domingo, 4 de noviembre de 2012

Como se adquiere el Conocimiento de los mundos superiores (I)



PRÓLOGOS

PROLOGO CONDENSADO DE LA ÚLTIMA EDICIÓN DEL AUTOR (1918)

... A esta edición agregué un apéndice en el que me esforcé en exponer, con mayor lucidez que antes, los fundamentos anímicos en que se apoyan las orientaciones de este libro, para que puedan acogerse sin malas interpretaciones.

Creo que el contenido de este apéndice es también apropiado para evidenciar a quienes se oponen a la Ciencia Espiritual Antroposofía, que su punto de vista se apoya en una falsa concepción de su naturaleza; ellos no saben en realidad lo que ella es.

PROLOGO CONDENSADO DE LA SEXTA EDICIÓN (1914)

Al escribir los estudios que integran este libro, tuve que tratar gran parte de su contenido de manera distinta a como lo haría hoy. En aquel entonces tuve que aludir al contenido de lo que sobre los hechos del conocimiento de los mundos espirituales he venido publicando durante los últimos diez años, en forma diferente a la que sería adecuada ahora. En mí "Ciencia Oculta".

"Dirección Espiritual del Hombre y de la Humanidad", "Camino hacia el Conocimiento de sí mismo" y, principalmente, en "El Umbral del Mundo Espiritual", así como también en otros de mis libros se describen procesos espirituales a cuya existencia el presente libro tuvo ya que aludir hace más de diez años valiéndose, sin embargo, de otros términos que los que hoy parecen indicados. En ese tiempo tuve que advertir que muchas cosas no descritas en el libro sólo podían entenderse por "transmisión oral". 

Actualmente ya está publicado mucho de lo que correspondía a tales indicaciones; pero supongo que han sido precisamente esas indicaciones las que dieron marco a las opiniones erróneas de los lectores. Podría, v. g., considerarse que la relación personal con este o aquel maestro del aspirante a la disciplina espiritual es mucho más esencial de lo que debe ser. En esta nueva edición espero haber logrado perfilar con mayor claridad, por la manera como describo ciertos detalles, que, para quien busca la disciplina oculta bajo las circunstancias espirituales del presente, importa mucho más un contacto inmediato con el mundo espiritual objetivo que una relación con la personalidad del maestro, actuando cada vez más como asesor. 

Este es el papel que incumbe al instructor en la disciplina espiritual, al igual que según las concepciones modernas, lo es en otros ramos del saber. Creo haber insistido suficientemente en que la autoridad del instructor y la fe en él, no debieran, en la disciplina espiritual, desempeñar papel distinto al de cualquier otro dominio del saber y de la vida...

PROLOGO CONDENSADO DE LA TERCERA EDICIÓN

El contenido de este libro sobre el desarrollo del alma humana, trata de enfocar diversos aspectos. Primeramente, es expresión del deseo se corresponder a quienes, sintiéndose atraídos por los resultados de la investigación espiritual, se plantean la pregunta:

.. ¿De dónde obtienen su saber quienes afirman poder referirse a los profundos arcanos de la vida? La Ciencia del Espíritu dice algo sobre tales enigmas. El que quiera observar los hechos que conducen a tales asertos, tiene que elevarse a un conocimiento suprasensible, y seguir el camino que este libro trata de describir.

Sin embargo, sería un error creer que las investigaciones de la Ciencia del Espíritu carecen de valor para quien no tenga la inclinación o la posibilidad de hollar ese camino. Para investigar los hechos se requiere la facultad de entrar en los mundos suprasensibles; Pero si se transmiten después de explorados, también aquellos que no hayan tenido percepción directa de ellos pueden llegar a una convicción suficiente de su autenticidad. Gran parte de las investigaciones que se hagan podrán demostrarse sometiéndolas simplemente y en forma imparcial al juicio sano. Advertimos que esta imparcialidad no debe ser enturbiada por prejuicios tan corrientes en la vida humana. Sucederá fácilmente, por ejemplo, que alguien piense que esto o aquello no es compatible con ciertos resultados científicos del presente.

En realidad, no existe resultado científico alguno que contradiga la investigación espiritual; en cambio, fácil es creer que este o aquel parecer científico no concuerda con las investigaciones de los mundos superiores, si los resultados científicos no se juzgan, unilateral e imparcialmente. Con actitud independiente se descubrirá que cuanto más imparcialmente se compare la ciencia del espíritu con las positivas conquistadas científicas, tanto más evidentemente se podrá reconocer el perfecto acuerdo entre ellas. No debo negar que hay una parte de esa investigación es de la ciencia espiritual que se substrae hasta cierto grado al juicio meramente intelectual. Más no será difícil encontrar la relación debida, aun respecto de esa parte, para quien comprenda que no solamente el intelecto, sino también el sentimiento sano, puede ser juez en la búsqueda de la verdad. 

Cuando tal sentimiento no se deja arrastrar por simpatías o antipatías por esta o aquella opinión, sino que real e imparcial mente deja que los conocimientos de los mundos suprasensibles actúen sobre él, nace un juicio basado en el sentimiento. Existen aún muchos otros caminos que comprueban la veracidad de lo que decimos a, aquellas personas que no pueden o no quieren hollar el sendero del mundo suprasensible. Esas personas pueden sentir, no obstante, el valor que tienen para la vida aquellos conocimientos, aun cuando sólo lleguen hasta ellos por loa relatos de los investigadores espirituales.

No todos los hombres pueden convertirse instantáneamente en videntes; pero los conocimientos del vidente son, para cualquiera, alimento apropiado y sano. Todos pueden aplicar aquellos conocimientos a la vida diaria, y quien lo haga no tardará en comprobar qué aspecto toma ella en todas sus esferas y cuan pobre es el vivir para el que se halla al margen de la inquietud espiritual. El conocimiento de los mundos suprasensibles, debidamente aplicado en la vida no es algo impráctico, sino efectivamente práctico en el sentido más amplio.

Aun Cuando el lector no pretenda recorrer por sí mismo el sendero del conocimiento superior, sí le interesan los hechos observados por otros puede llegar a preguntar: .. ¿De qué manera llega el vidente a estos hechos? A las personas que se planteen este interrogante, este libro va a darles idea de lo que se tiene que hacer para conocer en verdad el mundo suprasensible: describirá el camino hacia él en forma tal que logrará suscitar la confianza hacia quienes lo han recorrido.
 
También es posible, al observar la actividad del investigador espiritual, aprobarla diciéndose: la descripción del sendero de los mundos superiores me hace una impresión tal que puedo comprender por qué los hechos transmitidos me parecen razonables. Así, pues, este libro quiere servir a los que deseen robustecer y afirmar su sentido y sentimiento de la verdad frente al mundo suprasensible. Empero no quiere ofrecer nada menos a quienes buscan por sí mismos el camino hacia el conocimiento suprasensible, los únicos capaces de comprobar, por las propias experiencias vividas, la verdad de lo aquí expuesto.

Estos últimos harán bien en repetirse continuamente que, para asimilar la descripción del desarrollo del alma, se necesita algo más que la información de] contenido, a menudo suficiente en otros conocimientos. Se necesita familiarizarse íntimamente con la exposición del asunto, no tan sólo mediante lo que acerca de él se dice, sino también a través de estudios que atañen a tópicos muy distintos. Así se llegará a la idea de que lo esencial no descansa en una sala verdad, sino en la concordancia, de todas. El que quiera practicar los ejercicios, ha de tomar esto en cuenta muy seriamente.

Un ejercicio puede ser bien comprendido y aun correctamente ejecutado: no obstante, puedo causar un efecto indebido si el ejecutante no lo equilibra con otro ejercicio que compense la unilateralidad del primero y restablezca la armonía del alma. El que lea este libro con hondura, de modo que su lectura se convierta para él en vivencia interior, no sólo se familiarizará con su contenido, sino que vibrará con sentimiento distinto en cada experiencia y de este modo llegará a comprender el peso que tiene una u otra para el desarrollo de su alma.

También descubrirá en qué forma debe emprender este o aquel ejercicio, cuál de ellos conviene mejor a su individualidad particular. Cuando se trata, como aquí, de la descripción de procesos que han de ser vividos, resulta necesario volver siempre sobre su contenido, y así darse cuenta de que hay muchas cosas para cuya satisfactoria comprensión es necesario ensayarlas uno mismo. Después del intento se observan ciertos detalles que antes forzosamente escapaban a la percepción.

También los lectores que no pretendan seguir el camino trazado, encontrarán en este libro mucho que les será útil para su vida interior: reglas de conducta, indicaciones que aclararán lo que pudiera parecer enigmático, etc. Finalmente también aquellas personas con cierta experiencia, para quienes la vida ha servido en cierto sentido como una iniciación, podrán sentir satisfacción al encontrar dilucidado en conjunto lo que habían vislumbrado en rasgos inconexos; lo que ya sabían, sin haber llevado quizá este saber a una representación que les complaciera.

¿CÓMO SE ADQUIERE EL CONOCIMIENTO DE LOS MUNDOS SUPERIORES?  

CONDICIONES

En todo hombre duermen facultades que le permiten adquirir conocimientos de los mundos superiores. El místico, el gnóstico, el teósofo, siempre han hablado de un mundo anímico y de un mundo espiritual, tan reales para ellos como el que ven nuestros ojos físicos y toca nuestra mano. Al escucharlos puede uno decirse en cada momento a sí mismo: .. "Estas experiencias yo también puedo tenerlas si desarrollo ciertos poderes que hasta ahora duermen aún en mi".

El problema consiste en saber cómo empezar el desarrollo de estas facultades latentes, para lo cual sólo quienes las posean, ya pueden aconsejar o enseñar. Desde que existe el género humano ha existido siempre una disciplina mediante la cual loa hombres dotados de facultades superiores han impartido su enseñanza a quienes aspiraban tenerlas. Este entrenamiento se ha denominado disciplina oculta, esotérica, y la enseñanza recibida ha sido llamada enseñanza oculta, esotérica, o ciencia espiritual.

Tal denominación provoca, por su naturaleza, malas interpretaciones. Podría uno sentirse tentado a creer que los instructores de esta disciplina pretendían aparecer como una especie de hombre a privilegiados que arbitrariamente rehusaran comunicar su saber a sus semejantes. Y quizá se llegara a pensar que tras de ese saber no había nada de valioso, pues uno podía tender a imaginar que si se tratara de un auténtico conocimiento no habría necesidad de ocultarlo como un misterio, sino al contrario, podría hacerse público para que la humanidad entera se aprovechara de sus beneficios.

Los iniciados en la naturaleza de esta sabiduría superior, en modo alguno se asombran al oír hablar así a los no iniciados, pues sólo pueden comprender en qué consiste el misterio de la iniciación quienes, hasta cierto grado, la han experimentado en el conocimiento superior de la existencia.

La pregunta que naturalmente surge es: Si esto es así, .. ¿cómo suscitar en el no iniciado interés humano alguno hacia esa pretendida ciencia oculta? .. ¿Cómo y por qué habría de buscar algo cuya naturaleza no puede llegar a concebir? Semejante pregunta descansa en una idea completamente errónea de la verdadera naturaleza del conocimiento esotérico, pues en realidad no hay diferencia entre ese conocimiento y todo el que corresponda al saber y poder humanos. Este saber oculto no es para el hombre común un misterio mayor que
lo es la escritura para aquel que no la ha estudiado.

Y así como cualquier persona puede aprender a escribir sí emplea los métodos adecuados, así también todo hombre puede llegar a ser discípulo, y hasta maestro de la ciencia oculta, si busca los caminos apropiados. En un aspecto difieren aquí las condiciones de aquellas que corresponden al conocimiento externo y es: que la posibilidad de saber leer y escribir puede no estar al alcance de algunos por su pobreza material o por las condiciones del medio ambiente en que nacieron; en cambio para la adquisición del saber y de las facultades de los mundos superiores no hay obstáculo que se oponga a una busca sincera.

Muchos se imaginan que es necesario buscar en un lugar determinado a los maestros del conocimiento superior para recibir sus explicaciones. Al respecto dos cosas son ciertas: la primera es que quien aspire seriamente al saber superior, no escatimará esfuerzo alguno ni retrocederá ante ningún obstáculo para encontrar al maestro que le inicie en los misterios superiores del universo.

Por otra parte, el neófito puede estar seguro de que la iniciación saldrá a su encuentro de todas maneras, si late en él un esfuerzo serio y sincero para alcanzar el conocimiento; pues existe una ley natural entre todos los iniciados que les impide rechazar a cualquier hombre digno del conocimiento. Pero existe también otra ley, tan natural como la primera, que les prohíbe impartir la menor parte del conocimiento esotérico a quien carezca de méritos para recibirlo. Y un iniciado es tanto más perfecto cuanto más estrictamente observe estas dos leyes.

El círculo espiritual que une a todos los iniciados no pertenece al mundo exterior, pero esas dos leyes constituyen los broches de ese vínculo. .. "Podrías vivir en intima amistad con un iniciado, pero siempre existiría un abismo en relación con su ser esencial hasta convertirte también en iniciado; podrías poseer todo su corazón y su afectó, pero no te haría partícipe de sus conocimientos hasta que estuvieses maduro para recibirlos. Podrías adularlo, torturarlo; nada le inducirá a revelarte cosa alguna que no deba trasmitirte, ya que tu grado de evolución no te permite acoger en el alma, como es debido, este misterio".

Minuciosamente precisados háyanse los caminos que el hambre debe recorrer para adquirir la madurez que le permita recibir el conocimiento superior. El derrotero que ha de seguir ha sido trazado con caracteres indelebles, eternos, en loa mundos espirituales, donde loa iniciados guardan los misterios superiores. En los tiempos antiguos que precedieron a nuestra "historia", los templos del Espíritu eran exteriormente visibles.

Hoy día, por haberse distanciado tanto nuestra vida de lo espiritual, estos templos no son accesibles a los ojos materiales, si bien existen, por doquiera espiritualmente y aquel que los busque podrá encontrarlos. Sólo en su propia alma hallará el hombre los medios para que se abran los labios de un iniciado; si desarrolla en sí mismo determinadas cualidades hasta cierto grado de elevación pasarán a ser suyos los sublimes tesoros del espíritu.

Condición previa es cierta disposición fundamental del alma, denominada en la ciencia espiritual el sendero de la veneración, de la devoción hacia la verdad y al conocimiento. Sólo aquel que tenga esa disposición fundamental puede llegar a ser discípulo de la ciencia oculta. Quien tenga experiencia en ese dominio sabe qué disposiciones se observan, desde la infancia, en aquellos que más adelante llegarán a ser discípulos.

Existen niños que contemplan con temor reverencial a ciertas personas. Sienten por ellas un respeto profundamente arraigado en su corazón, que les imposibilita todo pensamiento rudimentario de crítica u oposición. Tales niños, al llegar a la adolescencia, se sienten felices al levantar sus ojos hacia algo digno de veneración.

De las filas de niños semejantes salen muchos discípulos de la ciencia oculta. 

 .. “¿Te has detenido alguna vea ante la puerta de una persona a quien veneras, y has sentido en esta tu primera visita, algo como un temor reverencial al mover el pestillo para, entrar en el cuarto que para ti es un santuario?

.. En este caso has experimentado un sentimiento que puede ser el germen para tu futuro discipulado en la ciencia oculta". Es una bendición para todo ser humano en proceso de desarrollo una disposición de esa índole, y no se crea que facilite la tendencia hacia la sumisión o la esclavitud. La devoción al principio manifiesta con respecto a personas, se transforma al trasponer la infancia, en devoción hacia la verdad y el conocimiento. La experiencia patentiza que los hombres de cabeza erguida son aquellos que han aprendido a venerar donde la veneración se justifica y ella siempre está indicada cuando surge de las profundidades del corazón humano.

Si no cultivamos en nuestro interior un arraigado sentimiento de que existe algo por encima de nosotros, nunca encontraremos el poder de desarrollarnos hacia el nivel superior. El iniciado ha conquistado la capacidad de levantar la cabeza hacia las cumbres del conocimiento, al conducir su corazón hacia las profundidades de la veneración y de la devoción. Las cimas espirituales no se pueden alcanzar sino a través del portal de la humildad.

.. "Sólo puedes llegar a un verdadero conocimiento si has aprendido a apreciarlo", Y si bien es cierto que el hombre tiene derecho a ver la luz frente a frente, este derecho ha de adquirirse. En la vida espiritual existen leyes como en la vida material: si frotamos una varilla de vidrio con una substancia adecuada, aquélla se electriza, es decir, logra el poder de atraer objetos pequeños. Este fenómeno corresponde a una ley natural asaz conocida por todo aquel que tenga nociones de física. De la misma manera se sabe, si se conocen loa elementos de la ciencia oculta, que todo sentimiento de verdadera devoción cultivado en el alma desarrolla una fuerza que, tarde o temprano, hará adelantar al hombre por el sendero del conocimiento,

Quien se halle dotado de este sentimiento de devoción o tenga la fortuna de que una educación apropiada se lo haya inculcado, se encontrará en posesión de un valioso caudal cuando más tarde busque acceso a los conocimientos superiores. En cambio, el que no aporte esta preparación, encontrará dificultades desde sus primeros pasos en el sendero del conocimiento, salvo que se preocupe por desarrollar en sí mismo esta actitud devota imponiéndose una rigurosa autoeducación. Hoy día es particularmente importante prestar completa, atención a este punto. Nuestra civilización tiende más bien a criticar, juzgar y condenar, que a admirar y venerar altruistamente; hasta nuestros hijos, critican mucho más que veneran.

Empero, toda crítica, todo juicio desfavorable, expulsa del alma las fuerzas que le permiten llegar al conocimiento superior, en el mismo grado en que la veneración desinteresada las desarrolla. Al decir esto no queremos acusar a nuestra civilización; no se trata aquí de criticarla. Debemos la grandeza de nuestra cultura precisamente a la crítica, al juicio humano autoconsciente y a la costumbre de escudriñar todo y retener lo bueno. Jamás el hombre hubiera alcanzado la ciencia, la industria, los transportes y la legislación de nuestra época, si no hubiera aplicado por doquiera el patrón de su juicio crítico. Mas lo que hemos ganado así en el dominio de la cultura externa, tuvimos que pagarlo con una merma correspondiente del conocimiento superior y de la vida espiritual. Hemos de insistir en que en el saber superior no se trata de la veneración a personas, sino a la verdad y al conocimiento.

Sin embargo, hay una cosa que ha de ser tenida en cuenta; al hombre sumergido por completo en la civilización materialista contemporánea le es muy difícil avanzar en el conocimiento de los mundos superiores: sólo lo logrará trabajando intensamente sobre sí mismo.

En los tiempos en que las condiciones de la vida material eran sencillas, el progreso espiritual era más fácil de lograr. Lo venerable y lo digno de adoración se destacaban mejor de las demás cosas del mundo. En nuestra época de crítica, los ideales pierden categoría; otros sentimientos ocupan el lugar del respeto, da la veneración, de la adoración y de la admiración.

Nuestra época rechaza cada vez más estos sentimientos y solamente en un grado muy reducido pueden ser cultivados en el hombre a través de su vida cotidiana. El que busque el conocimiento superior deberá crear esos sentimientos en sí mismo, instilarlos en su alma, no por medio del estudio, sino a través de la vida.

Quien quiera, por lo tanto, llegar al discipulado, deberá desarrollar, por una autoeducación rigurosa, una vida interna de devoción; buscar en el medio ambiente, o en sus propias experiencias, todo cuanto pueda suscitarle sentimientos de admiración o reverencia. Si al encontrarme con una persona la reprendo por sus debilidades, me despojo de mi poder cognoscitivo superior, en tanto que si trato de penetrar con afecto en sus buenas cualidades, aumento ese poder. El discípulo debe estar siempre atento a observar estas instrucciones.

Los investigadores espirituales experimentados saben cuánta energía deben a la actitud de considerar siempre el lado bueno de todas las cosas, rechazando todo juicio desfavorable, actitud que no se circunscribe a reglas externas de conducta, sino al contrario, satura hasta lo más intimo de nuestra alma. El poder que tiene el hombre de perfeccionarse y transformarse completamente con el tiempo debe consumarse en su vida más intima, en su vida cogitativa: no basta con demostrar respeto en mi actitud exterior; el respeto debe saturar mis pensamientos.

El discípulo ha de comenzar, pues, por otorgar a la devoción un lugar en su vida cogitativa, estar siempre alerta contra todo sentimiento de menosprecio o denigración que pueda existir en su conciencia, y esforzarse especialmente en el cultivo de pensamientos devotos. Cada momento en que nos disponemos a pasar revista de lo que nuestra conciencia contiene de juicios desfavorables, denigrantes o críticos con respecto al mundo y a la vida: cada uno de esos momentos nos aproxima al conocimiento superior. Y rápidamente avanzamos si en tales ocasiones henchimos nuestra conciencia tan sólo de pensamientos de admiración, de estima y de veneración hacia el mundo y la vida.

Los versados en estas materias saben que en tales instantes se despiertan en el hombre poderes que, de lo contrario, permanecerían latentes, y que así se abren los ojos espirituales del hombre; que así empieza él a percibir cosas en torno suyo que antes no veía; así comienza a darse cuenta de que anteriormente sólo había entrado en relación con una parte del mundo circundante. Toda persona que sale a un encuentro le presenta un aspecto completamente nuevo.

Naturalmente que esta regla de conducta no basta para que él pueda, percibir, por ejemplo, el aura humana: necesita de una disciplina más elevada; pero el paso anterior para elevarse precisamente hasta ella es la rigurosa disciplina de la devoción.

Sin ruido, inadvertido por el mundo exterior, se lleva a cabo la entrada del discípulo en el "sendero del conocimiento". Ningún cambio se observa en él; cumple sus deberes como antes y sigue ocupándose de sus quehaceres como siempre. La transformación tiene lugar solamente en los repliegues de su alma, a resguardo de toda mirada. Al principio, la disposición, básica de devoción a todo lo verdaderamente venerable impregna su vida interior y de ella irradia. 

Esta disposición constituye el centro de toda su vida psíquica. Así como el sol vivifica con sus rayos todo lo viviente, de igual modo la veneración vivifica el alma del discípulo,

En el primer momento no es fácil creer que sentimientos tales como la veneración, el respeto, etc., tengan algo que ver con la cognición. Esto se debe al hecho de considerar la cognición como una facultad en sí, sin relación con los demás aspectos que integran la vida interior. Creyéndolo así no se tiene en cuenta que es el alma la que ejercita la facultad cognoscitiva, y que los sentimientos son para ella lo que los alimentos para el cuerpo. Este cesaría en su actividad si le diéramos piedras en vez de pan; lo mismo ocurre con el alma.

Las substancias nutritivas que la hacen sana y vigorosa, vigorosa sobre todo para la actividad cognoscitiva, son la veneración, la estima, la devoción. El desdén, la antipatía, el menosprecio frente a lo digno de respeto, dan por resultado la paralización y el marchitamiento de la actividad cognoscitiva. Para el investigador espiritual este hecho se hace visible en el aura humana. Un alma que asimila sentimientos de veneración y devoción provoca un cambio en su aura.

Ciertos colores espirituales que pueden llamarse tonalidades de matiz rojo amarillento o rojo café, desaparecen y son reemplazados por otros rojo azulados.

Así se acrecienta el poder cognoscitivo y este se torna receptivo para hechos del
medio circundante de los que antes no se tenía noción. La veneración despierta en el alma una fuerza simpática mediante la cual atraemos cualidades de los seres que nos rodean, cualidades que, de lo contrario, permanecerían ocultas.

Lo que puede alcanzarse por la devoción se vuelve aun más efectivo si se enriquece con otro nuevo sentimiento: aprender a entregarse cada vez menos a las impresiones del mundo exterior y desarrollar, en cambio, una vida interior activa. El que siempre ande a caza de nuevas sensaciones, siempre en busca de "atractivos", no encontrara el camino de la ciencia oculta. El discípulo no deberá insensibilizarse a las impresiones del mundo externo, sino hacerse receptivo a ellas guiado por el caudal de su vida interior.

La persona dotada de una gran sensibilidad tiene una experiencia distinta de la que afecta a un hombre insensible al atravesar una hermosa región montañosa. Solo nuestras experiencias internas nos develan las bellezas del mundo externo. Por ejemplo, una persona hace un viaje por mar y pocas experiencias internas se deslizan en su alma; en cambio, otra percibirá el lenguaje eterno del Espíritu cósmico y se descorrerá ante ella el velo que cubre los misterios de la creación.

Es necesario mantener el contacto con nuestros propios sentimientos y representaciones para poder establecer autenticas relaciones con el mundo externo. Este rebosa de esplendor divino en todos sus fenómenos, pero es necesario haber experimentado antes lo divino en la propia alma para descubrirlo en el mundo circundante.

El discípulo deberá reservar momentos de su vida para ensimismarse en la calma y la soledad. No se dedicara entonces a los asuntos de su propio yo, pues esto produciría efectos contraproducentes a los deseados. Dejara más bien que en estos momentos persistan las experiencias y mensajes del mundo externo, y toda flor, todo animal, toda acción le revelaran, en el silencio, insospechados secretos. De esta manera se preparara para recibir, con ojos totalmente distintos, nuevas impresiones del mundo exterior.

Quien solo quiere gozar del desfile interrumpido de las sensaciones, embota su poder cognoscitivo; pero si después del goce permite que este le revele algo, fomenta y educa su poder cognoscitivo. Por tanto, el discípulo, además de dejar que el goce reverbere, por decirlo así, en él, debe acostumbrarse a renunciar a nuevos placeres para dedicarse a elaborar, en actividad interior, lo gozado. Aquí deberá el discípulo superar un grave y peligroso escollo: el que en vez de trabajar realmente sobre sí mismo, caiga en la antítesis de querer a la postre agotar el goce.

Conviene no desestimar las inmensas fuentes de error que se abren aquí pues el camino del discípulo va por entre una hueste de tentadores de su alma que tienden a endurecer su yo, aprisionarlo en sí mismo, en lugar de que precisamente se abra al mundo. Tiene que buscar el goce, puesto que solo por su medio puede acercársele el mundo exterior, considerando que si se insensibiliza para con el goce, viene a ser como una planta que se encontrara imposibilitada de extraer de la tierra los zumos nutritivos; que si se detiene en él, se encierra dentro de sí, en cuyo caso será algo para sí mismo y nada para el mundo.

Por intensos que sean su vida interior y el cultivo de su yo, el mundo lo rechaza; esta muerto para él. El discípulo considera el goce solo como instrumento de propio ennoblecimiento para bien del mundo. El goce es para él como un mensajero que lo informa respecto del mundo, y después de haber recibido sus enseñanzas, sigue adelante, hacia el trabajo. No aprende para acumular conocimientos como si fueran su tesoro personal, sino para dedicarlo aprendido al servicio del mundo.

En toda ciencia oculta existe un principio que nadie debe, transgredir si quiere alcanzar un objetivo cualquiera. Cualquiera disciplina oculta debe grabar en el discípulo este principio: Todo conocimiento que busques meramente para enriquecer tu propio saber y para acumular tesoros personales, te desviará del sendero; pero todo conocimiento que busques para madurar en la tarea del ennoblecimiento humano y de la evolución cósmica, te hará adelantar un paso más.

Esta ley requiere una observancia inexorable. Nadie puede considerarse, discípulo antes de haber hecho de esta regla la pauta de su vida. Brevemente puede sintetizarse esta verdad de la disciplina espiritual como sigue: Toda idea

Rudolph Steiner

Voceros Seudo-iniciáticos



Son tan altos los árboles de la linde que no dejan ver el bosque
(Dicho Popular)


Mientras vive un Maestro Iniciático, generalmente, suelen surgir pocas disidencias de parte de sus discípulos; pero otra cosa muy distinta sucede cuando el susodicho tiene que traspasar el Velo hacia el Oriente Eterno.

Todos los seres humanos, sin excepciones, hemos venido a este Mundo con un cierto Destino prefijado. Hemos venido para realizar algo determinado aunque no tengamos memoria de ello; pero hay unos pocos, cada vez más, que parece que hubiesen nacido para ser los voceros charlatanes de sus antecesores.

En otras ocasiones los voceros surgen incluso en vida del Maestro que trajo la información del otro lado a éste mundo. En estas ocasiones se suele ofrecer la información como de segunda mano haciéndose eco, o no, del auténtico descubridor del Misterio. Chungo quedaría que se cobrase por ello y en estos casos se ofrece, la información iniciática, sin mayor coste que el sobrevenido por su necesaria impresión y distribución. Faltaría más.

Debemos ser conscientes que nuestra búsqueda no consiste en encontrar a un Gurú o Maestro externo que nos ofrezca una filosofía de vida que nos permita vivir, el resto de nuestros días, con una cierta ilusión. Todos hemos venido a este Mundo con un Maestro Interno que tienen que despertar y lo hará con la ayuda proporcionada por esos supuestos Gurús y Maestros con las llaves que nos mostrarán. Si no son capaces de mostrarnos al maestro interior o es que se trata de falsos maestros o que no nos encontramos preparados para ese despertar.

El problema consiste en que pudiésemos convertirnos, nosotros mismos, en voceros de dichos maestros sin aportar nada particular a sus enseñanzas; pero que sin embargo nos vayamos alimentando, explícitamente, con las diversas versiones tipográficas del original trabajo del Maestro, que pudiésemos ir publicando con mayor o menor filantropía. Vamos, con determinado grado de hipocresía.

Hasta el presente nadie había hablado de esto así de claro, dado lo políticamente incorrecto del asunto; pero va siendo hora de que todos y cada uno de nosotros abramos bien los ojos, porque, Amigos, existen muchos lobos con piel de cordero que requieren de nosotros nuestro dinero, primero, para ir subsistiendo a nuestra costa y de poder psíquico, después, para sustentar sus groseros egos.

Cuando Rudolph Steiner publicara su Ciencia Oculta, ya Max Heindel se había adelantado en publicar su Concepto Rosacruz del Cosmos, donde hablaba de un supuesto Maestro Rosacruz y del que no proporcionaba nombre alguno. Como hemos podido ir comprobando, en trabajos y artículos anteriores, el Concepto Rosacruz del Cosmos es una buena copia, más entendible si cabe, que la Ciencia Oculta de Steiner; pero en esencia es la misma cosa. La información que supone el magnífico texto del Iniciado afincado en Estados Unidos de Norteamérica fue obtenida, según el propio Heindel, mediante un Hermano de la Rosacruz en la propia Alemania. Dicho esto, cabe decir también, que la economía de Heindel, en aquella época, no era nada boyante y aún así pudo realizar la travesía marítima que le llevó hasta Alemania gracias al préstamo monetario de un amigo filántropo. Debemos recordar que Max Heindel era Teósofo y se encontraba bien relacionado con el ambiente franc-masón de su época. Justo cuando Max Heindel realizó su viaje iniciático al país Germano, Rudolph Steiner estaba impartiendo sus famosas conferencias sobre la Teosofía de los Rosacruces. El Maestro Alemán le proporcionó, de modo altruista, un borrador de su Ciencia Oculta, aún inédita, suponemos que, con la mejor intención del mundo, para la formación rosicruciana de su discípulo.

Tras regresar a Estados Unidos, Max Heindel se dispuso a traducir la Obra de su Maestro, estudiarla y hacerla un poco más didáctica e inteligible gracias, entre otras cosas, a la cantidad de ilustraciones que incorporó. Fruto de tan arduo trabajo surgió el que sería uno de los textos rosicrucianos por excelencia: El Concepto Rosacruz del Cosmos. Al parecer, cuando Steiner se enteró de lo ocurrido, tras haber recibido una copia dedicada por Max Heindel, le sentó a cuerno quemado -intenten ponerse en su lugar- y rompió las peras con su anteriormente querido amigo Americano.

Tras la Primera Edición, como vimos dedicada a su supuesto Maestro Steiner, de las siguientes fueron eliminadas dicha dedicatoria y la Obra quedó tal y como en la actualidad se conoce. Unas enseñanzas rosacruces entregadas a Max Heindel para su difusión Universal de parte de un miembro de la Orden Rosacruz. De algún modo, Max Heindel se había convertido en el Vocero, en vida, de Rudolph Steiner, primero en los Estados Unidos de Norte América y después en todo el mundo. Al parecer Max Heindel nunca habría recibido de Rudolph Steiner la licencia necesaria para poder publicar su Ciencia Oculta y mucho menos crear una Fraternidad con el nombre de Rosacruz; pero así sucedieron las cosas. Creemos, de corazón, que Rudolph Steiner con su buen corazón pecó de ingenuo.

Como de todo lo malo siempre suele salir algo bueno; podríamos decir que El Concepto Rosacruz del Cosmos siempre se ha intentado distribuir al precio de coste más bajo posible, dado que, según palabras textuales de Max Heindel, de balde lo recibisteis de balde lo daréis y nunca más cierto que en ese caso concreto. Poco después el propio Maestro Alemán publicaría su más sexuda e incomprensible Ciencia Oculta; pero, en la Historia, siempre se encontraría en primer lugar la Obra de Max Heindel que la del propio Creador. Era otra época y donde las distancias eran enormes. Hoy, quizá, hubiese supuesto un litigio judicial a nivel internacional y que, con mucha probabilidad, hubiese ganado el verdadero Creador de la Obra.

Cuando Doña Augusta Fox se emparejó con Max Heindel, toda la Teosofía Rosacruciana quedaría empapada de astrología dado que Augustha era una experta astróloga profesional. El Mensaje de las estrellas, obra de la Fraternidad Rosacruz, podría decirse que fue más obra de ella que de su propio esposo aunque fuese firmado por aquél. A partir de entonces, la primitiva enseñanza rosicruciana de Rudolph Steiner quedaría envuelta de una aureola astrológica que nunca habría querido el Maestro Alemán para su Teosofía Rosacruz.

Dado que la Obra de Max Heindel se ha distribuido de forma presuntamente gratuita, dado que nunca ha exigido cuotas por la pertenencia a sus escuelas o por recibir sus enseñanzas, pareciera como que estuviese más expuesta a ser utilizada por un numeroso ejército de voceros de segunda y tercera generación. Algunos, con buen criterio, como en el caso del Lectorium Rosicrucianum, se fueron alejando de las enseñanzas astrológicas de Doña Augusta Fox de Heindel primero, para acercarse, con posterioridad, al verdadero espíritu de la original Obra Rosacruz de Rudolps Steiner.

Muchos miembros de esta Escuela, la Rosicruciam Fellowship, y otras parecidas, dado que no han sido capaces de encontrar a sus maestros interiores se han convertido en verdaderos voceros de las enseñanzas de sus supuestos maestros.

Más de veinte, cerca de la treintena, fueron los libros de Max Heindel que fueron publicados y que en realidad no se trata de otra cosa que recopilatorios de todas las conferencias que diera en el transcurso de su corta; pero prolífica carrera iniciática. Tras su muerte, Augusta Fox con mano de hierro retomó el trabajo de su marido y embadurnó, más si cabe, las enseñanzas rosacrucianas con sus natural influencia astrológica. Fue por aquella época cuando el Lectorium Rosicrucianum, abandonó dicha cadena iniciática para retomar la de Rudolph Steiner allá donde el Maestro Alemán la dejara tras su muerte. El Lectorium, para bien de todos los estudiantes rosacruces, fue abandonando, primero, el carácter astrológico de la escuela para tomar, después, el camino gnóstico maniqueo de los cátaros y que en la actualidad lo caracteriza.

Pero no es a esos bienintencionados voceros a los que nos estamos refiriendo sino a todos aquellos estudiantes de la Escuela de la Fraternidad de Max Heindel, que sin aportar nada propio de interés han venido auto publicando trabajos seudo-iniciáticos con el fin de ver a su ego complacido tras la publicación de una, dos, tres y múltiples obras basadas en el Trabajo de Max Heindel o de otros de sus discípulos. Esos voceros son los que con su vocerío no dejan ver el bosque de la verdadera Iniciación.  

Con mucha probabilidad, en este mundo de lo Iniciático, tan solo haya unas pocas obras impresas que merezcan la pena y que podrían ser consideradas como auténticas canalizaciones del Colegio Invisible, el resto no dejan de ser verdaderos plagios de ideas y fusilamientos de obras anteriores que, a pesar de lo que pudiera parecer en un principio, vienen a complicar todo este Mundo de lo Oculto, lo Esotérico, para desdicha de los verdaderos buscadores.

La mayor parte de esos voceros no aportan nada a la cadena iniciática porque en lugar de haberse ocupado en despertar a su maestro interno se han convertido en falsos discípulos de sus presuntos maestros externos. La Enseñanza Rosacruz no es una cuestión de memorizar los textos de los maestros que nos han precedido hasta ser capaces de contestar, a modo de papagayos, a todo aquello que nos pudieran consultar de modo que no hubiese diferencia alguna con aquellos que trajeron dicha Enseñanza Oculta hasta nuestro Plano. El verdadero Trabajo del Discípulo consiste en utilizar el Trabajo de los maestros externos a modo de escalera o llave que nos conduzca hacia una superior información, porque de eso se trata, no solo de la evolución del cuerpo humano sino también de su mente y de su propia alma. Aunque alguien piense lo contrario, no está todo inventado ni se conoce aún la esencia de las cosas, ni mucho menos se han respondido a todas las cuestiones esenciales que nos hacemos los seres humanos.

Los discípulos están, no para convertirse en voceros de sus supuestos maestros sino para continuar el trabajo de investigación donde aquellos lo dejaron; pero además, cuando un vocero iniciático bebe de las fuentes de otro vocero iniciático, resulta que su contenido es de todo menos iniciático. Esa supuesta enseñanza oculta se ha transformado en el pozo sin fondo del juego de la Oca y de donde no podremos salir si antes alguien no nos abre los ojos y nos ayuda a salir. Por favor, no nos infravaloremos tanto y seamos conscientes de que nosotros somos nuestros propios maestros y que el estudiarnos de memoria las enseñanzas proporcionadas por los eslabones anteriores de alguna supuesta cadena iniciática solo nos transforma en simples voceros de otros voceros anteriores. En estos casos, la mayoría, el supuesto contenido iniciático de dicha enseñanza transmitida queda malogrado y no sirve absolutamente para nada. Palabra.

Aralba