir. A esta última realmente sólo se la conoce todavía pálidamente como un sentimiento desnudo, casi fantasmal, del modo de expresión religiosa, a consecuencia de lo cual se coloca también entre comillas, con placer, el "saber" oriental y se lo exila al oscuro campo de las creencias y supersticiones. Con eso, empero, queda totalmente mal entendida la "objetividad" oriental. No consiste en presentimientos sentimentales, místicamente excedidos, rayanos en lo enfermizo, de habitantes de un mundo aparte y de desequilibrados, sino de penetrantes concepciones prácticas de la flor de la inteligencia china, a la que no tenemos ningún motivo para subestimar. Esa afirmación podría quizás parecer muy audaz y por lo tanto provocar algunos meneos de cabeza, lo que es perdonable por la extraordinaria falta de conocimiento de la materia. Además, su foraneidad salta a la vista de tal manera que es enteramente concebible nuestra confusión acerca de cuándo y dónde el mundo del pensamiento chino pudiera ser unido al nuestro.


El error común (por ejemplo el teosófico) del hombre de Occidente, consisten en que, como el estudiante en Fausto, mal aconsejado por el diablo vuelve con desprecio la espalda a la ciencia y, percibiendo superficialmente el éxtasis del Este, emprende prácticas yogas al pie de la letra e imita deplorablemente. Así abandona su único suelo seguro, el espíritu occidental, y se pierde entre un vapor de palabras y conceptos que jamás se hubieran originado en cerebros europeos y sobre los que jamás pueden injertarse con provecho.


Un antiguo adepto dijo: "Pero si el hombre erróneo usa el medio correcto, el medio correcto actúa erróneamente." Ese proverbio de la sabiduría china, por desgracia tan sólo demasiado cierto, está en abrupto contraste con nuestra creencia en el método "correcto", independientemente del hombre que lo emplea. En verdad, todo depende, en esas cosas, del hombre, y poco o nada del método. El método es ciertamente sólo el camino y la dirección que uno toma, mediante lo cual el cómo de su obrar es la fiel expresión de su ser. Si esto no es así, el método no es más que una afectación, algo artificialmente aprendido como un agregado, sin raíces ni savia, sirviendo al objetivo ilegal del autoencubrimiento, un medio de ilusionarse sobre sí mismo y escapar a la ley quizás implacable del propio ser. Menos que nada tiene esto que ver con la firme raigambre y fidelidad a sí mismo del pensar chino; por el contrario, es renuncia al propio ser, traición de sí mismo a dioses foráneos e impuros, una maniobra cobarde para usurpar superioridad anímica: todo aquello que, en lo profundo, está en contra del sentido del "método" chino. Pues sus penetrantes concepciones se han originado en el vivir más pleno, más auténtico y más fiel, en esa vida cultural china inmemorial, coherentemente crecida, de manera lógica e insoluble, de los instintos más hondos, vida que es para nosotros, de una vez por todas, distante e inimitable.


La imitación occidental es trágica, por ser un malentendido no psicológico, tan estéril como las modernas escapadas a Nuevo Méjico, las beatíficas islas de los Mares del Sud y el África Central, donde se juega en serio a ser "primitivo", a fin de que el hombre de la cultura occidental escape en secreto a sus amenazantes tareas, a su Hic Rhodus hic salta. No se trata de imitar, y hasta de evangelizar, inorgánicamente lo foráneo, sino de reconstruir la cultura occidental, que padece de mil males. Y ello debe hacerse en el lugar adecuado; y a ello ha de llevarse al hombre europeo con su trivialidad occidental, con sus problemas matrimoniales, sus neurosis, sus ilusorias ideas sociales y políticas, y con su completa desorientación en lo que respecta al modo de considerar el mundo.


Confiésese mejor que, en el fondo, no se comprende lo recóndito y esotérico de un texto como éste, y aun que no se lo quiere comprender. ¿Ha de sospecharse en fin que ese enfoque anímico, que posibilita dirigir la vista de tal modo hacia adentro, puede ser sólo desligado así del mundo porque aquellos hombres colmaron de tal manera las exigencias instintivas de su naturaleza que poco o nada les impide percibir la esencia invisible del mundo? ¿Ha de ser quizás condición de tal mirar la liberación de esos apetitos y ambiciones y pasiones que nos detienen en lo visible, y ha de resultar esta liberación precisamente de una satisfacción plena de sentido de las exigencias instintivas, y no de su represión prematura y nacida de la angustia? ¿Quedará quizás libre la mirada para lo espiritual cuando la ley de la tierra sea observada? Quien esté al tanto de la historia de la moral china, y además haya estudiado cuidadosamente el I Ging, ese libro de sabiduría que penetra desde hace miles de años todo el pensar chino, por cierto que no desechará sin más esas dudas. Sabrá, también, que las opiniones de nuestro texto no son, en el sentido chino, nada inaudito sino sencillamente consecuencias psicológicas inevitables.


Para nuestra característica cultura del espíritu cristiano lo positivo y digno del esfuerzo de la búsqueda fue, durante la mayor parte del tiempo, simplemente el espíritu, y la pasión del espíritu. Sólo cuando, en el ocaso de la Edad Media, es decir, durante el curso del siglo XIX, el espíritu comenzó a degenerar en intelecto, surgió una reacción contra el insoportable predominio del intelectualismo, que cometió en primer lugar la falta, por ciento perdonable, de confundir intelecto con espíritu y acusar a éste de los delitos de aquél (Klages). El intelecto es, efectivamente, nocivo para el alma cuando se permite la osadía de querer entrar en posesión de la herencia del espíritu, para lo que no está capacitado bajo ningún aspecto, ya que el espíritu es algo más alto que el intelecto puesto que no sólo abarca a éste sino también a los estados efectivos. Es una dirección y un principio de vida que aspira a alturas luminosas, sobrehumanas. Le está, empero, opuesto lo femenino, oscuro, terrenal (Yin), con su emocionalidad e instintividad extendiéndose hacia abajo, hacia las profundidades del tiempo y las raíces de la continuidad corporal. Sin duda esos conceptos son puramente intuitivos, pero de ellos no cabe prescindir cuando se intenta concebir la esencia del alma humana. La China no pudo abstenerse de ellos, pues no se ha alejado tanto, como lo demuestra la historia de su filosofía, de los hechos centrales del alma como para haberlos perdido en la exageración y sobreestimación unilateral de una única función psíquica. Por lo tanto, nunca dejó de reconocer la paradoja y la polaridad de lo viviente. Los opuestos siempre se equilibran -un signo de alta cultura; mientras que la unilateralidad, aunque presta siempre impulso, es por ello un signo de barbarie. No puedo considerar la reacción que surge en Occidente contra el intelecto, a favor de Eros o a favor de la intuición, de otra manera que como un signo de progreso cultural, una ampliación de la conciencia por encima y más allá de los confines demasiado angostos de un intelecto tiránico.


En modo alguno quiero subestimar la enorme diferenciación del intelecto occidental; medido por él, puede designarse al intelecto oriental como infantil. (¡Esto naturalmente nada tiene que ver con la inteligencia!) Si lográramos elevar a la misma dignidad concedida al intelecto a otra, e incluso a una tercera función anímica, tendría el Occidente toda justificación para esperar dejar muy atrás al Este. Por eso es tan deplorable que el europeo se abandone e imite al Este, cuando tendría tantas posibilidades si permaneciese siendo él mismo y desarrollase a partir de su modalidad y de su esencia lo que, partiendo de las suyas, diera a luz el Este en el curso de milenios.


En general, y visto desde la posición incurablemente externa del intelecto, ha de parecer como si lo que el Este valora tan extremadamente no fuera para nosotros nada apetecible. Por cierto que el mero intelecto no puede comprender de inmediato qué importancia práctica podrían tener para nosotros las ideas orientales, por cuyo motivo sólo sabe clasificarlas como curiosidades filosóficas y etnológicas. La incomprensión va tan lejos que los mismos sinólogos eruditos no entienden la aplicación práctica del I Ging y, por ende, han considerado este libro como una colección de abstrusos ensalmos mágicos.


2 . La psicología moderna ofrece una posibilidad de comprensión.

He adquirido una experiencia práctica que me ha revelado un acceso totalmente nuevo e inesperado a la sabiduría oriental. Para ello, entiéndase bien, no he partido de un conocimiento más o menos insuficiente de la filosofía china. Por el contrario, cuando comencé mi carrera como psiquiatra y psicoterapeuta práctico, la desconocía por completo, y sólo mis ulteriores experiencias médicas me indicaron que, por medio de mi técnica, había sido conducido inconscientemente por ese camino secreto del cual, desde hace miles de años, se han ocupado los mejores espíritus del Este. Bien se podría tomar eso por imaginación subjetiva -y es por ello que hasta ahora vacilé en publicar cualquier cosa al respecto- pero Wilhelm, el excelente conocedor del alma de China, me ha confirmado francamente la coincidencia, infundiéndome así el coraje de escribir sobre un texto chino que, según toda su sustancia, pertenece a la misteriosa oscuridad del espíritu oriental. Sin embargo, su contenido es al mismo tiempo -y eso es lo extraordinariamente importante- un viviente paralelo de lo que ocurre durante el desarrollo anímico de mis pacientes, ninguno de los cuales es chino.


A fin de cerrar ese hecho extraño a la comprensión del lector, debe ser mencionado que, así como el cuerpo humano muestra una anatomía general por encima y más allá de todas las diferencias raciales, también la psique posee un sustrato general que trasciende todas las diferencias de cultura y conciencia, al que he designado como lo inconsciente colectivo. Esta psique inconsciente, común a toda la humanidad, no consiste meramente en contenidos capaces de llegar a la conciencia, sino en disposiciones latentes hacia ciertas reacciones idénticas. El hecho de lo inconsciente colectivo es sencillamente la expresión psíquica de la identidad, que trasciende todas las diferencias raciales, de la estructura del cerebro. Sobre tal base se explica la analogía, y hasta la identidad, de los temas míticos y de los símbolos, y la posibilidad de la comprensión humana en general. Las diversas líneas del desarrollo anímico parten de una cepa básica común, cuyas raíces se extienden al pasado. Se halla aquí, también, el paralelismo anímico con los animales.


Se trata -tomado de manera puramente psicológica- de comunes instintos de representación (imaginación) y de acción. Todo representar y actuar conscientes se han desarrollado de esos prototipos inconscientes, y se hallan ligados a ellos especialmente cuando la conciencia no ha alcanzado todavía ningún grado muy alto de lucidez, es decir cuando, en todas sus funciones, depende más de las pulsiones instintivas que de la voluntad consciente, del afecto que del juicio racional. Ese estado garantiza una salud primitiva anímica, que se convierte en inadaptabilidad tan pronto sobrevienen circunstancias que exijan un mayor esfuerzo moral. Los instintos sólo le son suficientes a una naturaleza que permanece idéntica a sí misma en integridad y magnitud. El individuo que depende más de lo inconsciente que de la elección consciente se inclina, en consecuencia, a un conservadurismo psíquico manifiesto. Tal es la razón de que los primitivos no cambien en miles de años y sientan pavor ante todo lo foráneo e inusitado. Ello podría llevarlos a la inadaptabilidad y por lo tanto al máximo de los peligros anímicos, o sea, a una especie de neurosis. La conciencia más elevada y más amplia, que sólo surge de la asimilación de lo foráneo, se inclina a la autonomía, a la rebelión contra los viejos dioses, que no son otra cosa que las poderosas imagenes primordiales inconscientes que hasta entonces mantuvieron en dependencia a la conciencia. Cuanto más vigorosa e independiente se hace la conciencia, y por ende la voluntad consciente, tanto más es empujado lo inconsciente hacia el trasfondo y tanto más fácilmente surge la posibilidad de que la formación consciente se emancipe del prototipo inconsciente y, ganando así en libertad, haga saltar las cadenas de la mera instintividad y arribe por último a un estado de falta de instinto o de oposición al instinto. Esa conciencia desarraigada, que no puede más referirse a la autoridad de las imágenes primordiales, es por cierto de una libertad prometeica, pero también de una Hybris sin dios. Planea sobre las cosas, hasta sobre los hombres, pero ahí está el peligro de que se dé vuelta, no para cada uno individualmente sino colectivamente para los más débiles de tal sociedad, quienes van a ser entonces, igualmente de manera prometeica, encadenados al Cáucaso por lo inconsciente. El chino sabio diría, con las palabras del I Ging, que cuando Yang ha alcanzado su máxima fuerza va a nacer en su interior el oscuro poder de Yin, pues al mediodía comienza la noche y Yang se rompe y cambia en Yin.


El médico está en posición de ver tal peripecia en traducción literal a lo viviente. Por ejemplo: un exitoso hombre de negocios, dedicado a ellos exclusivamente, que alcanzaba todo lo que quería sin cuidarse de la muerte ni del diablo, y en la cima de su éxito se retira de su actividad, en el tiempo más breve cae en una neurosis que lo transforma en una vieja llorona, lo encadena al lecho y, con ello, por decirlo así, lo destruye finalmente. Todo está ahí, hasta la mudanza de lo masculino en lo femenino. Un paralelo exacto de eso lo encontramos en la leyenda de Nabucodonosor, en el libro de Daniel y, en general, en la demencia de los Césares. Casos similares de desmedida extensión unilateral del punto de vista consciente y la correspondiente reacción Yin de lo inconsciente, constituyen un considerable elemento de la práctica de los especialistas en nerviosas en nuestro tiempo de sobrevaloración de la voluntad consciente. ("¡Donde hay una voluntad, también hay un camino!") Entiéndase bien: no quiero yo despreciar en nada el alto valor moral del querer consciente. Conciencia y voluntad pueden sin menoscabo quedar conservadas como las más altas conquistas culturales de la humanidad. Pero, ¿de qué sirve una moralidad que destruye a los hombres? Poner de acuerdo al querer y al poder me parece ser más que moralidad. Moral a tout prix -¿un signo de la barbarie? La más de las veces me parece mejor la sabiduría. Quizás sean los anteojos del médico, a través de los cuales mira las cosas de otra manera. Por cierto, tiene él que reparar los daños que siguen por la estela del exagerado logro cultural.


Sea como se quiera, es un hecho de todos modos el que la necesaria unilateralidad aleja tanto a la conciencia de las imágenes primordiales, que se sigue el colapso. Y ya mucho antes de la catástrofe se anuncian los signos del error, como falta de instintos, como nerviosidad, como desorientación, como enredo en situaciones y problemas imposibles, etc. El examen médico revela en primer lugar un inconsciente que se halla en plena rebelión contra los valores conscientes y, por ende, imposible de ser asimilado por la conciencia, y lo inverso está fuera de la cuestión. Se está ante un conflicto aparentemente sin cura, con el que ninguna razón humana puede vérselas de otra forma que con soluciones equívocas o componendas sospechosas. Quien desdeña tanto una cosa como otra se halla ante la pregunta de dónde está pues la unidad, necesariamente tan exigida, de la personalidad, y puesto ante la necesidad de buscarla. Y aquí comienza ahora aquel camino que fuera en el Oriente recorrido desde tiempos inmemoriales, evidentemente como resultado del hecho de que el chino nunca estuvo en posición de apartar tanto uno de otro los opuestos de la naturaleza humana como para que se perdieran recíprocamente de vista, hasta la inconsciencia. Debe ser omnipresencia de su conciencia al hecho de que el Sic et Non permanecieran juntos en su vecindad original, como corresponde al primitivo estado espiritual. Aun así, no podía menos que sentir la colisión de los opuestos y, en consecuencia, investigar aquel camino por el que podría llegar a ser lo que los hindúes llaman nirvandva, es decir, libre de opuestos.


De ese camino se trata en nuestro texto, de ese mismo camino se trata también entre mis pacientes. No cabría, por cierto, mayor error que hacer emprender directamente al occidental las prácticas del yoga chino, pues de ese modo seguiría siendo cuestión de su voluntad y de su conciencia, y así simplemente la conciencia se fortificaría de nuevo frente a lo inconsciente, e incluso se alcanzaría el efecto que se debería evitar. Con ello no se haría otra cosa que incrementar la neurosis. No es posible acentuar demasiado el hecho de que no somos orientales, y que por lo tanto en estas cosas partimos de una base totalmente distinta. Asimismo sería equivocado suponer que ése sea el camino para cada neurótico, o para cada fase de la problemática neurótica. Sólo se trata, por de pronto, de aquellos casos en que la conciencia alcanza un grado anormal y, en consecuencia, está apartada, de modo inapropiado de lo inconsciente. Tal estado de conciencia es la conditio sine qua non. Nada sería más erróneo que querer emprender ese camino con los neuróticos cuya enfermedad obedece a un predominio indebido de lo inconsciente. Precisamente también por la misma razón, apenas tiene algún sentido ese camino de desarrollo antes de la mitad de la vida (normalmente entre treinta y cinco y cuarenta años), y hasta puede ser sobremanera nocivo.


Como se indicó ya, lo que me determinó esencialmente a tomar un nuevo camino fue la circunstancia de que me parecía insoluble el problema fundamental del paciente, cuando no se quería violar un lado u otro de su ser. Trabajé constantemente con la convicción temperamental de que no hay, en el fondo, ningún problema insoluble. Y la experiencia me ha dado la razón hasta ahora, pues a menudo vi cómo un hombre sobrepasaba simplemente un problema que hacía zozobrar a otro por completo. Ese "sobrepasar", como lo llamé previamente, se mostró, bajo una experiencia más amplia, como un aumento del nivel de la conciencia. Algún interés más alto y más amplio entró en la perspectiva y, debido a tal ensanchamiento del horizonte, el problema insoluble perdió su urgencia. No fue resuelto lógicamente en sí mismo, sino que palideció frente a una dirección nueva y más fuerte de la vida. No fue reprimido y hecho inconsciente, sino que meramente apareció bajo otra luz y así fue distinto. Lo que en un nivel más profundo había dado motivo para los conflictos más turbulentos y a una pánica tempestad de afectos, parecía ahora, contemplado desde el nivel más elevado de la personalidad, como un temporal de valle visto desde la cima de una alta montaña. Con ello la tormenta no es privada de su realidad, pero no se está más en ella sino encima. Pero puesto que, desde el punto de vista anímico, somos al tiempo valle y montaña, parece ilusión improbable el sentirse más allá de lo humano. Por cierto se experimenta el afecto, por cierto se es conmovido y atormentado, pero simultáneamente existe de manera perceptible un estado de conciencia trascendente, un estado de conciencia que impide que sea idéntico con el afecto, un estado de conciencia que toma como objeto al afecto, que puede decir: yo sé que sufro. Lo que nuestro texto dice de la pereza, a saber: "La pereza de la que se es consciente y la pereza de la que no se es consciente están apartadas por mil millas de distancia", vale también de la manera más plena para el afecto.


Lo que ocurría a ese respecto aquí y allá, a saber, que uno se sobrepasaba a sí mismo partiendo de oscuras posibilidades, me llevó a violentísima experiencia. Yo había aprendido a reconocer, en el ínterin, que los problemas más grandes y más importantes de la vida son, en el fondo, todos insolubles; deben serlo, pues expresan la polaridad necesaria que es inmanente a todo sistema autorregulativo. Jamás pueden llegar a ser resueltos, sino solamente sobrepasados. Me pregunté, por lo tanto, si esa posibilidad de sobrepasar, o sea de ulterior desarrollo anímico, no era en general lo dado normalmente, y, en consecuencia, lo enfermizo fuera quedar fijado a, o en, un conflicto. Todo hombre debiera realmente poseer, al menos como germen, ese nivel superior, y poder desarrollar esa posibilidad bajo circunstancias favorables. Cuando contemplé la senda de desarrollo de aquellos que, silenciosamente, como de modo inconsciente, se sobrepasan a sí mismos, vi que sus destinos tenían algo en común: lo nuevo se les aproximaba desde fuera o desde dentro surgiendo del oscuro campo de las posibilidades, lo aceptaban y, con ello, crecían en altura. Me pareció ser típico que uno lo tomara de fuera y otro lo tomara de dentro o, más bien, que creciese en uno desde fuera y en otro desde dentro. Jamás fue lo nuevo, sin embargo, una cosa solamente de fuera o solamente de dentro. Si venía de fuera, se hacía intimísima vivencia. Si venía de dentro, se hacía suceso externo. Nunca fue tampoco producido a propósito y por quererlo conscientemente, sino que más bien arribó fluyendo en el correr del tiempo.


Es para mí tan grande la tentación de hacer de todo una meta y un método, que premeditadamente, para no prejuzgar nada, me expreso de modo muy abstracto, pues lo nuevo no ha de ser eso o aquello; de lo contrario se hace de ello una receta, que se puede multiplicar "maquinalmente" y sería de nuevo el "medio correcto" en manos del "hombre erróneo". Me ha hecho la más profunda impresión de que lo nuevo que el destino guarda, rara vez, o nunca, corresponda a la expectativa consciente y, lo que es aun más notable, contradiga igualmente a los instintos arraigados, tal como los conocemos, y sea sin embargo una expresión extraordinariamente precisa de la personalidad total, una expresión que no se podría en absoluto imaginar más completa.


Y ¿qué hicieron esos hombres para obtener el progreso redentor? Hasta donde puedo yo ver, no hicieron nada (Wu Wei) sino que dejaron suceder, como lo señala el Maestro Lü Dsu, pues la Luz circula según su propia ley si uno no abandona su habitual vocación. El dejar ocurrir, el hacer en el no-hacer, el "dejarse" de Meister Eckhart, me sirvieron de llave con la que logré abrir la puerta del Camino: Debe poderse dejar suceder psíquicamente. Esto es para nosotros un verdadero arte, del que nada comprende la multitud de la gente por cuanto su conciencia interfiere permanentemente, ayudando, corrigiendo y negando, y, de cualquier manera, no dejando en paz al mero existir del proceso psíquico. La tarea sería pues bastante simple. (¡Si tan sólo la simplicidad no fuera lo más difícil de todo!) Consiste sola y únicamente en que, en primer lugar y por una vez, sea observado objetivamente un fragmento de fantasía en su desarrollo. Nada sería más simple que esto, pero ya acá comienzan las dificultades. Aparentemente no se tiene ningún fragmento de fantasía -o bien- pero es demasiado tonto -hay miles de buenas razones en contra. No se puede uno concentrar en él -es aburrido- qué habría de salir de él -no es sino- etc. La conciencia formula fecundas objeciones; de hecho se muestra como ávida de extinguir la actividad espontánea de la fantasía, a pesar de que exista la intención superior, y hasta la firme determinación, de dejar hacer al proceso psíquico sin inmiscuirse. A veces se da un formal espasmo de conciencia.


Si se logra vencer la dificultad del comienzo, de inmediato surge, sin embargo, la crítica, e intenta interpretar, clasificar, hacer estético o desvalorizar el trozo de fantasía. La tentación de colaborar es casi invencible. Después de una acabada observación fiel, se puede aflojar tranquilamente las riendas a la impaciencia de la conciencia, e incluso se lo debe hacer pues de lo contrario surgen resistencias obstructivas. Pero en cada observación debe de nuevo hacerse a un lado la actividad de la conciencia. Los resultados de esos esfuerzos son al principio, en la mayoría de los casos, poco alentadores. Por la mayor parte se trata de típicas tramas de fantasía que no permiten reconocer distintamente ningún "de dónde" o "hacia dónde". También son individualmente diversos los caminos de la obtención de las fantasías. Muchos tienen la mayor facilidad para escribirlas, otros las visualizan, y aun otros las dibujan o pintan, con o si visualización: En el espasmo de conciencia de alto grado, a menudo sólo pueden fantasear las manos; modelan o dibujan formas que con frecuencia son totalmente extrañas a la conciencia. Estos ejercicios deben ser continuados hasta que desaparece el espasmo de conciencia, hasta que, en otras palabras, se pueda dejar acontecer, lo que es el objetivo más inmediato del ejercicio. Es creada así una actitud nueva, que acepta también lo irracional e inconcebible, simplemente porque es lo que está aconteciendo. Tal actitud sería veneno para quien de una manera u otra está ya abrumado por lo que sencillamente acontece; es, empero, del más alto valor para quien ha elegido de manera constante, por medio de un juicio exclusivamente consciente, entre lo que acontece sólo aquello que conviene a su conciencia y, por lo tanto, ha derivado paulatinamente de la corriente de la vida a un remanso lateral.


Aquí se separan ahora aparentemente los caminos para los tipos arriba mencionados. Ambos han aprendido a aceptar lo que viene a ellos. (Como enseña el Maestro Lü Dsu: "Cuando las ocupaciones vienen a nosotros, se las debe aceptar; cuando las cosas vienen a nosotros, se las debe discernir hasta el fondo".) Uno aceptará ahora principalmente lo que le viene de fuera, y otro lo que le viene de dentro. Y, como lo quiere la ley de la vida, uno tomará de fuera lo que previamente jamás hubiera aceptado de fuera, y otro de dentro lo que hasta entonces había constantemente excluído.


Esta reversión del ser importa un agrandamiento, elevación y enriquecimiento de la personalidad, cuando los valores anteriores, en tanto no son meras ilusiones, son firmemente mantenidos durante la reversión. Si no se mantienen, cae el hombre al otro lado, y pasa de la aptitud a la inaptitud, de la adaptación a la inadaptabilidad, del sentido a lo insensato, y aun hasta de la razón a la perturbación espiritual. El Camino no está libre de peligros. Todo lo bueno es costoso, y el desarrollo de la personalidad pertenece a las cosas más caras. Se trata de decirse sí a sí mismo -proponerse a sí mismo como la más seria de las tareas y permanecer continuamente consciente de lo que se hace y mantenerlo en todos sus aspectos dudosos siempre ante los ojos-, una tarea, en verdad, que llega a la médula.


El chino puede remitirse a la autoridad de su entera cultura. Si emprende el largo Camino, hace lo que es reconocidamente mejor de lo que en suma puede hacer. Pero el occidental, suponiendo que quiera realmente tomar ese camino, tiene a toda autoridad en su contra, en los campos intelectual, moral y religioso. Por eso es tan infinitamente más fácil imitar el Camino chino y dejar burlado al europeo dudoso o, menos fácil, buscar de nuevo el camino de retorno al medievalismo europeo de la iglesia cristiana y erigir otra vez el muro europeo que ha de separar a los verdaderos hombres cristianos de los pobres paganos y curiosidades etnográficas que habitan en su torno. Llega aquí a abrupto fin el coqueteo estético o intelectual con vida y destino. El paso a la conciencia superior conduce fuera de todos los respaldos y seguridades. El hombre debe dársele por completo, pues sólo mediante su integridad puede avanzar, y sólo su integridad puede serle garantía de que su Camino no se tornará absurda aventura.


Reciba uno su destino de fuera o de dentro, las vivencias y sucesos del Camino permanecen los mismos. Por lo tanto, no necesito decir nada de los variados sucesos externos e internos, cuya diversidad sin fin de ninguna manera podría yo agotar. Tampoco sería importante en relación con nuestro texto a comentar. En cambio, hay mucho que decir de los estados anímicos que acompañan el desarrollo ulterior. Tales estados anímicos son expresados simbólicamente en nuestro texto, y por cierto en símbolos que desde hace muchos años me son bien conocidos a través de mi práctica. 




LOS CONCEPTOS FUNDAMENTALES


1 . T a o. 

La enorme dificultad que presenta la traducción de este texto y otros similares consiste en que el autor chino parte siempre de lo central, es decir, de lo que designaríamos como cima, meta o penetración más profunda y última; algo, en consecuencia, de tal manera pretencioso, que un hombre con intelecto crítico tendría la sensación de hablar con arrogancia ridícula o pura insensatez si se animara a pronunciar un discurso intelectual sobre las experiencias anímicas más sutiles de los más grandes espíritus del Este. Así, nuestro texto comienza: "Lo que es por sí mismo se llama Tao". Y el Hui Ming King empieza con las palabras: "La esencia y la vida son el más fino secreto de Tao". Es característico del espíritu occidental que no posea absolutamente ningún concepto para Tao. El signo chino para Tao está compuesto del signo para "cabeza" y del signo para "ir". Wilhelm traduce Tao por "sentido", otros por "camino", por "providencia" y hasta, como jesuitas, por "Dios". Esto muestra la dificultad.


"Cabeza" podría indicar la conciencia, "ir", el "dejar camino atrás". Según esto la idea sería: "ir consciente" o "camino consciente". Concuerda con ello que se emplee como sinónimo de Tao a la "Luz del Cielo" que, como "Corazón del Cielo", "mora entre los ojos". Esencia y vida están contenidas en la Luz del Cielo y son, según Liu Hua Yang, los secretos más importante de Tao.Ahora bien, la "Luz" es el equivalente simbólico de la conciencia, y la naturaleza de la conciencia es expresada por analogía con la luz. El Hui Ming King es introducido por los versos: 

"Si quieres consumar sin efluxiones el cuerpo diamantino, debes calentar expresamente la raíz de la conciencia.  Debes iluminar la tierra beatífica, constantemente próxima, y ahí dejar siempre residir oculto tu verdadero yo".


Estos versos contienen una especie de instrucción alquímica, un método o un camino para la generación del "cuerpo diamantino" que es también dado a entender en nuestro texto. A ese fin se tiene necesidad de un "calentamiento", o sea una elevación de la conciencia, para que sea "iluminada" la morada de la esencia espiritual. Sin embargo, no sólo la conciencia, sino también la vida, debe ser elevada. La unión de ambas produce "vida consciente". Según el Hui Ming King los antiguos sabios sabían cómo suprimir la separación entre conciencia y vida, pues cultivaban a las dos. De esta manera se "hace fundir la Schêli (el cuerpo inmortal) y así se "consuma el gran Tao".


Cuando concebimos a Tao como método o como camino consciente, que ha de unir lo separado, puede que hayamos llegado bien cerca del tenor psicológico del concepto. De todas maneras no se puede entender, como separación de conciencia y vida, sino lo que más arriba llamé desviación o desarraigo de la conciencia. Se trata también sin duda, en cuanto a la cuestión de conciencializar los opuestos, de la "reversión", de una nueva unificación con las leyes de la vida inconscientes, y el objeto de esa unificación es el logro de vida consciente; expresado a la manera china: producción de Tao.


2. El movimiento circular y el centro. 

La unión de los opuestos sobre un nivel más elevado no es, como ya se destacó, ningún asunto racional, y tampoco cosa del querer, sino un proceso de desarrollo psíquico que se expresa en símbolos. Históricamente fue siempre representado por símbolos y aún hoy se manifiesta en el desarrollo individual de la personalidad a través de figuras simbólicas. Ese hecho resultó, para mí, de las siguientes experiencias: las fantasías espontáneas, de las que tratamos más arriba, se ahondan y concentran paulatinamente en imágenes abstractas que aparentemente representan "principios", verdaderos archai gnósticos. Cuando las fantasías son principalmente expresadas como pensamientos, entran en escena formulaciones intuitivas de leyes o principios oscuramente presentidos, que de inmediato son dramatizados o personificados. (De esto habremos de tratar todavía más abajo.) Si las fantasías son dibujadas, surgen símbolos que pertenecen principalmente al tipo llamado mandala. Mandala quiere decir círculo, en especial círculo mágico.

No sólo están los mandalas expandidos por todo el Oriente, sino que también entre nosotros se hallan abundantemente atestiguados durante la Edad Media. Los cristianos especialmente han de ser situados a principios de la Edad Media, en su mayor parte con Cristo en el centro y los cuatro evangelistas, o sus símbolos, en los puntos cardinales. Esta concepción debe ser muy antigua, puesto que también es representado así por los egipcios Horus con sus cuatro hijos. (Horus con sus cuatro hijos tiene, como se sabe, relaciones muy próximas con Cristo y los cuatro evangelistas.)  Más tarde encontramos un evidente mandala, altamente interesante, en el libro de Jakob Boehme sobre el alma. Es enteramente visible allí que se trata de un sistema psicocósmico con una fuerte trama cristiana. Lo llama él "el ojo filosófico" o "el espejo de la sabiduría", con lo que se da a entender manifiestamente una summa del saber secreto. En su mayor parte, los mandalas tienen forma de flor, cruz o rueda, con una clara propensión al cuatro, que recuerda la tetraktys pitagórica, el número básico. Se hallan también tales mandalas, como diseños en arena para usos rituales, entre los indios pueblos.




Entre mis pacientes he observado algunos casos de señoras que no dibujaban los mandalas, sino que los bailaban. Para eso existe en la India el término mandala nritya = danza mandala. Las figuras de la danza expresan idéntico significado que los dibujos. Los pacientes mismos poco pueden declarar acerca del sentido de los símbolos mandálicos. Solamente son fascinados por ellos y de alguna manera los hallan, con respecto al estado anímico subjetivo, plenos de expresión y efecto.


Nuestro texto promete "revelar el secreto de la Flor de Oro del gran Uno". La Flor de Oro es la Luz, y la Luz del Cielo es Tao. La Flor de Oro es un símbolo mandálico con el que me he encontrado a menudo entre mis pacientes. Es dibujada ya en vista general, en consecuencia como un ornamento geométrico regular, ya también en vista particular como flor que crece de una planta. La planta es, a menudo, una imagen en colores luminosos ígneos, que crece de una oscuridad subyacente, y lleva encima la Flor de Luz (un símbolo similar al árbol de Navidad). En tal dibujo se expresa simultáneamente el origen de la Flor de Oro, pues según el Hui Ming King se halla ahí la "vesícula germinal", que no es otra cosa que el "Castillo Amarillo", la "terraza de la vitalidad", el "campo de una pulgada de la casa de un pie", la "sala purpúrea de la ciudad de jade", el "oscuro desfiladero", el "espacio del Cielo anterior", el "castillo del dragón sobre el fondo del mar". También es llamada "la zona limítrofe de las montañas de nieve", el "desfiladero primordial", el "reino del supremo goce", la "tierra sin límites" y el "altar donde son producidos conciencia y vida". "Cuando un muriente no conoce este lugar germinal", dice el Hui Ming King, "no encontrará la unidad de conciencia y vida en mil nacimientos y diez mil eras del mundo".



El principio, en el que todavía todo es uno, y que por ende aparece como la más alta meta, yace sobre el fondo del mar, en la oscuridad de lo inconsciente. En la vesícula germinal conciencia y vida (o "esencia" y "vida" = sing - ming) son todavía "una unidad" , "inseparablemente mezcladas como la simiente del fuego en el horno de refinar". "Dentro de la vesícula germinal está el fuego del soberano". "En la vesícula germinal han comenzado su trabajo todos los sabios". Adviértanse las analogías relativas al fuego. Conozco una serie de dibujos mandálicos europeos donde algo así como una simiente vegetal, rodeada por envolturas, nada en agua penetrando en ella el fuego desde las profundidades, lo que genera crecimiento y causa de tal modo el nacimiento de una gran flor de oro, que crece de la vesícula germinal.




Cuando mis pacientes esbozan tales imágenes, ello no ocurre naturalmente por sugestión, pues tales imágenes fueron hechas antes de que me fuera conocido su significado o su relación con las prácticas del Este, que entonces ignoraba yo por completo. Nacían en forma enteramente espontánea, y de dos fuentes. Una fuente es lo inconsciente, que engendra tales fantasías espontáneamente; la otra fuente es la vida, que vivida con la devoción más plena da unpresentimiento del sí mismo, de la esencia individual. La percepción de la última fuente se expresa en el dibujo; la primera fuente obliga a un darse a la vida. Pues, totalmente en concordancia con la concepción oriental, el símbolo mandálico no sólo es expresión sino que también tiene efecto. Reacciona sobre su autor. Antiquísimos efectos mágicos se asocian con ese símbolo, pues desciende originalmente del "círculo protector", del "circulo encantado", cuya magia se ha conservado en innumerables usos populares. La imagen tiene el objeto manifiesto de trazar un sulcus primigenius, un surco mágico alrededor del centro, el templum o el temenos (recinto sacro) de la personalidad más íntima para impedir la "efluxión" o rechazar apotropéyicamente la distracción por lo externo. Las prácticas mágicas no son otra cosa que proyecciones del acontecer anímico, que hallan aquí su reaplicación sobre el alma, obrando como una especie de encantamiento de la propia personalidad; es decir, un retrotraer, sostenido y facilitado por medio del proceder gráfico, de la atención o, mejor dicho, de la participación, a un recinto sacro interno que es origen y meta del alma, y que contiene esa unidad de vida y conciencia primero tenida, perdida luego y que ha de encontrarse nuevamente. La unidad de ambas es Tao, cuyo símbolo sería la luz blanca central -de manera similar al Bardo Tödol.

Esa luz reside en la "pulgada cuadrada" o en la "cara", es decir, entre los ojos. Es la manifestación del "punto creativo", una intensidad inextensa, pensada en conjunto con el espacio de la "pulgada cuadrada", con el símbolo de lo extenso. Ambos juntos es Tao. Esencia o conciencia (sing) tienen símbolos lumínicos, son por lo tanto intensidad. En consecuencia, vida (ming) coincidiría con extensión. La primera tiene carácter Yang y la segunda Ying. En la más completa analogía con la idea fundamental china, el mandala arriba citado, de una joven sonámbula de quince años y medio a quien traté hace más de treinta años, muestra en el centro una inextensa "fuente de fuerza vital", que en su emanación se topa de manera inmediata con un principio opuesto, espacial.

El "cercamiento", o circunambulatio, se expresa en nuestro texto por la idea del "curso circular". El curso circular no es meramente movimiento circular, sino que tiene por un lado el significado de un aislamiento del recinto sacro, y por el otro el de fijar y concentrar; la rueda solar comienza a correr, es decir, el sol es vivificado y comienza su carrera; en otras palabras, Tao comienza a actuar y a asumir la conducción.


El hacer se trueca en no-hacer, esto es, todo lo periférico es subordinado al comando de lo central; por lo tanto se dice: "Movimiento es otro nombre para dominación." Psicológicamente, ese curso circular sería un "dar vueltas en círculo en torno a sí mismo", con lo cual evidentemente quedan implicados todos los aspectos de la personalidad. 'Los polos de lo luminoso y de lo oscuro son puestos en movimiento circular", o sea, surge una alternancia de día y noche.







"Alterna la lucidez del Paraíso 
Con la noche profunda, plena de terrores." (GOETHE)


Según eso, el movimiento circular tiene también el significado moral de la vivificación de todas las fuerzas lúcidas y oscuras de la naturaleza humana y, con ello, de todos los opuestos psicológicos de cualquier índole que sean. Lo cual no significa otra cosa que el autoconocimiento a través de la autoincubación (índico: tapas). Una presentación primitiva semejante del ser perfecto es el hombre platónico, redondo por todos lados, en el que también los sexos están unificados.


Uno de los paralelos más hermosos de lo que aquí dicho es la descripción que de su vivencia central ha esbozado Edward Maitland, el colaborador de Anna Kingsford. Sigo sus propias palabras tanto como es posible. Él había descubierto que, al reflexionar sobre una idea, se hacían visibles, por decirlo así, ideas afines en largas series, aparentemente hacia atrás hasta su misma fuente, que para él era el espíritu divino. Por medio de la concentración  sobre esas series hizo la tentativa de llegar hasta su origen. "No tenía yo ningún conocimiento y ninguna esperanza, cuando me decidí a esa tentativa. Simplemente experimentaba con esta facultad . . . mientras estaba sentado al lado de mi mesa de escribir, para anotar los sucesos en su serie, y resolví mantener firmemente mi conciencia externa y periférica sin importar cuán lejos pudiera yo ir en mi conciencia interna y central. Pues yo no sabía si podría volver a la primera una vez que la dejara libre, o si podría rememorar los sucesos. Finalmente lo logré, por cierto con gran fatiga puesto que la tensión ocasionada por el esfuerzo de mantener ambos extremos de conciencia simultáneamente era muy grande. Al comienzo sentí como si subiera una larga escalera desde la periferia al centro de un sistema, que al mismo tiempo era el mío propio, el solar y el cósmico. Los tres sistemas eran diferentes, y sin embargo idénticos . . . Por fin, con una última fatiga . . . logré concentrar los rayos de mi conciencia sobre el ansiado punto focal. Y, en el mismo instante, se alzó ante mí, como si una repentina inflamación hubiera refundido en una unidad todos los rayos, una prodigiosa luz blanca, inefablemente radiante, cuya fuerza era tan grande que casi me repelió . . . Si bien sentí que no me era necesario investigar más esta luz, resolví sin embargo asegurarme aún otra vez, intentando penetrar este brillo, que casi me cegaba, para ver qué contenía. Lo logré con gran fatiga . . . Era la dualidad del Hijo . . . lo oculto hecho evidente, lo indefinido definido, lo inindividuado individuado, Dios como Señor, que prueba mediante su dualidad que Dios es tanto sustancia como fuerza, amor como voluntad, femenino como masculino, madre como padre." Halló que Dios es dos en uno, como el hombre. Observó además algo que también destaca nuestro texto, es decir, la "suspensión de la respiración". Dice que la respiración común ha cesado, y una especie de respiración interna la ha sustituido, "como si otra persona, diferente de mi organismo físico, hubiera respirado en él". Considera que ese ser es la entelequia de Aristóteles, y el "Cristo interno" del apóstol Pablo, "la individualidad espiritual y sustancial engendrada dentro de la personalidad física y fenoménica, y representando por lo tanto el renacimiento del hombre en un plano trascendental".

Esa genuina vivencia contiene todos los símbolos esenciales de nuestro texto. El fenómeno mismo, es decir, la visión de la luz, es una vivencia común a muchos místicos que indudablemente es del más alto significado, pues en todos los lugares y todas las épocas se muestra como lo incondicionado, que reúne en sí la mayor fuerza y el sentido más alto. Hildegard von Bingen, personalidad significativa aun cuando no se tenga en cuenta su mística, se expresa sobre su visión central de manera muy similar: "Desde mi niñez", dice, "veo siempre una luz en mi alma, pero no con los ojos externos y tampoco con los pensamientos de mi corazón; tampoco toman parte en ella los cinco sentidos exteriores . . . La luz que percibo no es de especie local, sino que es mucho más lúcida que la nube que lleva el sol. No puedo distinguir en la misma ninguna altura, anchura o longitud . . . Lo que veo o aprendo en tal visión me queda largo tiempo en la memoria. Veo, oigo y sé al mismo tiempo; y aprendo lo que sé como si fuera en un instante . . . No puedo discernir absolutamente ninguna forma en esta luz, que para mí se llama la Luz viviente . . . Mientras gozo de la contemplación de la luz desaparece de mi memoria toda tristeza y dolor. . . " Yo mismo conozco algunas pocas personas que saben de esa vivencia por propia experiencia. En la medida en que fue posible decidir algo sobre semejante fenómeno, parece tratarse de un estado agudo de conciencia tan intensiva como abstracta, de una conciencia "desligada" (comparar más abajo) que, como Hildegard justamente indica, hace que se conciencialicen campos del acontecer anímico que de otra manera están cubiertos por lo oscuro. El hecho de que, en conexión con eso, desaparezcan a menudo las sensaciones corporales generales, muestra que a éstas les es sustraída su energía específica, la cual probablemente es empleada para reforzar la lucidez de la conciencia.


Por regla, el fenómeno es espontáneo; viene y va según su propio impulso. Su efecto es asombroso, por cuanto casi siempre produce una solución de las complicaciones anímicas y, con ello, un desligamiento de la personalidad interna respecto de enredos emocionales e ideológicos; de ese modo crea una unidad del ser que comúnmente se experimenta como "liberación".


La voluntad consciente no puede alcanzar tal unidad simbólica, pues la conciencia es, en este caso, parte. El opositor  es lo inconsciente colectivo, que no entiende ningún lenguaje de la conciencia. Por lo tanto, se tiene necesidad de símbolos "mágicamente" efectivos, que contengan aquellos analogismos primitivos que hablan a lo inconsciente. Sólo mediante el símbolo puede lo inconsciente ser alcanzado y expresado, por cuyo motivo jamás podrá la individuación abstenerse de símbolos. El símbolo es por un lado la expresión primitiva de lo inconsciente y, por el otro, una idea que corresponde al más alto presentimiento que le sea dado a la conciencia.

El más antiguo de los dibujos mandálicos que conozco es una llamada "rueda solar" paleolítica, que fue descubierta poco ha en Rhodesia. Está basada, de igual manera, en el número cuatro. Cosas que llegan tan hacia atrás en la historia de la humanidad tocan, naturalmente, las capas más profundas de lo inconsciente, y posibilitan asirlas donde el lenguaje consciente se muestra como totalmente impotente. Tales cosas no pueden ser creadas por el pensamiento, sino que deben crecer de nuevo hacia arriba desde la oscura profundidad del olvido, para expresar los presentimientos supremos de la conciencia y la intuición más alta del espíritu y, así, fundir en uno la unicidad de la conciencia actual con el primitivo pasado de la vida.








LOS FENÓMENOS DEL CAMINO


1 . La disolución de la conciencia.

El encuentro de la conciencia individual, delimitada estrechamente, pero por lo mismo intensivamente clara, con la enorme extensión de lo inconsciente colectivo, es un peligro, pues lo inconsciente tiene definido efecto disolvente sobre la conciencia. Ese efecto pertenece incluso, según la exposición del Hui Ming King, a los fenómenos particulares de la práctica del yoga chino. Se dice ahí: "Cada pensamiento parcial adquiere configuración, y se hace visible en color y forma. La fuerza total del alma revela sus rastros". La ilustración incluída en este libro muestra a un sabio sumido en contemplación, la cabeza flameando con fuego y, saliendo de éste, cinco figuras humanas que, a su vez, se escinden de nuevo en veinticinco más pequeñas. Si se lo estableciera como estado, sería ése un proceso esquizofrénico. Por eso dice la instrucción: "Las figuras formadas por medio del fuego del espíritu son sólo colores y formas vacíos. La Luz de la esencia refleja hacia lo original, lo verdadero."


Se comprende por lo tanto por qué se recae sobre la figura defensiva del "círculo protector". Ése ha de impedir la "efluxión", y defender la unidad de la conciencia contra la voladura por obra de lo inconsciente. Además, la concepción china intenta eliminar por debilitamiento el efecto disolvente de lo inconsciente en cuanto designa las "figuras del pensamiento" o "pensamientos parciales" como "colores y formas vacíos" y, con ello, los despotencializa en la medida de lo factible. Este pensamiento pasa por todo el budismo (especialmente el Mahayana) y se eleva, en las enseñanzas a los muertos del Bardo Todol (Libro de los muertos tibetanos), hasta la explicación de que también los dioses, favorables y desfavorables, son ilusiones que deben todavía ser vencidas. No pertenece por cierto a la competencia del psicólogo establecer la verdad o falsedad metafísica de ese pensamiento. Él debe contentarse con establecer, donde sea posible, qué es lo psíquicamente efectivo. Y no le preocupa el que la figura en consideración sea o no una ilusión trascendental. Sobre ello decide la fe y no la ciencia. De cualquier manera, nos movemos aquí en un campo que por largo tiempo pareció estar fuera del alcance de las ciencias y, por ese motivo, fue valorado in toto como ilusión. Tal suposición, empero, de ningún modo puede justificarse, pues la sustancialidad de estas cosas no es ningún problema científico ya que, en todo caso, yace más allá de la facultad de percepción y juicio humanos, y por lo tanto también más allá de toda posibilidad de prueba. No se trata, pues, para el psicólogo, de la sustancia de esos complejos, sino solamente de la experiencia psíquica. Sin duda son contenidos psíquicos experimentales, de autonomía igualmente incontestable, pues son sistemas psíquicos parciales que, o entran en escena de modo espontáneo en estados extáticos y, circunstancialmente, suscitan violentas impresiones y efectos, o se fijan en perturbaciones mentales bajo la forma de ideas delirantes y alucinaciones y con ello destruyen la unidad de la personalidad. El psiquiatra está de hecho inclinado a creer en toxinas y similares, y a explicar a partir de ellas la esquizofrenia (escisión  de la mente en la psicosis), dejando de lado los contenidos psíquicos. En cambio, en las perturbaciones psicógenas (histeria, neurosis obsesivas, etc.), donde sencillamente no cabe hablar de efectos de toxinas y degeneraciones de células, tienen lugar, como por ejemplo en los estados sonambúlicos, similares escisiones espontáneas de complejos, que Freud por cierto quería explicar a partir de la represión inconsciente de la sexualidad. Tal explicación, empero, en modo alguno vale para todos los casos, pues también pueden desarrollarse espontáneamente de lo inconsciente contenidos que la conciencia no puede asimilar. En casos de la última índole falla la hipótesis de la represión. Además, en la vida cotidiana puede observarse la autonomía, en los efectos que, contra nuestra voluntad y nuestras tentativas de represión más esforzadas, empujan obstinadamente e, inundando al yo, lo ponen bajo su voluntad. No es de admirarse, por lo tanto, que el primitivo vea en eso una posesión, o la migración de un alma, pues también nuestro lenguaje lo hace todavía: "No sé qué le ha entrado hoy"; "está llevado por el diablo"; "lo tiene de nuevo"; "se pone fuera de sí"; "se comporta como un poseso". Hasta la práctica legal reconoce una disminución parcial de la responsabilidad durante el estado pasional. Los contenidos anímicos autónomos nos son, en consecuencia, una experiencia por entero corriente. Tales contenidos tienen sobre la conciencia un efecto explosivo.


Pero hay aún, fuera de los afectos comunes, de todos conocidos, estados afectivos más sutiles y complejos, que ya no pueden ser designados como meros afectos. Más bien son complicados sistemas anímicos parciales que, cuanto más complicados son, tanto más carácter de personalidad tienen. Son también, precisamente, constituyentes de la personalidad psíquica y, en consecuencia, deben tener carácter de personalidad. Tales sistemas parciales se hallan sobre todo en las enfermedades mentales, en las decisiones psicógenas de la personalidad (personalidad doble) y muy comúnmente en los fenómenos mediúmnicos. Puede hallárselos asimismo en los fenómenos religiosos. Por lo tanto, muchos de los que antes eran dioses han pasado de ser personas a ser ideas personificadas y, finalmente, a ideas abstractas, pues los contenidos inconscientes vivificados aparecen siempre primero como proyectados hacia fuera y, en el transcurso del desarrollo espiritual, son paulatinamente asimilados, vía proyección espacial, por la conciencia y reformados en ideas conscientes, que pierden entonces su carácter originalmente autónomo y personal. Como se sabe, algunos de los antiguos dioses han llegado, vía astrología, a ser meras cualidades (marcial, jovial, saturnino, erótico, lógico, lunático, etc.).



Las instrucciones del Bardo Todol, en especial, permiten discernir cuán grande es para la conciencia el peligro de ser disuelta por estas figuras. El muerto es enseñado una y otra vez a no tomar tales figuras por verdaderas, y a no confundir su turbio fulgor con la pura blanca luz delDharmakaya ("el divino cuerpo de la verdad"), es decir, a no proyectar en figuras concretizadas la Luz una de la más alta conciencia y, de ese modo, disolverse en una multiplicidad de sistemas parciales autónomos. Si no hubiera en ello ningún peligro, y no fueran los sistemas parciales tendencias amenazadoramente autónomas y divergentes, no habría pues necesidad de esas apremiantes instrucciones que, para el ánimo más simple, politeísticamente orientado del hombre del Este significa casi tanto como, por ejemplo, para el hombre cristiano una instrucción de no dejarse cegar por la ilusión de un Dios personal, de una Trinidad, de innumerables ángeles y santos.


Si las tendencias a la escisión no fueran cualidades inherentes a la psique humana, absolutamente nunca se hubieran escindido los sistemas parciales; en otras palabras, jamás hubieran existido dioses o espíritus. Por eso, a causa del culto exclusivo de la conciencia, nuestros tiempos son en tan alto grado impíos y profanos. Nuestra verdadera religión es un monoteísmo de la conciencia, una posesión por la conciencia, con una fanática negación de la existencia de sistemas parciales autónomos. Nos diferenciamos empero de las enseñanzas del yoga budista porque negamos hasta la calidad de experimentable de los sistemas parciales. En eso hay un gran peligro psíquico, pues entonces los sistemas parciales se comportan como cualquier contenido reprimido: producen compulsivamente actitudes falsas, puesto que lo reprimido asoma de nuevo en la conciencia bajo la forma inapropiada. Este hecho, que salta a la vista en cada caso de neurosis, vale también para los fenómenos psíquicos colectivos. Nuestro tiempo incurre a ese respecto en un error  fatal: cree, en efecto, poder criticar intelectualmente los hechos religiosos. Se opina, como por ejemplo Laplace, que Dios es una hipótesis que se puede someter a un tratamiento intelectual, a una afirmación o negación. Olvidase así plenamente que el motivo por el que la humanidad cree en el daimon, en absoluto tiene que ver con cualquier cosa externa, sino que reposa simplemente sobre la percepción cándida del violento efecto interno de los sistemas parciales autónomos. Ese efecto no se disuelve porque se critique intelectualmente su nombre, o se lo señale como falso. El efecto existe constantemente de manera colectiva, los sistemas autónomos actúan sin cesar, pues la estructura fundamental de lo inconsciente no es conmovida por las indecisiones de una conciencia transitoria. Si se niega los sistemas parciales, imaginando que se los anula mediante la crítica del nombre, no se puede entonces comprender más su efecto, que sigue existiendo a pesar de eso, ni tampoco asimilarlos más a la conciencia. Pasan entonces a ser un inexplicable factor de perturbación, el que finalmente se supone en algún lugar externo. Sobreviene con eso una proyección de los sistemas parciales y, al mismo tiempo, se crea una situación peligrosa, pues los efectos perturbadores se atribuyen ahora a una mala voluntad exterior que, desde luego, no puede hallarse en parte alguna salvo en lo del vecino de . Eso lleva a delirios colectivos, instigaciones de guerra y revoluciones; en una palabra, a destructivas psicosis de masas.


La locura es una posesión por un contenido inconsciente que, como tal, no es asimilado a la conciencia. Y porque la conciencia niega la existencia de tales contenidos, tampoco los puede asimilar. Expresado de manera religiosa: no se tiene ya ningún temor de Dios, y se da a entender que todo sea librado a la medida humana. Esta Hybris, o sea, estrechez de conciencia, es siempre el camino más corto al asilo de alienados. Recomiendo la excelente exposición de este problema enChristina Alberta's Father de H. G. Wells, y en Den Ürdigkeiten eines Nervenkranken de Schreber.



Más bien debe conmover simpáticamente al europeo ilustrado el que en el Hui Ming King se diga: "Las figuras formadas por medio del fuego del espíritu son sólo colores y formas vacíos." Eso suena por entero a europeo y parece casar excelentemente con nuestra razón; en verdad, opinamos que debemos sentirnos halagados de haber alcanzado ya esas alturas de la claridad, pues parece uno haber dejado tras sí hace tiempo tales fantasmas de dioses. Pero lo que hemos superado son sólo los fantasmas de las palabras, no los hechos psíquicos que fueran responsables del nacimiento de los dioses. Estamos todavía exactamente tan poseídos por nuestros contenidos anímicos autónomos como si éstos fueran dioses. Ahora se los llama fobias, obsesiones, etc.; brevemente, síntomas neuróticos. Los dioses han pasado a ser enfermedades, y Zeus no rige más el Olimpo, sino el plexus solaris y ocasiona curiosidades para la consulta médica, o perturba el cerebro de políticos y periodistas quienes, involuntariamente, desencadenan epidemias psíquicas. 

Por lo tanto, es mejor para el hombre occidental que no sepa al pronto demasiado acerca de la secreta penetración de los sabios orientales, pues sería "el medio correcto en manos del hombre erróneo". En lugar de hacerse ratificar una vez más que el daimon es ilusión, el occidental debiera de experimentar nuevamente la realidad de esa ilusión. Debiera de aprender a reconocer de nuevo esas potencias psíquicas, y no esperar hasta que sus humores, nerviosidades o ideas delirantes le aclaren, de la manera más dolorosa, que no es el único señor en su casa. Las tendencias de escisión son personalidades psíquicas efectivas de realidad relativa. Son reales cuando no se las reconoce como reales y son por lo tanto proyectadas; relativamente reales cuando están en vinculación con la conciencia (expresado de manera religiosa: cuando existe un culto); irreales, empero, en la medida que la conciencia comienza a separarse de sus contenidos.


Pero lo último es el caso tan sólo cuando la vida ha sido vivida tan exhaustivamente y con tal devoción que no existe ya ninguna obligación vital absoluta y, por ende, ninguna exigencia que no pueda ser sacrificada sin reflexión, se halle ya en el camino de la superioridad interna sobre el mundo. De nada sirve mentirse a ese respecto. Donde todavía se está detenido, aún se está poseso. Y si se está poseso, aún existe algo más fuerte, que lo posee a uno. ("En verdad os digo que de ahí no saldrás hasta no haber pagado el último céntimo".) No es del todo indiferente que se designe algo como una "manía" o como un "dios". Estar al servicio de una manía es reprobable e indigno; en cambio, servir a un dios es, a causa de la sumisión a algo más alto invisible y espiritual, significativamente más pleno de sentido y, al par, más rico en perspectivas, puesto que la personificación ocasiona ya la realidad relativa de los sistemas parciales autónomos y, con ello, la posibilidad de la asimilación y de la "irrealización" de las potencias de la vida. Donde no se reconoce al dios, se origina manía egoísta, y de la manía la enfermedad.


La doctrina yoga sienta el reconocimiento de los dioses como algo evidente de por sí. Su enseñanza secreta está por lo tanto destinada sólo a aquellos cuya luz de la conciencia se dispone a separarse de las potencias de la vida a fin de entrar en la unidad última, indivisa, en el "centro de lo vacío", donde "reside el dios del vacío y vitalidad extremos", como dice nuestro texto. "Escuchar tal enseñanza es difícil de alcanzar en miles de eones." Es evidente que no se puede alzar el velo de Maya mediante la mera decisión de la razón, sino que se requiere la preparación más cabal y penosa, que consiste en que se pague con justeza todas las deudas con la vida. Pues en tanto se vea uno detenido de alguna manera por causa de cupiditas, el velo no es alzado, y no es alcanzada la altura de la conciencia libre de contenidos y sin ilusión, y ningún artificio o engaño puede producirla mágicamente. Es un ideal que sólo en la muerte puede cumplirse cabalmente. Hasta entonces hay figuras reales, y relativamente reales, de lo inconsciente.



2 . Animus y anima. 

A las figuras de lo inconsciente pertenecen, según nuestro texto, no sólo los dioses, sino también animus y anima. La palabra hun es traducida por Wilhelm como animus y, en efecto, el concepto animus calza excelentemente a hun, cuyo carácter está compuesto por el signo para "nubes" y el signo para "demonio". En consecuencia, hun significa demonio de nubes, un "alma-hálito" superior, perteneciente al principio Yang y por eso masculina. Después de la muerte hun asciende y pasa aschen, al espíritu o dios "que se extiende y manifiesta". El anima, llamada po, escrita con el signo para "blanco" y él signo para "demonio", por ende "fantasma blanco", es el alma corporal inferior, ctónica, perteneciente al principio Yin y, por lo tanto, femenina. Después de la muerte se hunde y pasa a gui, demonio, explicado a menudo como "lo que retorna" (scil., a la tierra), el alma en pena, el espectro. El hecho de que tanto el animus como el anima se separen después de la muerte y vayan independientemente por sus caminos demuestra que, para la conciencia china, son factores psíquicos distinguibles, que tienen también un efecto claramente diferente, y a pesar de que originalmente sean uno en la "esencia una, efectiva y verdadera", son dos en la mansión de lo creativo. El animus está en el Corazón celestial, durante el día mora en los ojos (es decir, en la conciencia); por la noche sueña desde el hígado. Es aquello "que hemos recibido del gran vacío, loque es de una figura con el origen". El anima es, en cambio, "la fuerza de lo pesado y turbio", fijada al corazón corporal, carnal. "Deseos carnales y excitaciones coléricas" son sus efectos. "Quien al despertar hállase sombrío y deprimido está encadenado por el anima."


Hace ya muchos años, antes de que Wilhelm me hubiera facilitado el conocimiento de este texto, usaba yo el concepto anima de una manera enteramente análoga a la definición china, aparte naturalmente de todo puesto metafísico. Para el psicólogo el anima no es un ser trascendental, sino completamente experimentable, como lo muestra también con claridad la definición china: los estados afectivos son experiencias inmediatas. Pero ¿por qué se habla entonces de anima y no simplemente de humores? La razón para ello es la siguiente: los afectos tienen carácter autónomo, debido a lo cual la mayoría de los hombres les está sometida. Los afectos son, empero, contenidos delimitables de la conciencia, partes de la personalidad. Como partes de la personalidad tienen carácter de personalidad; pueden por tanto ser fácilmente personificados -y los son aún hoy en día, como los ejemplos anteriores han mostrado. La personificación no es invención ociosa, por cuantoel individuo afectivamente excitado no muestra ningún carácter indiferente, sino uno completamente determinado, que es distinto del común. Se muestra, mediante la investigación cuidadosa, que en el hombre el carácter afectivo tiene rasgos femeninos. De ese hecho psicológico proviene la enseñanza china del alma po, así como mi concepción del anima. Una introspección más profunda, o la experiencia extática, revela la existencia de una figura femenina en lo inconsciente, y de ahí la denominación femenina anima, psique, alma. También puede definirse el anima como imago o arquetipo, o sedimento de todas las experiencias del hombre con la mujer. Por eso  también la imagen del anima es por regla proyectada sobre la mujer. Como se sabe, la poesía ha descrito y cantado a menudo el anima (16).La relación que el anima tiene con el espectro, según la concepción china, es interesante para el parapsicólogo por cuanto los "controles" son muy frecuentemente del sexo opuesto.


Por mucho que deba aprobar la traducción que hace Wilhelm de hun por animus, ciertas razones me eran importantes para escoger para el espíritu del hombre, para su claridad de conciencia y racionalidad, no la expresión animus, de otra manera excelentemente adecuada, sino la expresión logos. Justamente son ahorradas al filósofo chino ciertas dificultades que agravan la tarea del psicólogo occidental. La filosofía china es, como toda antigua actividad espiritual, un exclusivo elemento constituyente del mundo de los hombres. Sus conceptos nunca son tomados psicológicamente y, por ende, nunca investigados respecto a la medida en que se adapten también a la psique femenina. El psicólogo no puede, empero, pasar por alto la existencia de la mujer y de su psicología particular. Por eso prefiero yo traducir hun, en el hombre, por logos. Wilhelm usa logospara el concepto chino sing, que puede también traducirse como "esencia" o " conciencia creativa".Hun pasa, después de la muerte, a schen, el espíritu, que filosóficamente se halla próximo a sing. Puesto que los conceptos chinos no son, en nuestro sentido, modos de ver lógicos, sino intuitivos, sus significados pueden reconocerse sólo a partir de su uso y de la constitución de los caracteres de la escritura, o precisamente de relaciones tales como la de hun a schen. Así, hun sería la luz de la conciencia y la racionalidad en el hombre, procediendo originalmente del Logos spermatikos de singy retornando después de la muerte, mediante schen, otra vez a Tao. La expresión logos podría ser especialmente apropiada en esta aplicación, ya que entraña el concepto de una esencia universal, pues la claridad de conciencia y la racionalidad del hombre no es algo individualmente separado, sino un universal; tampoco es algo personal, sino en el sentido más profundo, suprapersonal en la más estrecha oposición a anima, que es un demonio personal y se exterioriza en humores cabalmente personales (¡por tal causa, animosidad!).


Considerando esos hechos psicológicos he reservado la expresión animus exclusivamente para la feminidad, porque mulier non habet animam, sed animum. La psicología femenina muestra, en efecto, un contraste con el anima del hombre, que no es, primariamente, de naturaleza afectiva, sino una esencia cuasi-intelectual que se caracteriza con la palabra "prejuicio" de manera cabalmente justa. No es el "espíritu", sino la naturaleza emocional del alma lo que corresponde a la naturaleza consciente de la mujer. El espíritu es el "alma", o mejor dicho, el animus de la mujer. Y así como el anima del hombre consiste en primer lugar en afinidades inferiores afectivas, el animus de la mujer consiste en juicios inferiores o, mejor dicho, opiniones. (Para cualquier ampliación remito al lector a mi obra antes citada. Sólo puedo mencionar aquí lo general.) El animus de la mujer consiste en un gran número de opiniones preconcebidas y por lo tanto es mucho menos personificable por medio de una figura que, más bien, por medio de un grupo o multitud. -Un buen ejemplo parapsicológico al caso es el grupo llamado "Imperator", en Mrs. Piper. El animus en un nivel más bajo, es un logos inferior, una caricatura del diferenciado espíritu del hombre, como es una caricatura el anima, en un nivel más bajo, del eros femenino. Y así como hun a sing, que Wilhelm traduce por logos, corresponde el eros de la mujer a ming, que se traduce por destino, fatum, fatalidad, y es interpretado por Wilhelm como eros. Eros es el entrelazamiento, logos el discernimiento separador, la luz clarificadora. Eros es afinidad; logos, discriminación y desapego. Por lo tanto, en el animus de la mujer el logos inferior se exterioriza como complemento falto de afinidad y, también, por lo tanto, como prejuicio inaccesible, o como una opinión que, de manera irritante, nada tiene que ver con la naturaleza del objeto.

Me ha sido reprochado a menudo que personificara yo anima y animus de manera similar a como lo hiciera la mitología. Tal reproche, empero, sólo sería justificado si se probara de que concreté, también mitológicamente, esos conceptos para el uso psicológico. De una vez por todas debo explicar que la personificación no ha sido inventada por mí, sino que es inherente a la esencia de los correspondientes fenómenos. Sería acientífico pasar por alto el hecho de que el anima es un sistema parcial psíquico y, por lo tanto, personal. Ninguno de quienes me hicieron ese reproche  vacilará un segundo en decir: "he soñado con el Sr. X", si bien, tomado con exactitud ha soñado sólo con una representación del Sr. X. El anima no es sino una representación de la naturaleza personal del sistema autónomo en cuestión. Lo que ese sistema es en un sentido trascendental, es decir, más allá de los límites de la experiencia, no lo podemos saber.


También he definido en general al anima como una personificación de lo inconsciente, y en consecuencia la he concebido como un puente a lo inconsciente, como la función de relación con lo inconsciente. Ahora bien, con eso se vincula en forma interesante la afirmación, de nuestro texto, de que la conciencia (es decir, la conciencia personal) procede del anima. Dado que el espíritu occidental se halla por entero en el punto de vista de la conciencia, debe definir al anima de la manera que precisamente he hecho. Inversamente, empero, el oriental, que se halla en el punto de vista de lo inconsciente, ¡considerará la conciencia como un efecto del anima! Sin duda la conciencia deriva originalmente de lo inconsciente. Trátase de algo que por lo común olvidamos, y por lo tanto siempre hacemos tentativas de identificar la psique en general con la conciencia o, al menos, de exponer lo inconsciente como un derivado o un efecto de la conciencia (como, por ejemplo, en la doctrina de la represión, de Freud). No obstante es esencial, partiendo de las razones arriba citadas, que nada sea sustraído de la realidad de lo inconsciente y que las figuras de lo inconsciente sean comprendidas como magnitudes efectivas. Quien haya concebido lo que se significa con realidad psíquica, no temerá recaer con ello en la primitiva demonología. Si, en efecto, no se adjudica a las figuras de lo inconsciente la dignidad de magnitudes espontáneamente efectivas, se cae en una creencia unilateral en la conciencia, que a la postre conduce a un estado de tensión. Deben entonces ocurrir catástrofes, porque a pesar de toda la conciencia se han pasado por alto las oscuras potencias psíquicas. No somos nosotros quienes las personificamos; desde el origen son de naturaleza personal. Sólo cuando eso es cabalmente reconocido podemos pensar en despersonalizarlas, o sea, como expresa nuestro texto: "someter al anima".



Surge aquí otra vez, y por cierto de manera peligrosa, bajo la forma de una aparente concordancia, una violenta diferencia entre el budismo y nuestra posición espiritual occidental. La doctrina yoga repudia todos los contenidos fantásticos. Nosotros también, pero el oriental lo hace sobre una base totalmente distinta de la nuestra. Reinan allá concepciones y enseñanzas que expresan de la manera más abundante la fantasía creadora. Allí debe uno defenderse contra el exceso de fantasía. Nosotros, en cambio, consideramos la fantasía como ensoñación mísera y subjetiva. Las figuras de lo inconsciente no aparecen, naturalmente, abstractas y despojadas de todo accesorio; por el contrario, están engastadas y entrelazadas en un tejido de fantasías de inaudito abigarramiento y confusa plenitud. El Este puede repudiar esas fantasías, dado que hace mucho tiempo ya ha sacado y condensado su extracto en las profundas enseñanzas de su sabiduría. Nosotros, empero, no hemos todavía experimentado una vez esas fantasías, ni con mayor razón, tomado de ellas la quintaesencia. Aquí tenemos aún que recuperar un sector entero del vivenciar experimental, y sólo cuando hayamos encontrado el contenido sensato en lo aparentemente sin sentido podremos separar lo sin valor de lo valioso. Y podemos estar seguros de que el extracto que saquemos de nuestras vivencias será distinto del que nos ofrece hoy el Este. El Este llegó al conocimiento de las cosas internas con un desconocimiento infantil del mundo. Nosotros, en cambio, exploraremos la psique y su profundidad apoyados por un saber enormemente dilatado de la historia y las ciencias naturales. Al presente el saber externo es, por sobre todo, la mayor traba para la introspección, pero la necesidad anímica vencerá todos los obstáculos. ¡Pues estamos ya construyendo una psicología, es decir, una ciencia que nos dé la clave para cosas cuyo acceso halló el Este sólo mediante estados anímicos de excepción!






EL DESLIGAMIENTO DE LA CONCIENCIA RESPECTO DEL OBJETO

Mediante el comprender nos liberamos de la dominación por lo inconsciente. Éste es, en el fondo, también el objetivo de las instrucciones de nuestro texto. El discípulo es enseñado cómo debe concentrarse sobre la Luz del recinto más interno y, con ello, soltarse de todos los encadenamientos externos e internos. Su voluntad de vida es dirigida al estado  de conciencia sin contenido que, no obstante, deja existir todos los contenidos. El Hui Ming King dice sobre el desligamiento:


"Un resplandor de Luz circunda el mundo del espíritu,
Se olvida uno a otro, quieto y puro, por completo potente y vacío.
Lo vacío es traslucido por el fulgor del Corazón del Cielo.
El agua de mar es lisa y refleja en su superficie la luna.
Las nubes se atenúan en el espacio azul.
Las montañas lucen claras.
La conciencia se disuelve en el contemplar.
E1 disco de la luna reposa solitario."

Esa característica de la consumación describe un estado anímico que quizás pueda designarse del mejor modo como una separación de la conciencia respecto del mundo y un retraimiento de la misma a un punto por decir así extramundano. De tal modo, la conciencia está vacía y no-vacía. Ya no está más preocupada por las imágenes de las cosas, sencillamente las contiene. La anterior plenitud del mundo, inmediata y oprimente, por cierto nada ha perdido de su abundancia y su belleza, pero no domina más a la conciencia. Ha cesado la pretensión mágica de las cosas, pues se ha desenredado el primitivo entrelazamiento de la conciencia con el mundo. Lo inconsciente ya no es proyectado, por cuyo motivo es anulada la participation mystique original con las cosas. En consecuencia, la conciencia ya no está colmada de intenciones compulsivas, sino que pasa a contemplar, como muy bien dice el texto chino.

¿Cómo se llega a producir este efecto? (De hecho presuponemos que el autor chino no sea, en primer lugar, un mentiroso; en segundo, que tenga un sano sentido; y en tercero, que se trate de un hombre extraordinariamente penetrante.) A fin de comprenderlo o explicarlo se precisan, para nuestro entendimiento, ciertos rodeos. No se lo hace con el sentir externo; pues nada sería más infantil que querer hacer estético tal estado anímico. Se trata aquí de un efecto que conozco muy bien a partir de mi práctica médica; es el efecto terapéutico par excellence, por el que me ocupo con mis discípulos y pacientes: la disolución de la participation mystique. Lévy-Bruhl con visión genial, ha expuesto como signo distintivo de la mentalidad primitiva lo que llamó Participation mystique. Lo que designó no es otra cosa que el resto, indeterminadamente grande, de indiferenciación entre sujeto y objeto, que en los primitivos posee todavía dimensiones tales que no puede dejar de sorprender a los hombres de conciencia europea. Mientras no sea consciente la distinción entre sujeto y objeto, reina la identidad inconsciente. Entonces lo inconsciente es proyectado sobre el objeto, y el objeto introyectado en el sujeto, es decir, psicologizado. Animales y plantas se conducen entonces como hombres, los hombres son simultáneamente animales, y todo está animado con espectros y dioses. El hombre de cultura se cree, claro está, inmensamente elevado por encima de esas cosas. Pero a menudo se halla, durante su vida entera, identificado con los padres, identificado con sus afectos y prejuicios, y afirma del otro, impúdicamente, lo que no quiere ver en sí mismo. Precisamente tiene todavía también un resto de inconsciencia inicial, es decir, de indiferenciación de sujeto y objeto. En virtud de esa inconsciencia es afectado mágicamente por incontables hombres, cosas y circunstancias, o sea, incondicionalmente influido; está colmado casi tanto de contenidos perturbadores como el primitivo, y por consiguiente emplea igual cantidad de magia apotropéyica. Pero sus prácticas mágicas no las realiza más con bolsitas medicinales, amuletos y sacrificios animales, sino con remedios para los nervios, neurosis, "ilustración", cultos de la voluntad, etc.

Ahora bien, si se logra reconocer lo inconsciente como magnitud co-condicionante al par de la conciencia, y vivir de manera que las exigencias conscientes e inconscientes ( o sea instintivas) sean en lo posible tomadas en consideración, el centro de gravedad de la personalidad no es más el yo, que es un mero centro de conciencia, sino un punto, por así decir, virtual entre lo consciente y lo inconsciente, al que cabe designar como sí-mismo. Si se logra tal trasposición, el  resultado es la anulación de la participation mystique y de ello nace una personalidad que, por decirlo así, sufre sólo en los pisos inferiores pero está en los superiores singularmente alejada del acontecer penoso o gozoso.


La producción y nacimiento de esa personalidad es lo que nuestro texto tiene por objetivo cuando habla del "fruto santo", del "cuerpo diamantino" o, de alguna otra manera, acerca de un cuerpo imputrescible. Tales expresiones son psicológicamente simbólicas de una actitud invulnerable al conflicto emocional incondicionado y con ello a la conmoción violenta; en otras palabras, simbolizan una conciencia desligada del mundo. Tengo razones para creer que ésta sea realmente una preparación natural para la muerte, que se instituye después de la mitad de la vida. Para el alma la muerte es tan importante como el nacimiento y, como éste, un elemento integrante de la vida. No se tiene el derecho de preguntar al psicólogo lo que acontece finalmente con la conciencia desligada. Sea cual fuere la posición teórica que adoptara, sobrepasaría sin esperanza los límites de su competencia científica. Sólo puedo indicar que lo que nuestro texto afirma con respecto a la intemporalidad de la conciencia separada está en concordancia con el pensar religioso de todos los tiempos y con la abrumadora mayoría de la humanidad y que, por lo tanto, quien no pensara así estaría fuera del orden humano y sufriría en consecuencia de un equilibrio psíquico perturbado. Por tal motivo me tomo como médico todo trabajo para apoyar, en la medida de mis fuerzas, la convicción en la inmortalidad, especialmente entre mis pacientes de edad a quienes tales preguntas llegan con amenazadora proximidad. La muerte, en efecto, vista psicológicamente de manera correcta, no es un término sino una meta, por lo tanto comienza la vida para la muerte tan pronto como se sobrepasa la altura del mediodía.



La filosofía del yoga chino se erige sobre el hecho de esa preparación instintiva para la muerte como meta y, en analogía con la meta de la primera mitad de la vida, o sea, la generación y propagación, el medio de perpetuar la vida física, pone como objetivo de la existencia espiritual la generación y nacimiento simbólicos de un "cuerpo-hálito" psíquico (subtle body), que asegura la continuidad de la conciencia desligada. Es el nacimiento del hombre neumático, conocido desde la antigüedad por el europeo, quien busca empero alcanzarlo con símbolos y procedimientos mágicos completamente diferentes, con fe y conducta cristianas. También aquí nos hallamos otra vez sobre una base totalmente distinta a la del Este. De nuevo suena por cierto nuestro texto como si no estuviese distante de la moral ascético-cristiana. Nada sería sin embargo más errado que aceptar que se trata de lo mismo. Tras nuestro texto se halla la cultura milenaria, que se ha construído orgánicamente sobre los instintos primitivos y por consiguiente no conoce nada en absoluto de aquella moral brutal, que nos es apropiada a los bárbaros germanos recientemente civilizados. Falta ahí en consecuencia el impulso de la violenta represión de instintos, que exalta y envenena histéricamente nuestra espiritualidad. Quien vive sus instintos puede también separarse de ellos, y eso de manera tan natural como los ha vivido. Nada sería más ajeno a nuestro texto que el heroico vencerse a sí mismo, a lo cual empero vendría a parar infaliblemente entre nosotros si observásemos literalmente las instrucciones chinas.


No tenemos el derecho de olvidar nuestras premisas históricas: sólo hace algo más de mil años hemos caído de los más crudos comienzos del politeísmo en una religión oriental altamente desarrollada, que llevó al espíritu imaginativo del semisalvaje a una altura que no correspondía al grado de su desarrollo espiritual. Para mantener de alguna manera esa altura por fuerza había que reprimir ampliamente la esfera de los instintos. Por eso la práctica religiosa y la moral adoptaron un carácter manifiestamente brutal, casi maligno. Naturalmente, lo reprimido no se desarrolla, sino que sigue vegetando, en primitiva barbarie, en lo inconsciente. Por cierto quisiéramos, pero de hecho no somos en absoluto capaces, escalar las alturas de una religión filosófica. Lo mejor que podemos hacer, con tal objeto, es crecer hasta ella. Aún no están curadas las heridas de Amfortas y el desgarramiento fáustico del hombre germánico. Su inconsciente está todavía cargado de esos contenidos, que en primer lugar deben hacerse conscientes antes de que pueda uno librarse de ellos. Hace poco, recibí una carta de una antigua paciente, que describe con palabras sencillas pero justas la trasposición necesaria: "De lo malo me ha venido mucho bueno. El mantenerme calma, no reprimir, estar atenta, y al mismo tiempo aceptar la realidad -las cosas como son, y no como yo las querría- me ha procurado un raro  discernimiento, y también fuerzas pocos comunes, que antes ni siquiera hubiera podido imaginar. Pensaba yo siempre que, si se aceptan las cosas, la abruman a una de alguna manera; ahora bien, esto no es de ningún modo así, y sólo al aceptarlas puede adoptarse una posición hacia ellas. [¡Anulación de la participación mystique!] De modo que jugaré ahora al juego del vivir, aceptando lo que cada vez me traen el día y la vida, bueno y malo, sol y sombra, que constantemente cambian, y así acepto también mi propia naturaleza con su positivo y negativo, y todo se hará más viviente. ¡Qué tonta era! ¡Cómo he querido forzar todo según mi cabeza!"


Únicamente sobre la base de una actitud tal, que no renuncia a ninguno de los valores adquiridos durante el desarrollo cristiano sino que, por lo contrario, acepta, también con amor y longanimidad cristianos lo más humilde en la propia naturaleza, se hará posible un nivel superior de conciencia y cultura. Esa actitud es religiosa, en su más legítimo sentido, y por lo tanto terapéutica, pues todas las religiones son terapias para los sufrimientos y perturbaciones del alma. El desarrollo del intelecto y voluntad occidentales nos ha otorgado la capacidad casi diabólica de imitar, aparentemente con éxito, esa actitud, a pesar de las protestas de lo inconsciente. Pero es siempre cuestión de tiempo que se abra paso de alguna manera la posición contraria, con un contraste tanto más crudo. Con el cómodo imitar invariablemente se crea una situación insegura, que a cada momento puede ser derribada por lo inconsciente. Surge una base segura sólo cuando las premisas instintivas de lo inconsciente son tomadas en igual consideración que el punto de vista de la conciencia. Pero no nos engañemos: esa necesidad se halla en oposición violenta con el culto cristiano-occidental de la conciencia, y en especial el protestante. A pesar, sin embargo, de que parezca lo nuevo ser constantemente enemigo de lo antiguo, un más profundo deseo de comprender no puede menos que descubrir que, sin la aplicación más seria de los valores cristianos conquistados, tampoco puede en absoluto llegar lo nuevo a establecerse.







LA CONSUMACIÓN

El creciente conocimiento del Este espiritual sólo puede significar una expresión simbólica del hecho de que comenzamos a entrar en contacto con lo todavía foráneo en nosotros. Renegar de nuestras propias premisas históricas sería puro disparate, y el mejor camino hacia un nuevo desarraigo. Sólo manteniéndonos firmes sobre nuestra propia tierra podemos asimilar el espíritu del Este. Gu De dice: "La gente del mundo perdió las raíces y se tomó a las copas", para caracterizar a los que no saben dónde están los verdaderos orígenes de las fuerzas secretas. El espíritu del Este ha nacido de la tierra amarilla; nuestro espíritu puede y debe nacer sólo de nuestra tierra. Por eso, me aproximo a estos problemas de una manera que se ha criticado a menudo como "psicologismo". Si con ello fuera dado a entender "psicología", estaría yo halagado, porque es mi intención real apartar sin merced la pretensión metafísica de todas las enseñanzas secretas, ya que tales secretos objetivos de poderío de las palabras concuerdan mal con el hecho de nuestra profunda ignorancia, que habría que tener la discreción de confesar. Quiero, con la intención más plena, traer a la luz del comprender psicológico ciertas cosas de sonido metafísico, y hacer lo que me sea posible para impedir al público creer en oscuras palabras de poder. Quien sea un cristiano convencido, crea, pues tal es su deber asumido. Quien no lo es, ha perdido por su propia culpa la gracia de la fe. (Quizás fue desde su nacimiento maldito para no poder creer, sino meramente saber.) De ahí que tampoco deba creer en otra cosa. Comprender metafísicamente, es imposible; sólo puede hacérselo psicológicamente. En consecuencia, desnudo a las cosas de sus aspectos metafísicos para hacerlas objeto de la psicología. Así puedo al menos extraer de ellas algo comprensible y apropiármelo; y además aprendo de tal modo condiciones y procesos psicológicos que antes estaban velados en símbolos y sustraídos a mi inteligencia. Así alcanzo también la posibilidad de recorrer un camino similar y hacer una similar experiencia y, si hubiera todavía al final tras de ello algo metafísico irrepresentable, tendría la mejor ocasión de manifestarlo. Mi admiración de los grandes filósofos orientales es tan indubitable, como irreverente mi posición hacia su metafísica (19). En efecto, sospecho que son psicólogos simbólicos, a los que no se le podría hacer mayor injusticia que tomarlos literalmente. Si en verdad fuera metafísica lo que ellos dan a entender, querer comprenderlos sería inútil. Si, empero, es psicología, podemos  comprenderlos, y obtendremos grandísimo provecho pues entonces lo llamado metafísico se torna experimentable. Si acepto que un dios sea absoluto, y más allá de toda experiencia humana, ese dios me deja frío. No obro sobre él, y tampoco él sobre mí. Si, en cambio, sé que un dios es una poderosa actividad de mi alma, debo entonces ocuparme de él pues puede hacerse hasta desagradablemente importante, incluso en la práctica, cosa que suena enormemente trivial como todo lo que aparece en la esfera de la realidad. La injuriosa palabra "psicologismo" toca sólo a los tontos que opinan que tienen su alma en el bolsillo. En verdad hay de ésos más que suficientes, puesto que la desvalorización de las cosas místicas es un prejuicio típicamente occidental, pese a todas las grandes frases que se suelen hacer sobre el "alma". Cuando uso el concepto "complejo anímico autónomo", está ya también entre mi público presto el prejuicio: "nada más que un complejo anímico". ¿De dónde se está tan seguro de que el alma sea "nada más qué"? Es como si no se supiera absolutamente nada, o se olvidara siempre de nuevo que todo lo que se nos hace consciente es imagen, e imagen es alma. La misma gente que opina que Dios es despreciado si se le comprende como lo movido y lo motor del alma, justamente como "complejo autónomo", puede ser visitada por invencibles afectos y estados neuróticos donde fallan de manera deplorable sus voluntades y su entera sabiduría de la vida. ¿Ha testimoniado con ello acaso el alma su impotencia? ¿Debe reprocharse también a Meister Eckhart de "psicologismo" cuando dice: "Dios debe nacer continuamente en el alma"? De psicologismo, según mi opinión, se tiene el derecho de reprochar sólo a un intelecto que niega la naturaleza genuina del complejo autónomo y lo quiere explicar racionalmente como consecuencia de hechos conocidos, esto es, como impropio. Ese juicio es exactamente tan arrogante como la afirmación "metafísica" que, por encima y lejos de los límites del hombre, intenta confiar a una deidad no experimentable la producción de nuestros estados anímicos. El psicologismo es simplemente la contraparte de la actitud usurpadora de la metafísica, y exactamente tan infantil como la última. Me parece, entonces, que es esencialmente más razonable conceder al alma la misma validez que al mundo experimentable, y admitir que la primera tiene tanta "realidad" como el último. Para mí, en efecto, el alma es un mundo en el que está contenido el yo. Quizás haya también peces que crean contener en sí al mar. Pero para considerar desde un punto de vista psicológico lo metafísico, debemos antes eliminar en nosotros esa generalizada ilusión.


Una afirmación metafísica de esa índole es la idea del "cuerpo diamantino", del cuerpo-hálito imputrescible, que nace en la Flor de Oro, o en el espacio de la pulgada cuadrada . Este cuerpo es el símbolo de un notable hecho psicológico que, justamente porque es objetivo, aparece primero proyectado en formas proporcionadas por las experiencias de la vida biológica, esto es, como fruto, embrión, niño, cuerpo viviente, etc. Se puede expresar este hecho, de la manera más simple con las palabras: no vivo yo, me vive. La ilusión de superioridad de la conciencia, cree: yo vivo. Si esa ilusión se desplomara a causa del reconocimiento de lo inconsciente, lo inconsciente aparece como algo objetivo en el que está engastado el yo. Acaso la actitud frente a lo inconsciente sea análoga al sentimiento del hombre primitivo a quien un hijo garantiza la continuidad vital; un sentimiento muy peculiar, que puede hasta adoptar formas grotescas, como en el caso del viejo negro que, indignado por su hijo indócil, exclamó: "Ahí está, con mi cuerpo, y ni me obedece".


Se trata de una modificación del sentimiento interno, similar a la que experimenta un padre a quien le nace un hijo; una modificación que nos es también conocida a través de la confesión del apóstol Pablo: "Pues ahora no vivo, sino Cristo vive en mí". El símbolo "Cristo" es, como "Hijo del Hombre", una análoga experiencia psíquica de una esencia espiritual superior en figura humana, que nace invisiblemente en el individuo, un cuerpo neumático que nos servirá de alojamiento futuro, al que se puede poner como un vestido ("que os habéis puesto a Cristo"). Naturalmente, es siempre cosa dudosa expresar en lenguaje conceptual, intelectual, sentimientos sutiles que son por cierto infinitamente importantes para la vida y el bienestar del individuo. En cierto sentido es el sentimiento del "ser sustituido", pero en verdad sin la adición del "ser destituído". Es como si la conducción de los asuntos de la vida fuera pasada a un lugar central invisible. La metáfora de Nietzsche, "libre en la absoluta necesidad más amorosa" no habría de estar totalmente fuera de lugar aquí. El lenguaje religioso es rico en expresiones plásticas que describen ese sentimiento de la libre  dependencia, de la calma y de la devoción.


En esta notable experiencia percibo un fenómeno resultante del desligamiento de la conciencia, en virtud del cual el "yo vivo" subjetivo pasa a un objetivo "me vive". Tal estado es experimentado como más elevado que el anterior, como si en realidad fuera una especie de liberarse de la compulsión e imposible responsabilidad que son la consecuencia inevitable de la participation mystique. Este sentimiento de liberación, que colmó plenamente a Pablo, es la conciencia de la filiación divina, que redime del hechizo de la sangre. Es también un sentimiento de reconciliación con lo que acontece en general, por cuya razón la mirada del Consumado, en el Hui Ming King, retorna a la belleza de la naturaleza.



En el símbolo paulino de Cristo se tocan la experiencia religiosa más alta de Occidente y Oriente. Cristo, el héroe cargado de dolores, y la Flor de Oro, que se abre en la sala purpúrea de la ciudad de jade: ¡qué oposición, qué diferencia inimaginable, qué abismo histórico! Un problema apropiado para obra maestra de un psicólogo del futuro.



Junto a los grandes problemas religiosos del presente hay uno pequeñísimo: el del progreso del espíritu religioso. Si de ello se hablara, debería destacarse la diferencia que existe entre Este y Oeste en punto a la manera de tratar a la "joya", es decir, el símbolo central. El Occidente acentúa la encarnación, y hasta la persona y la historicidad del Cristo; el Oriente dice, en cambio: "Sin nacimiento, sin desaparición, sin pasado, sin futuro". Correspondiendo a su concepción, se subordina el cristiano a la superior persona divina, en expectativa de su gracia; el hombre oriental sabe en cambio que la redención reposa sobre la obra que uno hace sobre sí mismo. Del individuo crece Tao íntegro. La imitatio Christi a la larga tendrá la desventaja de que veneremos a un hombre como modelo divino que encarna el más alto sentido y, por pura imitación, olvidemos realizar el propio más alto sentido. En efecto, no es del todo incómodo renunciar al propio sentido. Si Jesús lo hubiese hecho, habría llegado a ser un carpintero honorable y no un rebelde religioso a quien hoy, naturalmente, le ocurriría lo mismo que entonces. La imitación fácilmente puede también comprenderse con mayor profundidad, esto es, como obligación de realizar la mejor convicción, que es siempre también la expresión más plena del temperamento individual, con tal coraje y tal sacrificio final como lo ha hecho Jesús. Por fortuna, no todos tiene la misión de ser un maestro de la humanidad -o un gran rebelde. En consecuencia, cada uno puede a la postre realizarse a su manera. Esta gran honestidad podría quizás llegar a ser un ideal. Dado que las grandes novedades comienzan siempre en el rincón más improbable, el hecho de que hoy el hombre no se avergüenza de su desnudez tanto como antes pudiera significar, por ejemplo, que está empezando a reconocerse tal como es. De ello se seguirán todavía ulteriores reconocimientos de cosas que antes eran tabú riguroso, pues la realidad de la tierra no quedará velada eternamente como las virgines velandae de Tertuliano. La autorrevelación moral sólo significa un paso más en la misma dirección, y ya está uno en la realidad, como es, y como se confiesa a sí mismo que es. Si lo hace sin sentido, es un tanto caótico; pero si comprende el sentido de lo que hace, puede ser un hombre superior que, a pesar del sufrimiento, realiza el símbolo de Cristo. Se ve a menudo, en efecto, que tabúes puramente concretos o ritos mágicos en una etapa primitiva de una religión, llegan a ser, en la próxima, un asunto anímico o símbolos puramente espirituales. En el curso del desarrollo, la ley externa puede devenir convicción interna. Así, fácilmente podría acontecerle al hombre protestante que la persona de Jesús, existente externamente en el espacio histórico, pudiese llegar a ser el hombre superior en él mismo. Con ello se alcanzaría a la manera europea ese estado psicológico que, en la concepción oriental, corresponde al del Iluminado.


Todo eso es una etapa en el proceso de desarrollo de una más alta conciencia humana, que se halla en camino hacia metas desconocidas, y no metafísica en el sentido vulgar. Ante todo y en tal medida, es sólo "psicología", pero también en la medida en que es experimentable, comprensible y -gracias a Dios- real, es una realidad con la que algo se puede hacer, una realidad con posibilidades y por lo tanto viviente.  El que yo me ciña a lo psíquicamente experimentable y rechace lo metafísico, no implica, como comprenderá todo el que posea penetración, gesto alguno de escepticismo o agnosticismo enconados contra la fe o la confianza en poderes superiores, sino que significa más o menos lo mismo que daba a entender Kant cuando llamó a la cosa en sí un "concepto limítrofe únicamente negativo". Debería evitarse toda afirmación sobre lo trascendental, pues sólo es, siempre, una ridícula presunción del espíritu humano, inconsciente de sus limitaciones. Por eso, cuando se califica a Dios o a Tao como una conmoción o un estado del alma, con ello sólo se afirma algo sobre lo cognoscible y no sobre lo incognoscible. De lo último nada puede decirse.





EPÍLOGO

El objetivo de mi comentario es el intento de echar un puente de inteligencia anímica, interna, entre Occidente y Oriente. La base de todo entendimiento real es el hombre y, por eso, tuve que hablar de cosas humanas. Quiera eso disculpar que me haya yo ocupado de lo general y no de lo especialmente técnico. Las instrucciones técnicas son valiosas para quienes saben qué es un aparato fotográfico o un motor a gasolina; no tienen sin embargo sentido para quien no tenga noción alguna de tales aparatos. En tal situación, empero, se halla el hombre occidental, para quien escribo. Por eso me pareció que ante todo importaba destacar la concordancia entre los estados psíquicos y la simbólica, pues mediante esas analogías se abre un acceso a los aposentos interiores del espíritu oriental, un acceso que exige el sacrificio de nuestra singularidad y no nos amenaza con el desarraigo. Pero tampoco es un telescopio o microscopio intelectuales que permita una perspectiva que, en el fondo, no nos concierna porque no nos conmueve. Es más bien la atmósfera, común a todos los hombres de cultura, del sufrir, buscar y esforzarse, es el experimento enorme, impuesto a la humanidad por la naturaleza del llegar a ser consciente, lo que une como misión común a las culturas más separadas. La conciencia occidental no es sin más ni más, bajo ninguna circunstancia, la ciencia. Más bien es una magnitud históricamente condicionada y geográficamente limitada, que representa sólo a una parte de la humanidad. El ensanchamiento de nuestra conciencia no debe marchar a costa de otras clases de conciencia sino que debe tener lugar mediante el desarrollo de aquellos elementos de nuestra psique que sean análogos a las cualidades de la psique foránea, así como el Oriente tampoco puede abstenerse de nuestra técnica, ciencia e industria. La invasión europea del Este fue un acto de violencia en gran estilo. Nos ha dejado -noblesse oblige- la obligación de comprender el espíritu del Este. Ello nos es quizás más necesario de lo que presentimos actualmente.


Carl G. Yung

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